Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 21
39%

Capítulo 21

A BBI

Nos sacan del cuarto a medianoche. Estoy agotada. Entre estudiar, las clases, el trabajo en la biblioteca y las putadas casi no tengo tiempo para nada. Porque esto no son novatadas: son putadas a lo grande.

Ahora mismo bajamos las escaleras y nos llevan a una sala oscura, lo cual me aterra, pero me pongo a pensar en historias o cosas para distraerme.

No se ve nada y de golpe Idelia se ilumina la cara.

Como siempre, va impecable como si fuera una diosa, con tacones altos y el pelo recién salido de la peluquería.

Dan ganas de tirarle barro a la cara. Y no tiene nada que ver con que Dorian y ella parezcan pareja.

Y que siempre esté al lado de este. Por suerte, han dejado de tomarla a solas conmigo, de momento.

Miro a Idelia y luego enfoca a Dorian apoyado en la pared con gesto aburrido; pone mala cara y ella le quita el foco.

Hace semanas que nos ignoramos. Aunque lo busco sin querer en cada sala a la que entro.

Siempre está solo. O rodeado de gente con la que no habla.

Esa soledad duele más. A veces lo veo con el móvil y siento que está leyendo algo.

Subo siempre que puedo a la azotea. Lo busco allí sintiendo que un día dejará de huir. Me encantaría que dejara de hacerlo. A veces siento, al mirarlo, que somos las dos únicas personas que en una sala llena de gente nos sentimos en soledad.

Dorian está resultando ser mucho más de lo que esperaba.

Sobre todo, cuando corrige a los profesores, cansado de su incompetencia.

Lo haría yo más de una vez, pero no quiero destacar demasiado ahora que Idelia ha decidido dejarme en paz.

Los profesores siempre lo miran con odio antes de recordar quién es y darle las gracias.

La verdad es que no entiendo de dónde los sacan.

Pero, viendo este lugar, seguro que son enchufados o antiguos alumnos que saben lo que pasa aquí y les da igual.

Este lugar apesta lo mires por donde lo mires.

Por eso estamos aquí, esperando esta novatada sin que los adultos responsables hagan nada, porque años atrás ellos hicieron lo mismo.

Estamos en un sótano de la mansión. Este edificio tiene bajo el suelo varias salas y sótanos.

Antes se usaban para meter a los presos de la mansión o para putear a los empleados.

Siendo de los Wilson no lo descarto. Mi abuelo nos contó que en el subsuelo de la casa hay hasta un pozo.

O una sala que, si la cierras, puede llenarse de agua.

Antes era un pozo del que se sacaba agua.

Luego lo transformaron en una sala con puerta por la que no puede pasar el agua.

El techo es curvado y tiene, o tenía, una ventana al fondo.

Alguna vez han metido ahí a becados para asustarlos cuando el agua sube y crees que van a ahogarte.

Pero algo salió mal hace años. No sabemos qué pasó.

Dejaron de usarlo de golpe. Otro misterio de este lugar de mierda.

Pero mejor. Un lugar oscuro y lleno de agua no es donde quiera pasar mis noches.

El resto de las salas son de piedra y tienen cadenas colgadas. No he estado ahí desde que llegamos, porque están cerradas con llave. Pero mi abuelo tiene un mapa con todas las descripciones que le han ido dando.

Este sitio es donde más odiaba estar. Pero estaba preparada para ello porque mi abuelo compró una casa con sótano y nos ha encerrado ahí desde niños. Un puñetero psicópata es lo que es Uriel Nelson.

—La oscuridad, donde los mayores miedos salen a la luz —habla Idelia—.

Y más si este lugar está lleno de ratas, insectos...

y personas que van a aprovechar que no se les ve la cara para hacer lo que deseen.

Si aceptáis un consejo, corred y no os dejéis atrapar.

Y recordad: aquí no ha pasado nada, o si no, haberos ido, pedazos de mierda.

Pero os pudo el morbo de ser tocados sin permiso.

Dais asco... o no. Porque yo también voy a tocar... ¡Tres!

No espero más y me marcho hacia donde estaba Dorian. ¿Por qué? No lo sé. Pero voy hacia él.

—¡Dos!

Estoy casi llegando cuando toco la pared.

—¿Dorian? —Intento calmarme, pero la oscuridad y que me manoseen sin mi permiso me aterran mucho.

