Capítulo 29
A BBI
Dafna insistió en que nos pusiéramos unos vestidos bastante ceñidos y cortos para la fiesta.
Pero no me apetecía y tenía guardados algunos de los que mi madre me compra por si decido usarlos.
Al final opté por uno ancho, no muy ceñido, por encima de la rodilla.
Ahora estoy delante del espejo terminando de plancharme el pelo en modo sirena con un vestido plateado que bien podría parecer la cola de una.
No, no lo he elegido por él, por lo que le dije...
Mentira, sí quiero que me vea guapa. Nunca me ha importado lo que otros piensen de mí.
He tenido parejas, pero nunca me han mirado como si estar conmigo fuera lo mejor que les ha pasado en la vida.
Al final me cansaba de conformarme con todo.
De creer que si tenía paciencia todo iría a mejor.
Nadie me ha mirado nunca como si quisiera devorarme entera. Ni con ese fuego en la mirada, a un paso de que este te consuma la cordura. Ni una caricia me ha hecho sentir que podría arder en llamas si la profundizaba.
Termino de arreglarme y vamos hasta el gimnasio. Esta noche es de fiesta y nunca han hecho nada antes, no tienen por qué empezar ahora, cuando a Idelia le gusta tanto ser el centro de atención en estos eventos.
Por un momento quiero imaginar que solo soy una universitaria más que disfruta de la vida.
Al llegar, Mina nos pasa unos chupitos, que desconozco de dónde los ha sacado, y nos los tomamos de un trago.
Está malísimo, pero siempre he resistido muy bien el alcohol.
Al tercero ya me da igual el sabor. Bailamos con el resto de los estudiantes.
Busco a Dorian y lo veo apoyado en las escaleras mirándome.
No tiene ninguna bebida en la mano, solo el Zippo que usa para encenderse los cigarros y lo gira entre los dedos.
Lo mueve con rapidez, está claro que no soy la única que tiene habilidades con las manos.
Pensar en sus destrezas manuales me hace temblar de deseo... No vayas por ahí...
Va muy guapo, todo de negro, con la camisa arremangada en los antebrazos y dejando ver algunos de sus tatuajes.
Imagino esos brazos rodeándome o esos dedos entrando y saliendo de mi cuerpo...
Joder, cada vez este deseo por él es peor.
Más denso, más visceral. Muerdo el labio y sigue los movimientos de mis labios.
Contoneo las caderas entre la multitud, bailando solo para él en medio de este mar de gente.
Mina tira de mí para que bailemos juntas y baja por mi cuerpo como si quisiera insinuarse a alguien. Marvin nos mira y noto cómo me devora con los ojos. Su mirada me tensa porque parece diferente al amigo que conozco. Cuando se me acerca, va algo doblado. Joder, está borracho.
—Estás preciosa. —Me toca el pelo y me aparto. Se ríe—. Vamos, solo quiero bailar.
—Ya, claro, y yo soy monja —le dice Dafna y tira de mí hasta ella—. Menuda lleva. Y los que nos vigilan, mirando el móvil.
Miro a los profesores aburridos. Sí, están todos mirando el móvil. Dudo que les importe lo que hacemos.
Bailamos con el resto de los becados y admito que me lo paso bien. Giro y mi mirada se cruza con la de Dorian. Idelia está cerca, con un vestido impresionante que realza su cuerpo, pero, aunque trata de que todos la miren, Dorian solo tiene ojos para mí y eso me pone mucho.
Aunque intente evitarme, lo siento cerca siempre.
Como si tratara de huir de esto sin éxito.
Me muerdo el labio inferior con los dientes de forma nerviosa. Sigue mis movimientos y cuando Idelia se le pone delante la mira enfadado. Luego se aleja más. Yo me muevo hasta sentir a Marvin cerca. Dorian me hace una seña indicándome la puerta. Y veo la urgencia en sus ojos.
—Bailemos...
—Tengo que irme a un... irme.
Se ríe y me marcho sin dar más explicaciones.
No sé por qué sigo a Dorian fuera. Voy hasta una de las puertas que dan al exterior.
Y lo busco por los alrededores de la mansión sintiendo el frío de la noche acariciarme la piel.
Espero a Dorian y por eso me adentro en la oscuridad.
Ando entre los matorrales e imagino cosas para no dejarme llevar por el miedo que me producen las sombras.
Él tira de mi mano y dejo que me guíe por estos jardines medio a oscuras, solo iluminados por la luna. Conoce este lugar como la palma de su mano, sabe cada entresijo de él, por ser el heredero y por llevar años aquí. Seguramente para escapar de todo esto.
Vamos hasta un laberinto de los jardines.
