Capítulo 38
A BBI
—¿Por qué tienes tatuajes griegos y nórdicos? —Estamos comiendo en la mesa comida mexicana que hemos pedido. Yo llevo el albornoz y él también, aunque el suyo se abre más que el mío y puedo ver su glorioso cuerpo desnudo.
No tiene vergüenza ninguna, aunque yo tampoco estando a su lado, no siento que me mire como si fuera a hacerme daño sin mi permiso, como me pasó años atrás.
Ese hombre me miraba como si en cualquier momento pudiera hacer conmigo lo que deseara sin importar que le dijera que no.
Sentí mucho miedo y, aunque no pasó nada...
, no me siento cómoda cuando levanto las miradas lascivas de la gente.
Pero Dorian está cómodo con su desnudez porque seguramente ha pasado mucho tiempo en pelotas delante de la gente con la que se ha acostado y saberlo me retuerce las tripas. No me gusta imaginarlo con otras.
—Mi madre nació en Noruega y su familia había emigrado allí hacía años desde Grecia.
Coge un poco de guacamole y se lo come distraído. Entiendo que, a pesar de decir que la odia y no querer trato con ella, una parte de él sí quería saber de dónde venía. Es triste tener familia que no quiere conocerte. Yo lo sé mejor que nadie.
—Tengo ocho hermanos —admito, y no sé bien si estoy cometiendo un gran error—. Pero solo me llevo bien con mi hermano pequeño, Defin. Este es por parte de mi madre, el resto son por parte de mi padre... y ellos nunca han querido saber mucho de mí. A uno de ellos ni lo conozco.
Pienso en Kiefer. Es un poco mayor que yo y mi abuelo lo odia. En la casa casi no se habla de él y siempre me he preguntado qué pasó para que desapareciera así y no quiera vivir del dinero de mi abuelo, como todos. Pero si yo le importara habría hecho por buscarme y no es el caso.
Algunos de mis hermanos por parte de padre y de mis primos viven con mi abuelo y, aunque no consiguieron nada, se mueven por la mansión como si fueran los mejores.
Quieren que mi abuelo muera sin su herencia para así quedarse con todo y que no cambie el testamento en favor de un solo heredero.
Por eso, cuando estaba allí, me hacían la vida imposible, porque odiaban que yo pudiera quitarles eso.
Decirles que yo no quería nada no cambiaba las cosas porque mi padre sí quería.
—¿Tú intentaste algo con ellos?
—Sí, cuando los he visto he intentado que fuéramos amigos. Salió muy mal. Es raro formar parte de una familia que no quiere saber nada de ti y, sin embargo, ser consciente de que son parte de tu historia.
—Es una mierda, pero yo no pienso ir detrás de nadie. Quien me la juega para mí deja de existir.
Siento un escalofrío por sus palabras, como si fueran una premonición.
No tiene por qué, pero yo estoy ante él contando solo una parte de mi vida.
Él no sabe que a quien buscan con sus novatadas es a mí y, cuando lo sepa, tal vez él mismo me haga las putadas más gordas para expulsarme porque no hacerlo sería ir contra su familia.
—¿Todo bien?
—Sí. Una pregunta más. —Sonríe de medio lado. Me encanta cuando lo hace. Su boca me vuelve loca—. ¿Has estado alguna vez viviendo en un internado? Yo toda la vida.
—Lo sé —dice dejando claro que me ha investigado—. Pero ¿por qué?
—Bueno, mi familia viaja mucho y cuando supieron que yo era superdotada aconsejaron a mi madre que me enviara a uno para que pudiera evolucionar. —Es verdad, pero aparto la mirada, ya que fue mi abuelo el que exigió que lo hiciera.
—Es comprensible. Y yo también toda la vida.
Mi abuelo no tenía tiempo para cuidarme, con sus negocios y con regentar nuestro internado hasta que se jubiló.
Y, como iba cursos por delante, en cuanto pude entrar en la universidad me metieron aquí.
Llevo desde los dieciséis años en este lugar y hace tiempo que para mí es demasiado aburrido.
Y debería amarlo. Un día seré quien lo regente.
Se tensa.
—¿Qué pasa?
—Nada. No me gusta hablar de esto.
Quiero preguntar, quiero saberlo todo de él, conocer cada parte de su mente, pero para hacerlo debería exponer quién soy.
Por eso me callo y sigo comiendo. Al terminar recogemos todo y propongo ver una película en la cama.
