Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 35 #2
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Capítulo 35 #2

—Ni siquiera tienes el móvil...

—Siempre puedo mirarte.

Nos miramos con intensidad y sus ojos van a mis labios.

Luego hace un gesto nervioso con la boca.

Me cuesta mucho no ser yo quien coja sus gruesos labios con los dientes y disfrutar de ellos.

La llaman y se aparta. Luego tira de su sudadera hacia arriba y se la mete dentro de los leggings .

Ya me he fijado en que siempre usa ropas anchas.

Y es raro porque en el circo iba con maillot.

Una vez más acude a mi mente que hace años que no actúa.

Pero la he besado. Sabe lo que quiere y lo toma.

Es muy sensual. Algo no me cuadra en todo este puzle.

A pesar de eso, se nota que tiene un cuerpo de infarto. Un culo de esos que me gusta tocar mientras entro dentro con fuerza. Redondo y respingón. Y unos pechos del tamaño justo para mis manos y con los pezones rosados. Los recuerdo bien.

Va hasta los aros y la ayudan a subir. Luego hace movimientos con ellos y es increíble contemplarla.

He visto vídeos de ella en el circo de pequeña y, aunque hace años que no sube nada de esto, por cómo se mueve es evidente que no ha dejado de practicarlo.

Baja y habla con los chicos y las chicas.

Por sus caras se nota que no les ha dicho de quién es nieta porque todos conocen al gran Hadrian.

Luego bailan y hacen acrobacias. Es magnífico ver cómo se mueve.

Cómo siente la música. Atrae todas las miradas del lugar.

La gente se acerca y se hace el silencio y solo se oye la canción que han puesto.

No se conocen, pero sienten el ritmo y además están haciendo un número que sale en el circo de su abuelo.

Es una de las canciones compuestas para ese espectáculo, que se ha hecho mundialmente famoso.

Al acabar, la gente contiene el aliento y luego aplaude. Abbi corre hasta mí y tira de mis manos.

—Estoy seca. Necesito beber algo.

—Y muy sudada.

—Y todo esto lo has logrado sin follar. —Se ríe espontánea. Y sé por qué me gusta tanto. Porque ella es como aire fresco. Directa, divertida y sincera. Algo difícil de encontrar en mi mundo.

Por un momento no soy Dorian Wilson, solo soy uno más y me atrae. Me atrae elegir mi vida, aunque sea solo un segundo.

—Ponte esto si no quieres enfriarte. —Le doy mi sudadera y se la pone tras quitarse la suya rápidamente. Lleva un sujetador deportivo, seguramente por si la sacamos en medio de la noche. Se pone mi ropa y le queda casi como la suya. Como un vestido. Yo ahora solo llevo una camiseta blanca ajustada.

—Huele mucho a ti. —Toma aire y sé que le gusta. Le gusta tanto como a mí verla con mi ropa. Me hace sentir posesivo con ella.

—Te regalaré uno de mis perfumes para que puedas correrte pensando en mí.

—Ni de coña. No eres mi tipo, ¿recuerdas? —No replico, pero, por cómo me mira, los dos somos conscientes de que miente—. Pero me encanta tenerte de nuevo cerca.

—A mí, a ratos. —Se ríe. Y casi lo hago con ella. No recuerdo la última vez que me quise reír por algo o que sentía algo parecido a la felicidad.

Vamos hasta una zona donde hay sofás y música. Pedimos algo y Abbi me mira cuando descubre el cartel de «Aquí no servimos alcohol».

—¿Qué es este lugar?

—Un sitio de reinserción para personas que han tenido problemas en la vida.

—Vaya, nunca te habría imaginado aquí. —Nos sirven las copas y nos sentamos.

El lugar está bastante oscuro y la luz es de color violeta. La música está muy bien, la verdad, y aquí no hay nadie que me conozca.

—¿Cómo lo conociste?

Muevo tenso el vaso.

—Tuve un problema con el alcohol poco después de entrar a la universidad y, aunque mi abuelo no quería que buscara ayuda, yo sí necesitaba que alguien me dijera que no por beber era como mi padre. Y así encontré este sitio.

No le cuento que por culpa de lo que pasó y olvidé mi abuelo me tiene sujeto por los huevos.

—Yo una vez me emborraché en el circo y pinté bigotes a mi abuelo en todos los carteles...

—Original.

—Una putada, luego me tocó limpiarlo y reponerlo. —Sonríe—. No eres diferente al resto.

—Mi padre era adicto, Abbi, y yo esa noche... perdí la cabeza. Si bebiera sería como él.

—No lo creo...

—Soy un adicto.

—No, eres un joven que ha experimentado con el alcohol. Los errores de tu padre no son los tuyos.

—Lo llevo en la sangre.

—Eso son idioteces. ¿A cuántas reuniones fuiste?

—A una.

—Deberías haber ido a más.

—No.

Se ríe.

—Eres un cabezón. —Da un trago a su copa y gime—. Está muy bueno, aunque no tanto como tú.

—Eso es evidente. —Se ríe y nos miramos a los ojos y a los labios. Entonces hace algo que me deja noqueado: se sube a horcajadas sobre mí.

Pongo mis manos en su cintura, bajo la sudadera, y toco la piel de sus caderas.

—No voy a besarte. Pero quería mirarte más de cerca.

