Capítulo 45
D ORIAN
Estoy en la cafetería pensando qué cenar cuando a la gente le llega el mismo mensaje. Lo sacan unos y otros.
—Joder, está muy buena. —Saco el móvil sin muchas ganas y cuando veo el vídeo interno de la universidad pulso.
En el directo está Abbi bailando para la cámara. ¿Pero qué mierda es esta? Está claro que es cosa de Idelia. No dejo de ver el vídeo mientras ando hacia donde creo que están. De golpe, cae sobre ella algo pringoso que tiñe su ropa y su cara de color rojo. Ya era raro que solo quisieran que bailara.
Abbi se queda quieta.
Mierda.
Siento deseos de quemar este puto sitio cuando voy de un lado a otro y no la encuentro. Ella mira la cámara y echa el pelo hacia adelante y luego salpica a todos antes de danzar como una bailarina experimentada.
Se mueve como la vi bailar en la nave. Gira sobre sí misma, alza la pierna y todos pueden ver sus bragas negras. No se detiene, está furiosa y quiere que todo se vuelva contra Idelia. Ella quería ridiculizarla, pero ha desatado a la fiera.
Llego donde están y, cuando entro, Abbi se está tocando los pechos por encima de la ropa y gime como si se fuera a correr. Quito el móvil enfadado y me vuelvo hacia Idelia.
—¿Acaso quieres convertirla en una diosa?
No lo he quitado por eso. Es porque odio que todos vean qué cara tiene cuando está excitada, aunque ahora está fingiendo y yo lo noto. No me gusta que la miren, que la deseen o que se pajeen pensando en ella.
—¡Largo de aquí! —grita Idelia a Abbi.
—¿No quieres ver cómo me corro? Todo esto me pone mucho, la verdad.
Abbi la mira retadora. Si no supiera que tiene un lado inocente, me preguntaría si no está jugando conmigo y usando lo que siento para, llegado el momento, destrozarme. Pero entonces veo cómo tiembla su mano y la esconde.
Se marcha con paso firme a su cuarto y miro a Idelia.
—¡Ese no era el plan! —dice fuera de sí—. Convoca reunión, tenemos problemas y gordos.
Lo hago y vamos hasta la sala de reuniones. Al llegar pienso en escribir a Abbi, pero siento una opresión en el pecho, como si algo de ella no me dejara ver la verdad. Trago con dificultad, agitado, y decido pensar en esto más tarde.
Hermes y Edey no tardan en venir y se dejan caer en sus sillas tras servirse una bebida.
—¿Qué pasa? Muy buen vídeo, por cierto. Me la acabo de cascar pensando en la becada, menudo par de tetas, joder, y mojadas... Madre mía, qué pezones más duros... —Tenso la mandíbula y aprieto los puños porque me cuesta mucho no partirle la cara a Edey.
—¡No sabía que supiera bailar así de bien!
—Se ha criado en un circo, Idelia —añade Hermes—. No es como el resto. Tiene una preparación diferente. Pasa todas las pruebas con nota..., es perfecta en casi todo. Lo tenemos jodido y parece que hasta es mejor que tú —me dice, pero no respondo nada.
—Mi padre me ha cancelado las cuentas hasta que consigamos que se marche —nos dice Idelia—. Nuestros abuelos tienen miedo de que tras Abbi esté la nieta de Nelson.
—Ese tío está muerto y nosotros llevamos haciendo el idiota todos estos años —añade Hermes.
—Como sea. Hasta que no se vaya a la puta calle, me pagáis todos mis gastos, y no pienso ser barata.
—Que te los pague tu futuro marido —añade Edey y me mira.
—Todos —apunta Idelia—. Y, ahora, a pensar qué mierdas hacemos para joder a esa zorra. Debe tener un talón de Aquiles.
Uno que yo sé: la oscuridad. Pero no lo digo, la protejo y me pregunto si estoy tomando la decisión correcta o todo esto era un plan perfecto para llegar hasta mí y tener ventaja.
No, Abbi no me haría eso.
Confío en ella.
