Capítulo 26
D ORIAN
Abbi no tiene nada en sus redes sociales o en su vida que la una a Uriel.
No hay nada en ella que apunte a que pueda ser nieta de Uriel.
¿La han descartado? No, nunca lo hacen con los becados, aunque sepan que nada tienen que ver.
Uriel era rubio, con grandes ojos azules.
Abbi tiene los ojos marrones y el pelo castaño.
Se parece mucho a su madre y a su abuelo.
He estado viendo fotos de su perfil de Instagram, que lo tiene abierto.
Últimamente sube muchas con Marvin, cómo no. Su nuevo mejor amigo.
No lo soporto...
Nos hacen estudiar la vida de todos, pero yo he mirado más de lo que debería todo lo relativo a Abbi.
La gente publica todo en redes y se queda guardado, aunque lo borres.
Y más para mí, que sé cómo hurgar en la red hasta encontrarlo todo.
Por eso sé que ha tenido dos parejas. Ellos la etiquetaron a ella.
Ninguna relación duró. Le encanta el chocolate amargo.
No le gusta el pescado y disfruta de los atardeceres.
Por lo que parece, también sabe dar saltos mortales.
Cuando era pequeña hizo varios que fueron grabados por la gente.
Y otro con unos dieciséis años, pero luego nada.
He visto vídeos de esa actuación y parecía feliz, es raro que luego no hiciera más.
Mi abuelo sabe todo de Abbi, como del resto.
Me obligaron al principio a registrar las redes y buscar cualquier cosa de ellos que pudiera apuntar a Uriel.
No hay nada, pero mi abuelo está inquieto y ya me ha llamado para avisarme de que no soporta que Abbi y otros compañeros sean tan listos.
Dice que algo deberé hacer. Porque amañar los exámenes está descartado.
Y yo no pienso hacer trampas, como alguna vez han dejado caer.
El abuelo me manda unas fotos de varias familias del servicio y veo a una llorando.
El cabrón habrá hecho algo para provocarme.
Les habrá bajado el sueldo o despedido. Le gusta jugar con el servicio porque sabe que yo odio que la gente que me ha criado pague por todo esto.
Cuando me perdí, fueron los que evitaron que muriera, mi abuelo no movió un solo dedo...
—Tenemos que hacer otro tipo de pruebas —digo cuando llego a la reunión de los cuatro de esta noche.
Tenemos una sala en las catacumbas con nuestras iniciales y escudos familiares y una mesa redonda al más puro estilo del rey Arturo. Todo para aparentar una grandeza que ninguna de estas familias ha tenido jamás; si soy sincero, no somos nadie.
—¿Qué quieres hacer? —pregunta Hermes Scott, que es igual que su abuelo. El retrato de los cuatro abuelos está tras nosotros. Posando orgullosos como fundadores.
—Algo diferente. Jodámosles la fiesta de otoño.
—¿No vamos a respetar esa fiesta? —pregunta Idelia.
—No. Porque es lo que esperan —añado y los cuatro asienten—. Tracemos un nuevo plan. Llevamos años siguiendo los mismos patrones y está claro que se los saben todos. Ya es hasta aburrido. Si queremos que funcione tenemos que hacer novatadas propias.
—Sobre todo, ahora que tienen toda la información —dice Idelia dejando en la mesa el panfleto que siento que procede de Abbi—.
Esto es cosa de esa circense. Dice que un hermano se lo dio...
, pero yo creo que ha sido ese bibliotecario el que le ha contado todo.
Seguro que por un poco de sexo —dice con desprecio hacia Abbi—. Tenemos que darles un escarmiento.
No me gusta la forma en que rompe el panfleto como si estuviera pensando en Abbi, pero yo también he dado por sentado que todo lo que ella sabe es por Marvin, que él se lo ha contado todo, y Abbi a sus compañeras, y estas se fueron de la lengua.
Los becados de otros cursos no cuentan nada por miedo a las represalias. Pero, al parecer, Marvin no tiene miedo. Seguro que Idelia prepara algo para él, pero no es mi problema.
La mente de Idelia es retorcida, así que los llevo a mi terreno planeando novatadas que no sean macabras ni muy arriesgadas, como a ella le gustaría. Si le dejara, las novatadas podrían ser muy peligrosas.
Rompo todos los planes y trazamos unos nuevos. Es hora de que nosotros movamos ficha y dejemos de seguir el patrón de nuestros antepasados.
—Que el juego comience —dice Hermes saboreando el momento de dar un paso más.
No pienso admitir que, en el fondo, pienso si todo esto no hará por fin que cierta becada huya de este lugar. A ver si finalmente muestra algo de cordura o no.
Le mando todo a mi abuelo y le digo que detenga todo lo que ha hecho, que pensamos subir el nivel. Responde con un frío «ok» y sé que eso nos dará un tiempo. Tiene que irse..., solo así volverá la paz a este lugar.
La idea de que ella se vaya debería aliviarme, pero no es así.
No hay otra forma. Si firma los papeles y pierde su capacidad de poder ser lo que quiera estará vendiéndose, como el resto.
De ella espero que no deje de ir contracorriente, como lo hace con cada sonrisa para desafiar a los que quieren hundirla.
Si firmara..., si aceptara las condiciones para seguir aquí, me sentiría tremendamente defraudado.