Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 46
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Capítulo 46

A BBI

Entro a clase agitada por el vídeo de ayer.

He estado toda la noche con Dorian. Me abrazaba como si temiera perderme y yo a él.

Mentirle me está matando y no sé cómo contarle la verdad sin que esta se vuelva contra mí.

No soy tan tonta para no saber que me he enamorado de él.

Que esto va más allá del buen sexo, que es algo más profundo, algo que no he experimentado nunca.

Alzo la mirada y lo veo apoyado en su mesa sin querer mirarme.

Contempla el móvil y los mechones rubios le caen sobre la frente.

Antes de irme de su cama me alcé para acariciarle el pelo y se despertó.

Me miró de una forma que hizo que mi corazón me latiera con fuerza en el pecho.

Quería perderme en esa mirada cada día de mi vida.

Y luego la realidad me golpeó con fuerza.

Él no sabe que soy la persona que buscan, por la que hacen las novatadas.

Alza los ojos un segundo y se tensa por algo que ve tras de mí. Seguramente algún capullo mirando mi culo o haciendo gestos obscenos. Llevo así desde que bajé a la cafetería.

Aparto la mirada cuando la suya se enciende y casi lo puedo imaginar yendo contra todos. Me gustaría que lo hiciera, que me pusiera por delante de todo este juego. Si lo hiciese, yo podría ponerlo por delante también sin miedo a que decirle la verdad condene a mi abuelo Hadrian.

Tengo miedo de abrirme a él y que, a la hora de la verdad, él elija a su abuelo.

Voy hasta mi mesa y me bajo la falda. Ayer me compré un chándal, pero ponérmelo es darle el triunfo a Idelia, por eso me guardo la angustia.

La clase empieza y dan las notas de los trabajos y los exámenes. Estoy por delante. Y así en el resto. Esto se va a poner feo. Van a ir a por mí a muerte. ¿Y si Dorian les ha contado mis miedos? No, él no me fallaría, pero si confiara en él ciegamente le habría dicho quién soy.

Algo oscuro y pesado se instala en mi pecho.

No puedo respirar. Y esa sensación no se me va en todo el día.

Nos dicen que en unas semanas nos dejarán irnos a casa para preparar los exámenes y las vacaciones de Navidad.

Tenemos más de un mes de vacaciones y volvemos para los primeros exámenes, que en esta universidad son todos a principios de febrero.

Soy consciente del tiempo que estaré separada de Dorian.

¿Cómo llevaremos eso? ¿Seguirá todo igual cuando regrese?

Más angustia. Y no se me va en todo el día. Al regresar a mi cuarto, Dafna está abriendo una caja de ropa que pedimos online a una de las tiendas. Me tiende mis cosas.

—No tienes buena cara. —Me pone su mano en la frente—. Fiebre no tienes.

—Solo son nervios por los exámenes. —Miro la ropa deportiva—. Creo que voy a bajar a hacer deporte.

—Con esas mallas grises vas a hacer que más de uno no lo logre.

—Esa es la idea —digo, y se ríe.

Voy hasta mi cuarto y me pongo uno de esos leggings que tienen como cuadraditos que resaltan el culo mucho mucho mucho. Me miro al espejo y tengo que quitarme las bragas para ponerme un tanga. Madre mía, parece que voy desnuda.

Me pongo un top deportivo a juego y no sé si podré hacer esto.

Tomo aire agitada y sé que no tengo opción, no puedo dejar que mis miedos me dominen y esto va a joder mucho a Idelia.

—Madre mía. Si me gustaran las tías te pediría follar. —Dafna me hace dar una vuelta—. Yo quiero uno de estos. A lo mejor mi culo deja de verse plano como una tabla.

—Pedí dos, te puedes quedar el negro. —Salta alegre y luego me abraza. Se remueve algo dentro de mí y le devuelvo el abrazo.

—Ahora, déjalos con la boca abierta. —Me tiende una toalla y una botella de agua.

