Capítulo 40
D ORIAN
Idelia llama a la puerta de mi cuarto y sé que es ella porque tengo un control de cámaras para saber quién llama y por si alguien entra sin que yo esté dentro. Abro la puerta desde el móvil y cuando entra la cierra de un portazo.
Siempre la he odiado, pero no lo aceptaba. Me dejaba llevar porque sé que un día, me guste o no, nos obligarán a casarnos. Pero últimamente su presencia me asquea y más cuando me mira como si yo fuera de su propiedad.
—¿Se puede saber dónde has estado?
—No —le digo tranquilo—. Y si has venido a montarme un pollo, mejor te largas. Me duele la cabeza.
Y mucho. No volví al internado tras separarme de Abbi, estuve conduciendo sin rumbo.
Odiando que ella vea lo peor de mí. Pensaba que, tras lo que hemos compartido, sería capaz de ver por lo menos algo bueno.
Algo menos jodido. Pero no. Para ella solo soy un tío al que se ha tirado y nada más.
Y, aunque siempre he sido así para otras, serlo para ella me duele.
Porque me he abierto a ella como nadie y me siento traicionado.
Y un completo idiota.
—No olvides que tu abuelo necesita al mío, Dorian.
—Cómo hacerlo si no paras de recordármelo.
—Pues no me enfades. —Me toca la cara y le cojo la mano—. En media hora te espero en mi cuarto.
Se marcha y me quedo agitado y asqueado.
Voy a su cuarto porque me tiene cogido por las pelotas.
Como ya imaginaba, ha montado una fiesta sexual.
Sabe que de mí solo consigue eso. No hago nada, me quedo sentado en una silla.
Idelia se lo monta con dos tías y no deja de mirarme.
Se cree que me excita y nada de este lugar lo hace.
Todo parece fingido e irreal, el sexo parece falso. Nada comparado con lo que he vivido con Abbi. Todo era natural, espontáneo..., real.
Y, sin embargo, dudó de mí...
Al acabar, Idelia finge un orgasmo y lo veo claro porque he visto a Abbi correrse de verdad. Me levanto y me marcho. Ella creerá que es para cascármela, pero es para vomitar del asco que siento ahora mismo. Ya no soy el de antes, pero tampoco sé quién quiero ser o quién puedo ser.
Siento cosas que no debería y temo que eso pueda hacer que me pierda. Ya me perdí cuando mi padre murió. No sé si estoy preparado para romperme por segunda vez.
Entro a la primera hora de clase sabiendo que se ha corrido el rumor de que ayer estuve con Idelia y dos personas más.
Sé que todo es cosa de ella para que nadie tenga dudas de que estamos juntos.
Pienso en escribir a Abbi para decirle que todo es falso; le di mi móvil el fin de semana y ella me mandó un mensaje.
Lo grabó como Eros y yo a ella como Psique.
¿Por qué? Ni puta idea. Pero en la puerta de la habitación, esperando que recogiera todo y dejara el cuarto decente para que no pareciera que habíamos follado como conejos, la guardé así. En ese instante me pareció perfecto.
Ahora me siento más tonto todavía.
No le escribo, no somos nada. Ella lo dejó muy claro. Dudo que le moleste saber que tras lo vivido con ella busqué a otras.
Siento a Abbi antes de verla. Entra a clase con su bandolera al hombro.
No mira a nadie y yo hago como que no la miro, pero la veo, joder, y a pesar de todo quiero volver a ese cuarto donde parecía que todo era posible.
Empiezo a entender por qué Eros ocultó a Psique del mundo, porque todo su mundo corrompería algo tan bueno y puro.
Algo tan real.
Algo dentro de mí me recuerda que Abbi tiene un motivo para estar aquí, pero, como todos, pienso que solo quiere entrar en las grandes esferas y demostrar que pueden hacerlo.
Como si algo en mi interior no quisiera rebuscar y saber la verdad si eso puede empañar lo poco bueno que he tenido en mi vida en años.
Ella solo quiere demostrar a su padre y a esos hermanos que la ignoran, o hasta que la han hecho sentirse de menos toda la vida, que puede ser quien quiera.
Conocerla ha hecho que me pregunte si los becados tienen tan pocas opciones como yo de marcharse de este lugar. Ha hecho que deje de odiarlos por soportar todo esto por un fin.
La clase empieza y tenemos examen sorpresa.
Por mí no hay problema, pero el resto protestan y se quejan.
Al profesor le da igual y se reparten los exámenes.
Respondo a todo con rapidez y me levanto para dejarlo en la mesa.
Abbi hace lo mismo y nos encontramos ante la mesa del profesor, que mira el reloj.
—¿Ya? —Lo dejo sobre la mesa sin responder a este idiota que sabe mucho menos que yo y seguro que ha hecho esto para estar jugando con el móvil en lugar de dar clase. Mira el móvil y compruebo que tengo razón—. Podéis iros.
Abbi me mira como si me quisiera sacar los ojos y va a por sus cosas. Intenta que no lo note, pero sé que está celosa. Cojo mis cosas y salgo de clase sintiendo la mirada fría de Idelia, a la que no le gusta un pelo que me vaya solo con Abbi.
Salgo de clase al mismo tiempo que Abbi y esta empieza a andar, pero luego se gira y me mira.
—Espero que usaras condones, no vaya a ser que te peguen algo... o tú a ellas...
—¿Celosa, becada? —Sus ojos marrones echan chispas.
—¿De ti? Para nada. Solo eres un mierda más en mi camino. He apartado muchos a lo largo de mi vida. Tú no eres menos.
Se marcha, pero he visto el dolor en sus ojos. Tal vez por eso saco el móvil y le escribo:
Dorian: No es verdad. Aunque no te importe. Fui, las vi fingir y me marché de vuelta a mi cuarto. Aunque tú ya me has juzgado, ayer dejaste claro que esto era lo que esperabas que hiciera.
Veo que escribe, aparece con el nombre que le puse para que nadie sepa que es ella y espero.
Psique: No sé si debo creerte. Es mejor..., es mejor dejar todo como está.
No respondo, pero me duele que me rechace. Si piensa que voy a ir tras ella es que no me conoce en absoluto.