Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 34
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Capítulo 34

D ORIAN

Busco enfadado dónde mierda están haciendo las novatadas, pero veo becados en la cafetería y no me cuadra lo que está pasando.

También veo a Edey jugando al baloncesto.

Me acerco a él y me lanza el balón, lo atrapo y lo tiro a la canasta sin mirar.

Encesto. Siempre se me dio bien el deporte, pero me aburría.

No suponía un reto para mí y mi mente inquieta.

—Hola, tío —me dice él.

—Hola, ¿sabes cuándo van a empezar las novatadas?

—Ni idea. Idelia es la que lo quiere organizar todo. Y dice que cuanto más desquiciados estén esperando, más los joderemos.

Eso hace que recuerde las marcas en el brazo de Abbi. Idelia es una cabrona y sabe cómo volverlos locos.

—¿Y sabes dónde está? —Siento que todo esto es cosa de ella y de su séquito de pelotas. No es la primera vez que va contra Abbi a solas desde que llegó.

—Ni idea. Pregunta a Hermes, los vi juntos antes.

Le digo que vale y me marcho agitado. Está claro que Idelia va a por Abbi porque me ha visto mirarla o a saber por qué.

Me conocen lo suficiente para saber que nunca paso tiempo con nadie.

Que soy un solitario y que de mí solo se obtiene un poco de sexo de vez en cuando, pero nada más.

Y que nunca me he interesado en pasar tiempo con los becados, primero por las normas y segundo porque no soporto que se rebajen tanto por dinero.

Pero con Abbi es todo diferente. Algo más fuerte que yo mismo me empuja hacia ella una y otra vez.

La elijo a ella por encima de mi soledad una y otra vez.

Porque a su lado es como si dejara de sentirme tan solo.

Voy hasta los pasadizos secretos y no los veo. No sé adónde mierda se la ha llevado. Odio esta preocupación por alguien que no soy yo. Quiero que se vaya, dejar de sentir. «Preocuparme tanto por alguien no me gusta...», me digo para convencerme.

¡Es desquiciante!

No dejo de buscarla en toda la noche y no la encuentro.

Voy a clase a primera hora como si nada y Abbi no aparece. Idelia sí está y me saluda con la sonrisa de alguien que sabe que ha movido ficha y ha jodido bien la partida. No puedo preguntarle por Abbi, porque si lo hago irán a por ella. Por eso me siento y me hago el tonto.

—¿Qué tal ayer? —me dice pasando sus uñas rojas por mi brazo.

—Genial, me la estuve cascando en la ducha toda la noche.

—Si necesitas ayuda...

—Tal vez lo haga.

Su mirada va hasta la puerta y la sigo. Veo a Abbi entrar; lleva el pelo más corto, por los hombros. Y, aunque sonríe, veo la tristeza en sus ojos. Se ha maquillado en exceso y anda con paso firme, pero no deja de rascarse la muñeca.

—Vaya, cambio de look —dice Idelia como si no lo supiera—. Ahora sí que está fea esa rata de feria.

Tenso la mandíbula y recuerdo que cuanto más se note que ahora mismo mandaría a todos estos a la mierda por Abbi, será peor.

¿Qué me pasa? Me siento lejos de Abbi y no la miro en toda la clase.

No puedo hacerlo. Tampoco voy a la biblioteca.

Ni la busco en la azotea. Pero me cuesta mucho.

Por eso me voy al gimnasio para matarme a ejercicios y poder sacármela de la cabeza.

Entro y me voy al fondo, a las cintas correderas, y como para joderme más el día, ahí está Abbi corriendo con el pelo recogido y el cuello al aire.

Lleva ropa deportiva; no le queda muy ancha, así que puedo ver su redondeado trasero moverse.

Siempre lleva ropas anchas, por eso me sorprende ver el cambio.

Creo que es su forma de joder a Idelia por lo del pelo.

Cuando se gira veo el pelo pegado a su piel sudada y la imagino así, pero conmigo en la cama. Es jodidamente sexi lleve el pelo largo o corto. O en una jodida coleta. No puedo apartar los ojos de ella.

No digo nada y me pongo a su lado. Quiero ver si soy capaz de estar a su lado sin caer en la tentación de decir cualquier cosa con tal de mantener una conversación con ella.

Corro y ella pone la misma potencia que yo. Sonrío al ver que quiere ser mejor que yo en esto y subo la potencia. Ella hace lo mismo. La oigo jadear, pero no se detiene. Es una puñetera cabezota, pero yo no pienso perder.

Lo subo y ella hace lo mismo. Nos miramos desafiantes. Está sudando y el sudor se pega a su camiseta. Veo sus duros pezones y me cuesta mucho no decir algo que inicie cualquier conversación. Estoy a punto de caer cuando mi máquina se detiene de golpe y casi me caigo. Miro a Idelia desafiante.

—Te necesito ya.

—No me toques los cojones.

—Tu abuelo pregunta por ti —dice y mira a Abbi—. Qué fea eres, por Dios.

—Como si me importara tu poco gusto —responde ella.

La miro de reojo mientras se baja de la cinta y va a por su toalla. Pasa por nuestro lado y saluda a Idelia, cosa que la enfurece.

—No la soporto.

—Pronto se irá...

—Te puedo jurar que sí. Y podrías ayudarme en eso. Podrías ayudarme a destruirla.

Aunque no quiero, mi mente evoca a Afrodita. A esa traidora que usó a Eros para ir contra Psique. Tomo aire y aparto las comparaciones de mi mente.

—No soy tu esclavo, búscate uno de ellos.

Pone mala cara, pero asiente. Andamos hasta el despacho del rector y allí mi abuelo, por videollamada, nos recuerda que no podemos dejar las novatadas al aire.

—Lo tengo todo controlado —le dice Idelia—. ¿Verdad que sí, cariño? —Toca mi pecho y su padre, el rector, nos mira contento por vernos tan cómplices.

—Sí. Ella sabe lo que hace.

—Por supuesto, y pienso aplastar todas las cucarachas.

Idelia es malvada y mezquina. Lo mejor para Abbi es que siga evitándola. Aunque lo hago porque no soporto lo mucho que necesito estar a su lado, también lo hago para que no vayan contra ella.

Dejo que el tiempo pase mientras solo somos dos compañeros de clase que nunca debieron haber cruzado sus vidas y ser algo más que eso. Pero esta decisión me hace sentir de golpe más solo, ahora que he probado lo que es tener a alguien más que tú mismo en tu vida.

Es lo mejor.

Aunque me duela.