Capítulo 48
A BBI
Cuando vienen a mi cuarto ya estoy cambiada y lista para la aventura.
No dejo de pensar en las palabras de Dorian, que cree estar casi enamorado de mí y a pesar de eso no se pone de mi parte.
¿Qué esconde? Porque sé que oculta algo.
Su abuelo tiene algo contra él y si me lo contara tal vez yo podría explicárselo todo, sabiendo que podemos proteger los secretos del otro.
Pero no dice nada... y yo tampoco.
Salimos fuera y nos llevan a una zona de barro. No están los cuatro herederos. Solo sus pelotas, con la cara tapada, que nos dan órdenes de mover cosas y luego saltar. Tonterías que te agotan por el frío y la lluvia.
Estoy cansada, siento que no puedo más. Que quiero decir la verdad y acabar con todo.
Pero no lo hago porque estoy aquí por el hombre que me crio como un padre.
Mientras el frío me hiela los huesos, regreso al circo.
A los aplausos, el color, las luces. La magia.
Entonces veo a Dorian en mi mente mientras hacía magia para él y solo puedo verlo a él.
Al acabar estoy agotada. Dafna y yo vamos a nuestro cuarto abrazadas. De Mina no sabemos nada. No decimos palabra. No podemos. Nos están quebrando.
—Han despedido a mi padre —dice cuando entramos—. Si no aguanto, no tenemos nada.
—Puedes conseguir algo mejor en otra universidad.
—No, si pasas todas estas pruebas tienes trabajo seguro. Un buen trabajo. Y por mi padre tengo que hacerlo.
Rompe a llorar.
—Lo siento.
—¿Por qué dices eso?
—Siento que todo es por mi culpa.
—No seas tonta, no tienes la culpa de que estén medio locos y nadie haga nada.
Se va a su cuarto y yo al mío. Me doy una larga ducha y luego me meto en la cama bajo varias mantas. Cojo el móvil y veo un mensaje de Dorian:
Eros: He dejado algo en tu armario.
Me levanto y voy al armario. Abro y veo que es una bolsa de agua caliente. Miro el lugar donde está la puerta del doble fondo. Sigue todo igual, no ha visto nada. Si lo hubiera visto no reaccionaría así. Lo sé.
Cojo la bolsa y me la meto en la cama. Le escribo:
Abbi: Cuidado, que al final pensaré que estás loco por esta becada.
Eros: En tus mejores sueños. Descansa.
Abbi: Y tú. Gracias.
Eros: Es una tontería.
No lo es, no. A pesar de todo, me cuida a su modo. Abrazo la bolsa caliente y lloro, por él, por mí. Por lo mucho que lo amo y por todo lo que no podrá ser mientras seamos nietos de dos enemigos.