—Me pregunto cuánta gente se habrá escondido aquí para tener sexo —comenta Dorian.
—A mí, mientras no me lleves en sacrificio al Minotauro, el resto me vale. —Se gira y sonríe. Tarde me doy cuenta de lo que acabo de decir—. Lo que quiero decir...
—Tal vez yo sea Teseo y quiera pedirte ayuda para acabar con el temido Minotauro.
—Entonces yo sería Ariadna, la princesa que lo ayudó para acabar con él y trazó un plan.
—En ese mito ella se enamora del héroe.
Corremos por el laberinto mientras contamos esta historia y la hilamos entre los dos.
—Aunque la historia no acaba bien. Ella lo ayuda, le entrega el ovillo de oro para que pueda salir del laberinto cuando mate al Minotauro y a cambio él la abandona en una isla tras escapar de ese lugar.
—Bueno, en la mitología hay historias muy cruentas. Suerte que solo la abandonó y no se la echó de comer al Minotauro. Tal vez es lo que yo voy a hacer ahora contigo. Te llevo como pago. —Lo miro mientras tira de mi mano hasta el centro.
—Sinceramente, no me extrañaría.
Llegamos al centro del laberinto y veo una estatua del Minotauro. Agrando los ojos.
—Esto no lo esperaba.
—A mis antepasados les gustaba atemorizar a los que llegaban al final. Les hacía gracia ver sus caras de horror al girar y ver los cuernos de este ser mitad hombre, mitad bestia.
Miro la estatua de piedra, con ese gesto tan feroz, y no me extraña.
—Se ve que lo de jugar a ser dioses os viene de familia.
—Al parecer, sí. —Lo miro y reparo en lo sexi que está esta noche. Se gira y su mirada se hace intensa al caer sobre mí.
Me suelto de su mano.
—Apuesto lo que quieras a que no eres capaz de pillarme.
Echo a correr y me sigue. Al poco me atrapa y caemos contra los setos, agitados.
Miro su boca, él la mía, y deseo que me bese, pero también ganar.
Le doy un pisotón y me suelta lo justo para que pueda echar a correr de nuevo.
Cuando me atrapa otra vez me coge con más fuerza, haciendo que su cuerpo se pegue al mío.
Lo miro agitada y temblando por su cercanía. Si me besara no se lo impediría. Lo sabe y por eso mira mi boca con oscuro y denso deseo. Pero aprovecho eso para escaparme. Maldice y corro por el laberinto.
Cuando voy a girar a la derecha tira de mí hacia la izquierda y me saca del laberinto.
Al salir estamos agitados y caemos sobre unos altos setos cuadrados.
Alza la mano y me acaricia el pelo. Acerca su nariz a la mía y la roza.
Aprieto más mi cuerpo al suyo. Ansío que me bese.
Lo deseo tanto que me duele el alma como si no implorarle un beso me desgarrara por dentro de deseo insatisfecho.
Oímos voces y Dorian se pone alerta y me aleja de este lugar para que no me vean. Estamos llegando a la mansión de la mano cuando se apagan las luces y la gente grita. Cierro los ojos, temerosa. Entonces siento su mano en mi cintura.
—Vamos.
—Yo debería estar ahí dentro. —Los oigo gritar y me pregunto qué narices están haciendo. Esto no entraba en los planes, es un giro de los acontecimientos. No estar preparada me altera.
—Vamos, Abbi...
—¡¿Qué está pasando?!
—Sangre falsa por todas partes.
— ¿Carrie?
—Idea de Idelia.
—¿Si te sigo vamos hacia una trampa? ¿Por eso me has sacado de allí?
Oímos pasos y me lleva hasta una esquina cogiendo mi brazo y ocultándome con su cuerpo, que se aprieta contra el mío. Solo nos ilumina la luz de la luna. Respiro agitada.
—¿Por qué me has protegido?
—¿De esos capullos? —dice cuando vemos que se alejan.
—No, de la sangre falsa.
—Era solo para que el resto del mundo no viera tu cola de sirena. Acabarían por experimentar contigo.
Su aliento me acaricia. Su boca me tienta y quiero consumirme en él. En el laberinto no me ha besado, pero mi cuerpo clama por un beso suyo. Y ahora mismo estoy demasiado agitada para pensar con claridad, cuando me ha sacado de este lugar para evitar que me jodieran como al resto.
—Bésame, Dorian Wilson.
Se lo pido queriendo olvidarme de todo. Siendo por un momento egoísta y pensando en lo que yo deseo seguramente desde que lo vi.
—¿Me has embrujado con tu canto? —pregunta pasando un mechón de pelo tras mi oreja.
