Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 49
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Capítulo 49

A BBI

Entro a clase como otros días y la gente me mira. Sobre todo Dorian, al lado de Idelia. Ella le dice algo que escuchamos todos:

—Mi padre dice que podríamos anunciar pronto nuestro compromiso. —Se me detiene el corazón; sé que Dorian no la quiere, o eso me ha dicho.

¡Odio dudar de todo! Lo miro mientras voy a mi sitio a la espera de que diga que no, pero solo la mira sin hacer nada. O sí hace algo. No le dice: «No me gustas».

Sabía que esto era así, pero eso hace que mi secreto se me atragante más en la garganta. Quiero decirle quién soy, quiero contarle todo, pero así no puedo.

A la hora de comer, el rumor de que Dorian e Idelia pronto van a hacer oficial lo suyo ha corrido como la pólvora y él no lo ha desmentido.

No ha hecho nada, tampoco me ha escrito tras confesarme ayer que está casi enamorado de mí.

Lo veo entrar en la cafetería, seguido, cómo no, de sus amigos.

Coge algo de comer. No me mira, pero parece tenso.

—Al final se casarán, como quieren sus padres —apunta Mina—. Al menos hacen buena pareja —dice sin saber lo que me duele eso.

—Yo no lo creo —añade Dafna—. Dorian no parece feliz con ella.

—Ya, claro, por eso se acuesta con ella siempre que puede. Se conocen desde niños. Siempre han sido amigos. Lo suyo estaba escrito desde antes de que supieran lo que era el amor.

Miro a Mina y me pregunto por qué de pronto parece tan defensora de Idelia. Dafna hace lo mismo y la miramos sin entender nada.

—¿Qué pasa? —dice Mina—. A veces no nos queda otra que jugar nuestras cartas y no son tan malos. Solo siguen tradiciones.

Esto no me gusta. No me gusta nada. Dafna se levanta y yo hago lo mismo.

—¡¿A dónde vais?! —dice Mina.

—Hemos perdido el apetito —le grita Dafna. Al salir me dice que quiere irse sola. La dejo ir. Creo que está asimilando que Mina seguramente se ha sumado al clan de los becados pelotas de Idelia.

A mí también me duele, no lo esperaba. ¿Lo sabrá Dorian? Claro que lo sabe, pero no me dice nada porque no confía en mí. Doy una vuelta por la universidad hasta la noche. No tengo nada de Dorian en mi móvil. No me dice que no crea los rumores. No dice nada.

Mina entra nerviosa y agitada en mi cuarto. Dafna la mira furiosa.

—¡Cómo puedes ser una de ellos! —le dice.

—¡No soy una de ellos, pero necesito el dinero, joder! Si juras que no sacarás buenas notas y firmas un contrato, las pruebas son menos jodidas.

—Pero te has rebajado —dice Dafna.

—¿Acaso no lo haces tú y todos por seguir en esta mierda de sitio por dinero? —Le suena el móvil—. Es Elias. Van a venir a por nosotras. Os interesa tenerme dentro. Así os puedo proteger.

No digo nada, ya no sé si creerla o no. Y menos hoy.

Miro el móvil a ver si Dorian sabe algo y me avisa. Que no lo haga me enfada. Se supone que estamos juntos. Se llame como se llame lo nuestro. Si fuera al revés, yo lo protegería. Yo le avisaría, yo le diría que todo lo que dice Idelia es mentira. ¡Joder!

Sé lo que me pasa: lo amo y el amor por él me hace débil. Me vuelve vulnerable y hace que pierda de vista mis objetivos.

Estoy enfadada mientras nos ponemos unas plantillas que compramos, que son de color piel, para así no lastimarnos los pies. Luego nos ponemos unos leggings calientes y arriba igual.

—Te van a llevar aparte, como siempre. —Mina y Dafna se cuidan la una a la otra siempre, pero yo no tengo esa opción.

—Marvin y Elias nos protegen..., pero a ti no pueden —añade Mina tras leer un mensaje—.

Me ha dicho Elias que nos preparemos, que va a ser una putada gorda y que van a tratar de ayudarnos.

Yo, si puedo, también lo haré. Estoy de vuestra parte —añade, pero dudo de sus palabras, ahora mismo estoy muy nerviosa por todo.

Las miro inquieta y de nuevo consulto mi móvil odiando la nada por parte de Dorian. Menos mal que no le he contado la verdad. Está claro que solo le intereso para follar.

«Creo que me estoy enamorando de ti...».

Mi mente lo repite una y otra vez mientras no comprendo cómo puedes amar a alguien a quien ves sufrir. A menos que me esté engañando. En el fondo siempre he sabido que lo nuestro tenía fecha de caducidad y que él era de ella...

Estoy celosa y los celos me están matando. Solo necesito una señal de que lo que siento es cosa de los dos.

Nos vamos a la cama inquietas. No puedo dormir. Estoy agitada porque tengo el presentimiento de que algo muy malo van a hacerme, y me descubro ya cansada de todo esto. Como si hubiera llegado a mi límite y no pudiera soportar más tanta tortura.

Me araño la piel por la ansiedad. Doy vueltas en la cama y cuando entran en mi cuarto a buscarme casi siento alivio porque al fin sabré qué esperan de mí.

Me sacan de la cama y, como siempre, nos ponen una capucha negra. Escucho mi respiración y un apretón.

—Soy Marvin. Te dejo algo en el bolsillo, ¿vale? —le digo vale en un susurro y mete algo en el pequeño bolsillo de mis leggings .

Estaba enfadada con él y, a pesar de todo, me está ayudando. Salimos fuera y se separa de mí. Andamos mucho y cada vez escucho menos gente. Solo oigo nuestros pasos y los sonidos nocturnos. Estamos en el bosque y hoy es noche sin luna.

Estoy aterrada y más cuando me empujan con fuerza contra el suelo y se marchan corriendo. Sin más, me quedo sola. Tiro de mi capucha y la oscuridad me rodea. No se ve nada.

El corazón se me agita. Las palmas me sudan.

No consigo tranquilizarme y recordar mi preparación para esto.

Y mientras trato de hacerlo pienso si él, Dorian, me ha vendido.

Sabía el miedo que me daba la oscuridad.

Y hoy se ha anunciado lo de Idelia y él, pero no me ha tranquilizado...

, cuando otras veces sí lo ha hecho. Entonces recuerdo la bolsa de agua caliente y me pregunto si miró y vio algo allí que me delató.

Su posible traición me duele y si no me ha traicionado, de alguna forma sí lo ha hecho al no avisarme de esto...

No le importo...