Subo a mi cuarto tras proponer varias ideas. No me gusta ninguna, me aburre todo esto. Pero mi abuelo me llama y me dice que quiere verme pronto. Parece muy enfadado. Genial, no quiero verlo. No quiero estar cerca de él. Y mucho menos en su casa, donde murió mi padre.
Abro la puerta y Abbi está sentada en mi cama mirando el móvil. No dejé la escalera puesta, así que intuyo que saltó. No me gusta que haga eso, es peligroso.
—Debiste esperar...
—Odio este vídeo... y no dejan de mandarme mensajes. —Noto su gesto pálido—. Y he escalado por la fachada, no estoy tan loca.
Cierro la puerta y voy hasta su lado. Alza la mirada y parece de verdad agitada.
Me olvido de toda esa mierda de pensar que me está utilizando, que todo es mentira y que va contra mí.
Cojo su móvil y veo todos los mensajes que está leyendo.
Son de la red de la universidad. No pueden salir de aquí porque fuera de este lugar está codificado y no pueden ver nada.
Pero aquí la gente habla y comenta la de guarradas que le harían.
Tenso la mandíbula sabiendo que varios de esos capullos se van a tocar esta noche pensando en ella.
—¿Y por qué llegar hasta el final? Puedes conseguir más que todo esto, ser mejor que tu familia, sin pasar por estas humillaciones. Yo tengo contactos en la universidad de la ciudad. Puedo ayudarte a que entres.
No dice nada, solo me mira como si no la entendiera. Una parte de mi alma grita que le exija conocer todos sus secretos. Otra, la que gana, teme que tras esos secretos haya algo imperdonable.
Soy adicto a ella. A su sabor. A la curva de su cuello, a su piel suave y a los gemidos que emite cuando estoy dentro de ella.
Soy adicto a su cuerpo. A tenerla cerca.
Tal vez porque nunca he sentido que tuviera nada en mi vida, o porque nunca me he sentido querido como a su lado.
Por eso la beso y nos olvidamos de todo y nos quitamos la ropa entre besos.
Caemos sobre mi cama y entro en su cuerpo con fuerza y la follo con rabia sabiendo que más de uno ahora querría estar en mi lugar y odiando estos celos que me matan.
—¿Te gusta? —digo cuando giro y me pongo de espaldas para que me monte. Asiente—. Baila para mí.
Se muerde el labio hinchado por mis agresivos besos y apoya las manos en mi torso antes de contonear su cuerpo para moverse contra el mío.
Con cada embestida siento cómo su interior me oprime.
Mueve su cuerpo y se toca mientras no dejo de mirarla.
No puedo hacerlo, estoy preso por ella. Por lo que siento cuando me mira.
Por lo que siento cuando se toca y mi cuerpo arde por esta mujer.
Tira de sus pezones y gime con fuerza mientras abre las piernas para que me hunda más en ella.
Se mueve adelante y atrás balanceando su cuerpo y luego se toca el clítoris mojado con los dedos.
Lo hace hasta que no puede más y luego se lleva los dedos empapados a sus duros pezones y los moja con su esencia.
No puedo más y me alzo para atrapar sus pezones con mi boca. Los chupo y los lamo cogiendo sus caderas para clavarme más duro en ella. Muevo mi cuerpo para entrar y salir mientras ella se contonea sobre mí.
Joder, estoy perdido en esto.
—Eres mía, joder.
—Sí. Solo tuya. —Tira de mi pelo y me besa—. Y tú eres mío.
—Solo tuyo.
Esto es lo más cerca que he estado nunca de una confesión en mi vida.
Es aterrador. La beso y la follo con fuerza para borrar de su cuerpo cada resquicio de cualquiera que la haya tocado.
Estoy enfermo de celos. Ahora mismo solo quiero que me vean follarla para que todos esos cabrones sepan que es mía.
Nos movemos hasta corrernos con fuerza.
Cae sobre mí y la abrazo. No quiero soltarla. No puedo soltarla...
Si me falla... no quedará nada bueno en mí. Lo sé.