—Solo es un beso..., has besado a muchas. ¿Qué te da miedo? Sé que me deseas tanto como yo a ti. A menos que seas un cobarde que tiene miedo de un simple beso. —Se tensa y luego acerca su boca hasta la mía.
—No tengo miedo a un beso sin importancia —dice rozando con su aliento mis labios. Solo eso ya me hace temblar de puro y denso deseo.
Trago con dificultad cuando se queda a milímetros de mí. Los dos sabemos que no será solo un beso más. Pero a pesar de eso damos el paso que falta y fundimos nuestras bocas.
Siento una descarga que me recorre de pies a cabeza.
Y me creo que un beso de su boca puede despertar a un muerto.
Solo nos acabamos de tocar y ya estoy temblando.
Acerca más mi cuerpo al suyo y coge mi cara con una de sus manos para girarla y llevar el control.
Me pone mucho que sepa lo que tiene que hacer.
Consigue que yo solo me centre en el placer de besarlo.
Cuando tu mente va a tanta velocidad, que se detenga por un instante es una pasada.
Se separa y me mira asombrado, como si él hubiera sentido lo mismo y le desconcertara. Luego me lame los labios antes de morderlos. Acerca más mi cuerpo al suyo y cuela una pierna entre las mías haciendo que mi vestido se suba un poco, pero ahora mismo no me importa.
Su lengua se adentra en mi boca y entonces me devora entera. Me muevo contra su pierna haciendo que mis bragas se mojen. Joder. Si sigo voy a correrme solo con la fricción.
Nunca un beso me ha puesto tan cachonda.
Nos besamos con desesperación por dar más al otro. Tiro de su pelo y él del mío mientras su otra mano se posa en uno de mis glúteos y los masajea con fuerza.
—Me has hechizado, sirena. —Me lame la barbilla y el cuello—. En verdad no quiero besarte.
—¿Quieres que toque el bulto de tu bragueta para ver si opina lo mismo? —Sonríe contra mi piel y me muerde.
Quiero su boca por todas partes. Lo necesito dentro de mí.
El beso cada vez se hace más intenso, más guarro, más mojado. Su lengua me devora y mi cuerpo se abre a él ansiando más, mucho más. Me duelen las paredes de mi sexo por la ansiedad de sentirlo dentro llenándome.
Gruñe en mi boca y sigue con el beso más alucinante de mi vida.
—¿Dorian? —La voz de Idelia hace añicos nuestra burbuja.
—Vete —me dice, y lo hago porque ahora no estoy lista para enfrentarme a ella.
Escucho cómo Idelia le dice a Dorian que la fiesta se ha jodido y todos han comprobado que sus métodos han cambiado.
Entro en el gimnasio, donde ya no queda nadie, y me restriego el potingue por el vestido y los brazos.
Huele fatal, pero no quiero que nadie descubra que no estaba aquí en este momento.
Eso sería horrible para mi plan. No puedo dejar que Dorian me ayude.
Si lo hace, mi abuelo se enfadará. Y más si sabe que tengo como aliado al nieto de las personas que más odia.
Tal vez me pediría que lo usara a mi favor y no quiero meter a Dorian en esto.
Voy hacia la residencia asqueada por este potingue. Me detengo a coger un móvil olvidado y cuando alzo la cabeza veo a Idelia y Dorian besarse.
Duele, duele mucho más que cada una de las novatadas. Sé que él y yo no somos nada. Que este beso solo ha sido uno más para él. El problema es que mi tonto corazón no lo entiende.
Tomo aire y voy hasta ellos notando cómo me duele el pecho. Al llegar, se ha separado de ella y parece enfadado.
—¿Os dejo condones? —Abro mi bolso con manos temblorosas y les tiro un paquete—. Siempre llevo, por si me entran ganas de follar. De nada. —Ando hacia mis escaleras—. Y gracias por el baño de sangre. Es muy bueno para la piel.
Subo las escaleras sintiendo que me rompo a cada paso.
Soy tonta. Lo sé, solo ha sido un beso de un mujeriego.
De alguien que regala sus besos a todo el mundo.
De alguien a quien le da igual a quién besa.
Pero a mí no me ha dado igual. Yo he vibrado con ese beso.
Yo he tocado las estrellas con solo acariciar su boca.
Y nunca he sentido algo así. Y ahora siento que algo tan increíble no he tenido la suerte de sentirlo un poco más.
Me hubiera gustado que los minutos se alargaran en ese instante si solo iba a tener la oportunidad de experimentar algo así una vez en la vida.
Como cuando te vas a comer la última cucharada de tu postre favorito y se te cae antes de llegar a tu boca. Te quedas mirando el dulce, sintiendo su sabor en los labios, pero con el amargor de haberlo perdido.