Capítulo 41
A BBI
Estoy intentando seguir mi vida sin Dorian, creyendo que lo nuestro se acabó y que no me importa ni lo que haga ni lo que me gustaría seguir haciendo.
Diría que no lo creo, pero sé que me dijo la verdad.
Dorian no es de los que mandan mensajes para dar explicaciones, pero me lo mandó.
Dejé que creyera que todo seguía igual porque no contarle quién soy y que mi abuelo va contra el suyo me destroza.
No esperaba entrar aquí y hacer amigos, ni encontrar a alguien con quien me gusta perder mis horas hasta que parezca que el tiempo se detiene.
Echo de menos a Dorian, cada noche añoro tenerlo abrazado a mí.
Solo pasamos dos noches juntos, pero fueron suficientes para que se quedara marcado en mi piel.
Nunca había dormido con nadie y fue increíble.
Por eso, cuando lo veo en el comedor a las horas del desayuno, la comida y la cena, es como si algo se retorciera dentro de mí.
Me duelen las palmas de las manos por mi deseo de acercarme a su lado.
Y odio ver a Idelia junto a él. Aunque ese día no pasó nada, seguramente después sí, y eso hace que cada vez que los veo juntos me maten los celos.
Como ahora, mientras llevo mi bandeja hasta donde están Marvin y mis amigas. Dorian me sigue con la mirada cuando nadie se da cuenta. Su mirada es oscura y siniestra, como si odiara mi presencia.
Duele porque recuerdo lo increíbles que eran sus ojos cuando entraba y salía de mí con fuerza y me observaba como si fuera la mujer más hermosa que había tenido la suerte de conocer.
Aparto la mirada con el corazón encogido y me recuerdo que todo esto lo elegí yo. O no. Tal vez solo anticipé las cosas. Dorian puede desearme, pero él nunca sentirá nada por mí. Ya dejó claro que no siente nada y, además, se debe a su familia y dudo que se enfrente a ellos por mí.
—Hoy nos dan las notas —dice Marvin—, a ver si eres la mejor de la clase.
—Seguramente.
Doy un trago a mi café sin muchas ganas. Él me mira la boca. No esconde que me desea. Aunque sé que no pierde el tiempo y se va con unas y otras.
—Me pone nerviosa que solo nos miren y no sepamos su siguiente movimiento —añade Dafna.
Sin darme cuenta, me llevo la mano al brazo y me rasco nerviosa por esa incertidumbre. Acabo el desayuno y nos marchamos a clase. Marvin viene conmigo hasta la puerta. Y me da un abrazo.
—Ánimo, nos vemos luego.
Se aleja y cuando lo hace casi se choca con Dorian, que no sé de dónde ha salido.
—Mira por dónde vas —le dice frío Dorian y cuando lo mira parece que quiere arrancarle la cabeza.
Marvin se marcha. Dorian me mira al pasar. Tenerlo tan cerca me mata. Quiero refugiarme de nuevo en su pecho y perderme en su boca. Lo deseo tanto que me duele. Aparta la vista y entra a clase como si nada. Tal vez solo nos hemos mirado un segundo, que para mí fue eterno.
Voy hasta mi sitio y el profesor no tarda en venir y nos da las notas.
Tengo un sobresaliente alto y Dorian solo un sobresaliente.
Soy la nota más alta de la clase. Puedo conseguirlo, puedo deshacerme de mi abuelo y elegir mi vida sin la presión de ser quien él desea o el miedo de que haga algo contra mi abu Hadrian.
—¡No puede ser posible! —grita Idelia—. ¡Esa novata no puede ser más lista que uno de los nuestros!
Me mira enfadada y sé que esto va a precipitar todo.
Cuando Dorian me dijo que el profesor no se sabía el temario empecé a ir por mi cuenta y a estudiarme los temas antes.
Por eso estaba preparada para ese examen sorpresa.
Me llevo la mano al brazo y me rasco. Los ojos claros de Dorian se posan en mi gesto hasta que el profesor pide calma y empieza la clase.
Esto va a ser la guerra.
En la siguiente clase, otro examen sorpresa, y también en las siguientes.
Al parecer quieren que me hunda en alguna asignatura, pero lo tengo fácil y respondo con tranquilidad.
En todos los exámenes acaba Dorian el primero y yo también, pero me quedo en mi asiento hasta que él se va.
Por suerte, en el último acabo yo antes y puedo ir a comer sin nadie en el comedor.
Miro las comidas que hay y elijo las que más me gustan.
—No te recomiendo el repollo —añade Dorian a mi espalda. Mi piel vibra por su cercanía—. O sí, así te dará descomposición y con suerte le vomitas en la cara al bibliotecario.
—Cuidado, Dorian, pareces celoso.
—¿Por ti? Ya eres historia.
Dejo el repollo cuando se aleja y lo miro dolida. Para mí él no es historia ni mucho menos, aunque me encantaría que lo fuera. Levanta la vista y me pilla mirándolo. Sonríe de medio lado, dejando claro lo creído y capullo que es.
No soporto que mi cuerpo reaccione a él o que lo eche de menos.
Es una tortura mayor que esta universidad de locos.
Aun así, pregunto a mis amigos si es cierto lo del repollo y me dicen que suelen ponerlo una y otra vez y a veces sienta mal por eso mismo.
Era cierto y que cuide de mí me hace preguntarme si le importo, aunque sea un poco.
«¿Y cambia eso algo?», me pregunto, y no. No lo cambia.
Los días pasan lentos y en los exámenes Dorian me gana en algunos, pero no en todos.
Me encanta su inteligencia casi tanto como su impresionante cuerpo.
Es una putada encontrar a alguien con quien puedo ser yo misma en cada aspecto de mi vida y tener que alejarme porque en realidad soy una impostora.
Además, la prensa dice que está con Idelia; la otra noche fueron a una gala juntos. Lo odio. Odio ver a la gente comentar esto y verlos juntos en redes como si fueran la pareja del año.
Los celos me nublan la mente y no saber cuándo harán las novatadas, más. Mi brazo está rojo y lleno de heridas por el estrés.
Y, aunque estaba deseando saber qué tramaban, cuando llega siento que no estoy lista para tener la mente fría y no romperme.