Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 39
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Capítulo 39

A BBI

Recojo mis cosas sintiéndome deprimida. No quiero irme de este lugar.

Como si supiera que cuando saliéramos a la luz todo cambiará entre los dos.

Al llegar a la puerta con mi mochila, Dorian mira su móvil distraído.

Lo ha apagado estos días. Yo el mío no y lo hemos usado para ver pelis y series, o para tener una excusa para creer que no solo queríamos follar el uno con el otro.

—Listo. —Asiente y abre la puerta sin mirarme. Ya está lejos de mí.

Tomo aire y salgo de este lugar agitada. Vamos por el pasillo hasta el ascensor y sigue mirando el móvil sin decir nada.

—Han hecho una novatada sin ti. Idelia está un poco enfadada porque no saben dónde narices te has metido y dónde me he metido yo.

—Ni que tuviera que explicar lo que hago en mi tiempo libre.

—No tienes, no. Pero Idelia es peligrosa.

—Yo también.

—Abbi... ¡Joder! Solo no la provoques. —Veo en sus ojos aguamarina que le importo y me acerco a besarlo.

Me devuelve el beso y cuando nos separamos se abren las puertas. Salimos hasta la calle. Es por la mañana, no quería conducir de noche.

—Deberías irte. Dejar todo esto —repite y parece enfadado porque no lo haga. Porque él no entiende mis motivos. Y porque él no puede escapar de esta vida.

—¿Y por qué no lo haces tú? Yo no puedo.

—¿Por qué? —No digo nada y me mira dolido.

—¿Por qué no lo haces tú?

—Porque no puedo tampoco, ya te lo dije.

Y porque hay alguien ahí fuera que quiere joder a nuestras familias.

Mi deber es no dejar que eso pase. Si lo pierden todo, no solo ellos sufrirán, hay mucha gente a su cargo en las empresas —dice sincero—.

Si para que conserven sus trabajos tengo que seguir haciendo novatadas... , pues que así sea.

¿Eso le han contado? ¿Que mi abuelo les hará perder todo?

Bueno, si por joder a su familia entienden dejarlos sin mucho dinero, tal vez sí.

Ellos robaron a mi abuelo. No es el mejor abuelo del mundo, pero nadie cede su dinero por nada.

Y no creo que, con todo el dinero que tienen, las empresas se vean afectadas, ni sus trabajadores.

Pero a Dorian le han contado solo la versión dulcificada.

—¿Y por eso hacéis las novatadas?

—Son una tradición.

—Pero podría ser un niño rico. ¿Por qué los excluís?

—Porque todos los de las familias admitidas sabemos de dónde vienen. —Se pasa la mano por el pelo rubio. Estamos en la recepción y la gente pasa por nuestro lado ignorándonos—. Vete, Abbi..., aléjate de toda esta mierda antes de que te destruyan. Si es por dinero, te daré una buena suma de dinero.

—Lo que quieres es que me vaya para que así puedas follar con quien te dé la gana sin sentir cómo eso me duele. Y no necesito tu dinero ni el de nadie.

—¿De verdad crees eso de mí? —Se nota que está muy muy enfadado.

Toda la complicidad que hemos vivido estos días se ha disipado. Dejando claro que no era real. Que solo estábamos jugando a ser alguien que no somos.

—¿Ahora me vas a decir que te importo? No soy tonta para saber que esto que ha pasado ha sido algo increíble, pero no es real.

Su mirada se vuelve oscura y sé que le he hecho daño. No dice nada y se aparta. Voy tras él, pero es más rápido y se marcha con su coche sin mirar atrás.

«Es lo mejor», me grita una voz.

Otra me dice que estoy perdiendo la primera cosa en mi vida, lejos del circo, que me hace feliz.

Pero él no sabe quién soy... y es mejor así.

Llego a mi cuarto con el ánimo decaído. No tengo ganas de comer nada. Y mucho menos de ver a nadie. Abro la puerta y encuentro a Dafna leyendo en el sofá.

—Vaya, has vuelto. Te has librado de pasar un frío horrible buscando pelotas que se hundían en la piscina.

—No pienso sentirme mal por eso. —Sonríe y me dejo caer a su lado.

—¿Todo bien?

—No. —Subo las piernas y las abrazo. Debería irme a mi cuarto y buscar la soledad. Es lo que debo hacer—. Lo estaré.

—¡Mina! ¡Problemas de chicas! —Esta sale corriendo de su cuarto, me mira, vuelve a entrar y al poco regresa con una botella de vino del malo y una bolsa de patatas.

—La guardé para emergencias. Tienes una cara horrible.

—Se me pasará. Solo necesito un momento...

—Somos tus amigas —dice Dafna—. Si estás mal, para eso nos tienes.

—No os puedo contar por qué estoy mal.

—A juzgar por tu cara, por un hombre. Siempre es por ellos. —Sonrío ante las palabras de Dafna—. No necesitamos saber nada más.

Da un trago a la bebida y me la pasa. Las miro y me pregunto si es tan fácil tener amigas. Tengo miedo de necesitar a personas que no lo saben todo de mí. Doy un largo trago, pongo mala cara y cojo patatas.

No les cuento nada, pero no se van de mi lado mientras se me escapan varias lágrimas porque al parecer Dorian me importa más de lo que me gustaría.

Sobre todo, lo echo de menos cuando me meto en la cama y añoro su cuerpo y que me abrace como si le importara de verdad.

No le importo. Solo ha sido sexo... de alguien que me encanta por dentro y por fuera y que hace que a su lado sea lo más yo misma posible.

O todo lo que se puede ser una misma con el secreto que tengo por nacimiento.

Por un momento me gustaría ser otra persona, alguien sin problemas que pueda estar al lado de Dorian sin miedo a que lo sepa todo de mí.

De ser así no dejaría de intentar que su mundo y el mío se juntaran, pero temo que cuando sepa la verdad todo lo construido se desmorone como un castillo de naipes.

Me pregunto si Eros se enfadó con Psique porque lo engañara para verle la cara o porque temía que la verdad los acabara destruyendo y se alejó antes de que eso pasara.