—No pienso quejarme.

Se mueve al son de la música y luego se acerca a mi boca.

No me besa, pero es como si me respirara.

Me está matando tenerla tan cerca y llevo mucho tiempo sin sexo.

La deseo tanto a ella que soy incapaz de conformarme con menos.

Aprieto mis dedos en sus caderas. Se muerde el labio de forma sexi, noto cómo mi polla se pone dura bajo ella y sé que se da cuenta.

—Podría correrme solo haciendo esto... —le digo.

Su respiración se agita y estoy perdido, a la mierda con todo. Acerco mi boca a la suya y nos besamos de nuevo. Lo que siento por ella me nubla la mente. Su sabor me embriaga y me vuelve adicto a sus labios. Le muerdo los labios y ella los míos.

Nos devoramos la boca mientras mi mano sube hasta el bajo de sus pechos por dentro de la sudadera y los toco sobre el sujetador deportivo que tan loco me ha vuelto cuando hacía ejercicios.

—Eres jodidamente flexible.

—Pues imagínate en la cama.

Rujo y se ríe antes de besarme. Tira de mi pelo y se remueve haciendo que mi polla golpee con los vaqueros.

No dejamos de besarnos mientras se mueve sobre mí y creo que voy a explotar.

Por eso me levanto con ella en brazos y sin dejar de besarnos vamos hasta las oscuras escaleras de emergencia fuera de este lugar.

Al llegar la suelto. Hace frío y no hay nadie.

Se aparta y se quita los leggings , luego me tira las bragas.

No me he dado cuenta de que sigue descalza.

—Soy toda tuya —dice segura de sí misma, como si supiera que si acepto seguir con esto lo pasaremos bien.

Saco de mi cartera un condón y muerdo el paquete. Lo abro y se lo doy. Me siento en las escaleras y se acerca segura. Abre mis vaqueros. Casi no puedo verla, pero me da igual. Lo que siento traspasa la oscuridad.

—Odio la oscuridad, pero contigo no me siento entre tinieblas. Tal vez podría ser como Psique. —Sujeta mi polla con fuerza cuando me bajo el bóxer—. Amarte a oscuras sin que me importe tu aspecto.

—No jodas este polvo hablando de amor.

Se ríe y pasa mi gota preseminal por el glande.

Meto la mano bajo su sudadera-vestido y toco su sexo rasurado y mojado. Muy mojado. Esparzo su humedad mientras ella sube y baja la mano. Meto los dedos dentro hasta que casi se corre y los saco para llevarlos a su boca.

—Chúpalos como si fueran mi polla.

—Lo siento, pero teniéndola delante prefiero disfrutarla a ella. —Aún no ha puesto el condón y baja la cabeza hasta meterse mi polla en la boca.

Se la mete entera y juro que casi me corro solo de sentir cómo me folla con su boca.

Sube y baja. Los ruidos que emite al tragar y chuparla me vuelven loco, por eso le quito el condón.

La aparto y me lo pongo yo antes de montarla a horcajadas sobre mí y hacer que baje hacia mi polla con mis manos en sus caderas.

Sabe lo que quiere y lo coge y en este momento me quiere a mí y yo a ella.

Noto la punta entrar poco a poco en ella. Está tan apretada que noto cómo los huevos se me tensan solo por la sensación de entrar en su cuerpo. Entro hasta el fondo y nos quedamos quietos. Entonces me besa y me saboreo en su boca mientras tira de mi pelo y sube y se deja caer.

—Tan jodidamente apretada.

—Más duro. —Tira de mi labio y subo la pelvis para ahondar más. Cojo su cintura y nos movemos de forma frenética.

Subo la mano por dentro de su sudadera y tiro de uno de sus pezones y luego del otro.

Gruñe y los imagino en mi boca. Nos miramos y ella lo hace como nunca me ha mirado nadie.

Es como si estar aquí, en este instante, conmigo fuera todo lo que desea.

Me siento deseado de verdad. Por quien soy yo, no por mi apellido.

Se mueve y me vuelve loco. Me lame la boca. Yo la suya.

—Te quiero devorar entera.

—Puedes venir a mi hotel, tiene servicio de habitaciones.

Paso las manos por su sexo y toco su mojado clítoris.

—¿Quieres mi lengua aquí? —digo y me muerde la boca para no correrse.

—¡Sí!

—¿Quieres correrte en mi boca?

—Ummm —gime solo de imaginar mi lengua devorando su sexo.

Su vagina me oprime y esto me hace perder el control y me hundo más adentro levantando la pelvis.

Mueve las caderas adelante y atrás mientras no dejo de acariciarle el clítoris. No paro de hacerlo hasta que se corre y juro que grita tan fuerte mi nombre que seguro que todos saben lo que ha pasado. Me da igual. La sigo y me corro con fuerza.

Y al acabar...

Me siento unido a ella.

No quiero escapar y eso me da más miedo.

Apoya su frente en la mía mientras tiemblo, pero no por el sexo, sino por lo que siento con ella. Esta mujer puede destrozarme de mil maneras posibles. La abrazo, no puedo hacer otra cosa salvo respirarla y sentir cómo cada instante a su lado se mete más bajo mi piel.

Al final me voy a tener que creer que estamos ligados por el destino..., esto no es normal.