Bajo hasta donde está el gimnasio y noto las miradas de la gente al pasar. Sonrío como si por dentro no me matara cada una de ellas. Entro y voy al fondo, donde están las cintas de correr. Dejo mi agua y me subo a una de ellas.

Oigo un revuelo y, cuando miro tras de mí, veo a varios tíos que, en vez de hacer deporte, solo me miran correr y cómo mi culo sube y baja en la cinta.

Al poco siento a alguien ponerse a mi lado y por lo que revolotea dentro de mí sé que es Dorian.

—Quieres joderme la existencia.

—A ti, no.

—Eros mataba con flechas, tal vez deba aprender a disparar con arco.

Me permito mirarlo y sonríe de medio lado de esa forma que hace temblar mis mariposas.

—No me mires así, Abbi, o la cagamos.

—Podrías no haberte puesto aquí.

—Es mi máquina, todos lo saben menos tú, al parecer.

Sigo corriendo y mirándonos de reojo. De nuevo subo mi velocidad para no ir por detrás de él.

—Ven a mi cuarto luego... sin cambiarte.

—Eres un pervertido.

—No me puedes culpar. Ese culo es mío, Abbi. —Lo miro y está fulminando con la mirada a los tíos de detrás—. No lo soporto.

—Sabes que el único que me tiene eres tú. Y ahora deja de ir de perdonavidas o nos vas a delatar, y te puedo asegurar que a quien van a putear no es a ti.

Me mira y se tensa. Luego para la máquina y se marcha, seguramente para no delatarse.

Al poco oigo la voz de Idelia, que les dice a todos si no tienen nada mejor que hacer que mirarme.

Vale, está rabiando. Pues que siga rabiando.

Solo por eso merece la pena la ansiedad que siento por ser el centro de atención con estas ropas.

Al acabar salgo y voy con paso firme hasta que alguien me pone la zancadilla y caigo de bruces contra el suelo. Idelia se ríe y el resto la siguen. Me levanto como si fuera una jodida reina y la miro con una sonrisa que clama venganza.

Salgo del lugar y, antes de hacerlo, veo a Dorian apretando los puños, agitado. Compartimos una mirada y voy hasta la azotea. Ando hasta donde está su cuarto y veo la escalera puesta. Tal vez para evitar que escale de nuevo. Bajo por ella y entro en sus dominios.

Cojo varios libros mientras lo espero. No tarda en llegar y cuando me ve su mirada rezuma alivio, como si hubiera temido que no estuviese aquí.

—Ponte a cuatro patas en mi cama ya. —Parece agitado y nervioso, seguramente celoso.

Lo hago coqueta y se acerca. Me toca el culo sobre la ropa y lo aprieta. Luego me baja los leggings y me da un mordisco en el culo, que me encanta. Gimo y le pido otro.

—Eres una salida.

—Y tú hablas mucho cuando te mueres por estar dentro de mí.

Pasa sus dedos por mi sexo y los mete dentro tras apartar el tanga. Los mete y los saca con fuerza antes de reemplazarlos por su polla. Se clava dentro de mí hasta el fondo. Nos quedamos quietos sintiendo al otro.

—Me vuelves loco...

—Y tú a mí —admito, y gruñe.

Entra más hondo y no deja de moverse. Tira de mi tanga y eso hace que la fricción sobre mi clítoris aumente.

Lo frota con la prenda mientras entra y sale de mí con fuerza.

Lleva su mano a mis pechos y tira de la cremallera del top deportivo para liberarlos.

Juega con ellos mientras no deja de entrar en mi cuerpo.

Se agacha y me besa en el cuello. Hay mucha ternura en esos besos, como si venerara mi cuerpo.

Nos movemos juntos hasta que nos corremos y caemos sobre la cama.

—Que se jodan esos cabrones por no tenerte.

No puedo evitarlo, me río y luego lo beso, enamorada de él. Muy enamorada.