Mi abuelo me obligó a hacer esta prueba, el cabrón, y me dejó más secuelas que ya tenía por culpa de algo que pasó en el circo.

Por eso no quiero pasar por ella. Aunque, por lo que sé, la gente solo te toca si quieres y solo pasa algo si te apetece tener sexo.

Esta prueba es más bien para una noche de placeres prohibidos. Lo sé, pero no por eso me aterra menos.

—¡Uno!

—¡Dorian! —grito y siento a alguien ponerse tras de mí cubriéndome con su cuerpo, como aquella vez cuando salimos a correr.

—¿Por qué me eliges entre todos los males? —Sube su mano por mi costado.

Tiemblo, pero no es de miedo. Es algo más denso, más peligroso, que siempre está ahí cuando me toca. Me arrepiento de haberlo buscado y de quedarme a su merced, pero algo me decía que él no era el mal mayor.

—Tal vez porque a ti no te atraigo nada.

Su mano se queda cerca de mis pechos y noto que se ponen duros bajo el calor de su palma. Quiero que me toque y no puedo contener la presión bajo el estómago.

Me gira y apoya mi espalda en la pared. Entonces su cabeza se acerca a la mía. Su aliento me acaricia los labios y mojo los míos como si así pudiera saborearlo. Tarde me doy cuenta de que estamos a oscuras y no tiemblo de miedo. Tiemblo por él.

—Dorian, vamos —es Idelia quien habla y, cuando nos va a enfocar, él me empuja y veo cómo Idelia va hasta él—. Los cabrones se lo están pasando bien..., vamos a gozar. —Le va a tocar la polla, pero él la detiene.

Idelia pone mala cara.

—No olvides que eres mío. Nunca podrás escapar de los deseos de tu abuelo. —Dorian mira hacia mí y ella se marcha sin verme.

Nos quedamos a oscuras y espero que me encuentre, pero alguien tira de mi mano. Grito y pataleo, pero no me suelta. Me lleva hasta una zona húmeda y, aunque pido ayuda, no me hace caso.

Me quedo en blanco, recordando un momento parecido.

D ORIAN

Oigo los gritos de Abbi y enfoco con la linterna.

La gente que está asustando a los becados tiene órdenes de no tocar ni violar a nadie.

Solo cogerlos de las manos y hacerles creer que pasará algo más.

Pero no me fío. Por eso, cuando oigo sus gritos desgarrados, noto que se me clavan en el pecho y siento deseos de liarme a puñetazos con el cabrón que sea que la esté tocando.

Y, de golpe, la nada; no sé dónde está. No la oigo.

La busco por estas salas oscuras, pero este lugar parece un laberinto y es fácil perderte en él, aunque yo no porque me lo sé de memoria.

Está lleno de pasadizos y salas secretas.

Voy de una a otra y veo a gente que se está dando el lote.

El morbo los pone cachondos. En una sala está Idelia liándose con un par de tíos.

Y en otra, Hermes y Edey con dos tías. Pero no son los únicos.

Varios becados se han dejado llevar por el placer de enrollarse con alguien que no sabes quién es.

A mí esta prueba no me gusta. Pero el primer año también me dejé llevar, hasta que salí asqueado.

Los gemidos se mezclan con los gritos, pero ni uno solo es de Abbi.

Cada vez que enfoco con la linterna temo ver que están abusando de ella o que ella está ahí de buen grado.

No quiero verla con otros. Llego hasta el final enfadado y la veo al lado de Marvin, el bibliotecario.

El capullo con el que pasa casi todas las tardes.

Él le seca las lágrimas y la abraza. Marvin me ve.

—Si la violas te juro que te destruyo.

—No se puede violar, capullo.

Marvin me odia. A mí y a los otros tres. Pero en este momento yo lo odio más a él. Sobre todo, cuando Abbi se marcha con él sin mirarme siquiera. Que me duela verla con él es raro. Me ahoga y me hace desear destruir cosas.

Llevo más de un mes ignorándola o eso cree ella; en realidad, la miro de reojo cuando entra en la cafetería con ojeras y una sonrisa para no dejar que nadie crea que le afecta todo esto. Aunque desde ese día en la biblioteca intento no buscarla con la mirada.

Por eso, cuando vino hacia mí, me sorprendió y no pude evitar tocarla; me muero por hacerlo casi desde el primer día, aunque no quería admitirlo.