Spoiler , no nos enteramos de nada porque acabamos haciendo otras cosas más excitantes.
—Vamos, deja que te miren mientras entro en ti.
Estamos frente a la cristalera. Me acerqué a contemplar la noche y Dorian vino tras de mí.
Me ha abierto el albornoz para que todos vean mi cuerpo.
Dudo que alguien mire hasta aquí arriba.
Pero el morbo está ahí. Es de noche, el cielo está negro y la gente anda por la calle de un lado a otro.
Estamos tan altos que nadie vería nuestras caras.
Pero nunca he hecho algo parecido. Salvo follar en una escalera de incendios donde alguien podía salir y vernos.
Asiento y me quita el albornoz. Me quedo desnuda ante la cristalera. Los pezones se me ponen duros y más cuando tira de ellos con una mano mientras la otra la cuela en mi sexo.
—Joder, ya estás muy mojada. Nadie nunca me ha deseado tanto como tú a mí.
—No te lo creas tanto —digo y se ríe contra mi cuello.
—Si alguien está mirando, seguro que ahora mismo me envidia. —Miro su imagen reflejada en el cristal—. Envidia que sea yo quien toque el cuerpo de una semidiosa.
Venera mi cuerpo como si de verdad fuera la mujer más hermosa con la que ha estado.
Cuando me mira me siento muy deseada. Algo me dice que tenga cuidado, que solo soy la diversión de Dorian este fin de semana y luego todo seguirá igual.
Pero mientras me toca me olvido de que en verdad nacimos para ser enemigos.
Mete los dedos dentro de mí. Echo la cabeza hacia atrás y chupa y muerde mi cuello mientras me lleva al límite frente a la ventana.
—Seguro que hay alguien metiéndose la mano dentro del pantalón para tocarse mientras imagina que entra entre estos muslos tan torneados hasta colarse en tu apretado coño. —Mete los dedos más hondo—. Lo tienes embrujado.
—Para algo soy una sirena de pelo corto. —Sonríe contra mi piel—. Más fuerte.
—No sin mi polla... —Saca la mano y lleva los dedos a mi boca—. Chúpalos como si fuera mi polla, que arda de envidia.
Los chupo mirando hacia la noche. Dorian gruñe y luego los saca para cogerme el culo con las dos manos y entrar con fuerza en mí. Mis pechos se aplastan contra el frío cristal y eso los endurece más. Miro descarada la noche mientras Dorian entra y sale de mí con vigor.
—Ahora mismo estás rabiando por no ser yo. Por no saber qué se siente al entrar en este coño apretado y mojado.
—Más duro...
—Joder, qué placer.
Noto cómo su polla crece más en mi sexo. Me aprieta las caderas con sus manos. Tengo marcas suyas por todo mi cuerpo y él mías por el suyo. Cuando nos marchemos tardaré en olvidar que por unos días fui solo suya.
Estoy cerca y lo nota. Baja su mano a mi clítoris y me acaricia donde sabe que me gusta hasta que me dejo ir y me corro con fuerza sintiendo cómo me llena. Él me sigue y se derrama dentro de mí. Cuando sale noto cómo su semen me cae por las piernas.
—Joder, ver cómo mi semen sale de tu coño me pone mucho... Creo que voy a odiar usar condones a partir de ahora...
Sus palabras me recuerdan que cuando regresemos él será de todas menos mío. No digo nada y me meto en la ducha. Al poco me sigue y me coge la cara entre las manos.
—No puedo prometerte nada que no pueda cumplir. No soy mi padre.
—¿Qué te prometió él?
—Que me mataría. —Me recorre un escalofrío por la frialdad con que lo dice—. Y se fue de este mundo sin cumplir su promesa.
—¿Acaso querías que te matara?
—Cuando era niño odiaba tanto mi vida que por un momento lo deseé. Mi padre no me mató, pero mató todo en mí. Y desde que murió... no he confiado tanto en alguien como en ti y eso me aterra.
Lo abrazo porque a mí me aterra más saber que lo estoy engañando. Si se entera, no me puedo imaginar qué pasará. Se convertirá en mi enemigo número uno y tal vez nunca entienda que, como él, no tuve elección.
Estoy tan cansada que me seca y me lleva a la cama. Cuando me abraza con ternura me rompe. Casi es mejor que todo acabe cuando nos separemos. Así no tendré que lidiar con el peso de quien soy en verdad.