Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 43
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Capítulo 43

D ORIAN

Paso el brazo por la cintura de Abbi y le doy besos en el cuello hasta que se mueve y su culo se aprieta contra mi dura polla.

Me costó dormirme, pero al final caí preso de un sueño reparador.

Desde que nos separamos estaba inquieto y la necesitaba cerca, al tiempo que odiaba esa debilidad.

Estar alejado de ella me costó y más verla con ese Marvin, que se la come con los ojos.

No me gusta un pelo. Tiene algo en la mirada que me inquieta.

Pero ella no lo ve, cómo no. Este lugar está plagado de gente así, tal vez sea por eso.

Esta noche, cuando la dejaron sola, entré a ver si estaba bien y la cabrona me provocó.

Odio imaginar a otro tocando su cuerpo. Y entonces habló sabiendo quién era yo.

Nadie reconoce a otro en la penumbra si no está ligado a esa persona de alguna forma.

Entonces, ¿por qué me aleja? No tengo ni idea, pero sí sé que me desea tanto como yo a ella y la única forma de sacarla de mi mente es ver adónde nos lleva esto hasta que se enfríe y siga mi vida sin sentir nada.

Tiro de sus duros pezones y se retuerce contra mi cuerpo. Bajo la mano y le toco el sexo, ya mojado por mí.

—¿Ha habido alguien?

—Ya te dije que no.

—Estabas medio dormida.

—Cierto, solo por eso estoy aquí —bromea y mueve su culo hasta que mi polla toca su entrada.

—¿La quieres dentro? ¿Quieres que te folle, Abbi? —Le lamo la oreja y asiente.

—Joder, sí.

Que sepa lo que quiere y lo diga me pone mucho. Meto los dedos dentro de sus pliegues mientras mi polla entra en ella poco a poco. Todo su abultado botón está duro y mojado. Froto los dedos por su clítoris. Por este nudo de nervios que tanto me pone tocar.

Gime con fuerza mientras me meto hasta el fondo sin dejar de tocarle las tetas y su mojado coño. Se mueve contra mí y yo contra ella. Siento cómo su apretada vagina me succiona. No correrme es casi un suplicio.

Le muerdo el cuello y la beso entrando más fuerte y duro en ella.

—Dorian...

Froto su clítoris y echa la cabeza hacia atrás. No puedo más. Lo noto. Quiere correrse y yo también, pero me gusta llevarla al límite hasta que ya no aguanta. Busco su boca y nos besamos mientras salgo y entro en ella con fuerza.

—Dorian. —Muerde mi boca y yo la suya.

—¿Quieres correrte, pequeña Psique?

—Sí, mi jodido Eros. —Me río y la beso mientras entro más fuerte.

Saco los dedos de su sexo y los llevo a su boca, los lame y luego la beso, y de nuevo los llevo a su sexo y le froto el clítoris hasta que se corre con fuerza entre mis brazos.

La sigo y me derramo dentro de su cuerpo.

Sé que esto hace que confíe en ella como en nadie.

Si ella se quedara embarazada de mí, me putearía toda la vida por ese niño. Pero sé que no me engaña. No en eso.

La abrazo agitado mientras el despertador nos avisa de que debe irse si no quiere que la descubran.

—Vamos a la ducha.

—No quiero ir a clase —dice remolona.

—Anda, vamos, a ver si por fin he sacado en todo mejores notas que tú.

—Lo dudo, soy la mejor.

Ella es un reto en muchos sentidos y he estudiado más que nunca, motivado por ganarla. Nos duchamos juntos y cuando la veo subir las escaleras me invade algo raro en el pecho. Reprimo lo que siento y guardo la escalera.

Toca empezar un nuevo día y fingir que cierta becada no me vuelve loco.