Me duelen las manos por resistirme a hacerlo.

Solo sería un roce, una caricia o tal vez un beso robado.

He regalado muchos, pero con ella sé que todo sería diferente.

Por eso me obligo a estar alejado de ella.

Pero me buscó y su cuerpo menudo me tentó.

Sentí su aliento en mi boca. Quería besarla, saborearla lentamente.

Perderme en su sabor sin pensar, sin que importe quiénes somos lejos de esta oscuridad.

Pero Idelia rompió el momento y me devolvió la cordura.

Mejor, porque no quiero cruzar esa línea.

Siento que, como la cruce, nada será igual tras ella.

Subo a la azotea al atardecer y veo a Abbi sentada donde siempre. No me mira, tampoco me pregunta nada.

—Mi historia mitológica favorita es la de Eros y Psique. ¿La conoces? —me dice.

—Sí.

—Él era el esclavo de su madre. Lo obligaba a hacer cosas que no quería y Afrodita odiaba tanto la belleza de Psique que la mandó matar con una flecha directa al corazón.

Pero Eros se enamoró de Psique y la ocultó en la oscuridad para que nadie pudiera encontrarla.

A pesar de no ver nada, ella se enamoró de él... y él de ella.

—Pero no le bastaba con eso y quiso verle la cara, por si acaso Eros era un ser horrible.

—Hay gente horrible que luce las más bellas caras y ahora cállate, que viene la mejor parte.

—La miro de reojo: sonríe de esa forma dulce y sincera cuando me cuenta algo que le apasiona—.

Ella lo quemó con el aceite y él, enfadado, se fue.

Pero ella lo buscó por todo el mundo hasta llegar al infierno, donde cayó presa del sueño eterno.

—Se levanta y va hacia la barandilla—. Él se arrepintió y fue a buscarla, bajó a los infiernos por ella y la besó. Ese beso la devolvió a la vida.

—Muy a lo Blancanieves.

—Tonto. Me gusta esta historia porque quiero creer que, a pesar de los deseos de otros, al final prevalece lo que más amamos por encima de todas las cosas.

La miro mientras se sube a la barandilla y camina por ella.

—Para que me gustara esta historia tendría que creer en el amor.

—Y no crees.

—Ya no.

—Es triste. —La miro y me dice adiós con la mano—. Nos vemos en el infierno —dice en plan dramático y luego se deja caer. ¡¿Pero qué cojones...?!

Se me para el corazón y voy hasta la barandilla pensando que esta loca se ha matado. Este final melodramático le pega. Cuando miro, está abajo, en un balcón, y puedo jurar que recuerdo cómo se respira de nuevo. Ahora mismo la quiero matar por este susto de mierda.

—Estás loca.

—Pero te importo, tu cara era de puro terror.

—No quería que me cargaran con tu muerte.

—Mi abuelo siempre dice que la gente solo ve la verdad que le interesa.

Que, aunque tengan delante de sus ojos el camino correcto, solo se fijarán en el que prefieran y no el que deban, por eso la magia sorprende a niños y adultos, porque usando las palabras adecuadas y el enfoque perfecto puedes engañar a todos.

Y tras esto, alza un pañuelo negro y desaparece. Vamos, no me jodas.

Veo que donde ella estaba hay una nota. Bajo hasta ese lugar. Es una antigua clase que ya no se usa. Salgo al balcón y veo que hay un colchón que ha detenido su caída. En la nota pone:

Sabía que volverías, espero que te haya gustado el número. No vuelvas a huir de mí, me gusta hablar contigo... de todo. Y a esta becada no le importa que seas un dios y ella, una simple mortal.

P. D.: La historia de Freya y las valquirias me encanta. Espero que la próxima la compartas conmigo.

Es raro saber que lleva días preparando esto. Sabiendo que un día volvería a este lugar y me haría este truco. Es raro considerar que alguien en este mundo piense un poco en mí a cambio de nada. Entro dentro y veo el libro que se me cayó y que dejé en el suelo. Sobre él hay un pósit:

Otra vez lo recoges. Y más este, con esa portada...

Salgo con el libro pensando que tal vez la he evitado para nada. Ella me ve a pesar de que nadie se dé cuenta. Y tal vez ese sea el problema, que siento que ve demasiado y me aterra.