Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 22
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Capítulo 22

A BBI

Subo a la azotea y me pierdo en el atardecer. Hace frío y llevo bajo la sudadera una camiseta térmica. No puedo ir con el abrigo porque la gente lo vería raro. Y hay demasiados espías por los pasillos, por eso subo aquí sin que nadie me vea ni despertando la curiosidad de nadie.

La noche cae cada vez antes. Y Dorian no aparece.

No debería esperarlo, es mejor así. Lo sé.

Pero aquí sigo, como si sintiera que debo romper sus defensas.

Al mirarlo me veo a mí misma muchas veces.

Cuando eres diferente poca gente entiende cómo te sientes.

Y, aunque lo expliques, no es lo mismo que una persona a la que le basta una mirada para comprenderlo todo.

Eso me pasa con Dorian y estoy siendo idiota. Irresponsable y tonta, pero aquí sigo.

Bajo a mi cuarto con la mala suerte de cruzarme con Idelia. Me contempla de arriba abajo. Va con un precioso vestido de fiesta. Está claro que tiene un evento.

—¿Qué miras?

—Nada. —Se me acerca, aunque no hacía nada. Aunque solo la observaba de reojo.

Sus amigas la siguen cuando me acorrala contra la pared.

—No tienes permiso para mirarme.

—Un día te tocará irte de esta universidad y ese día la vida te dará una bofetada, cuando no haya cientos de personas lamiendo tu horrible culo. —Vale, debí callarme, pero no puedo.

—Creo que no sabes quién soy fuera de aquí. Deberías poner más atención a las páginas de sociedad.

—No, gracias. Te tengo muy vista. Si coincidimos más acabaré vomitando por el horror.

«Cállate», me dice la voz de la cordura.

Idelia cada vez me mira más enfurecida. Odia que no la tema, que no la idolatre y que le sostenga la mirada con fuerza.

—Dadle un escarmiento. Lo que sea con tal de que no le queden fuerzas para faltarme al respeto. —Mira su móvil—. Yo me marcho, que Dorian ya está listo para la fiesta.

Saber que va con él a una fiesta me retuerce las tripas. No me gusta verlos juntos, pero sé cómo acaba esta historia. Ellos dos casados, para que sus familias afiancen más sus alianzas.

Se marcha, y sus amigas, vamos, las idiotas que la siguen a todas partes por las migajas que les da, tiran de mí hasta un cuarto de limpieza y me encierran en él. No es lo peor que me podían hacer.

Lo malo es que no llevo el móvil y no sé cuándo me sacarán de aquí.

Golpeo la puerta, pero nadie hace caso. Este lugar está podrido por todas partes y la gente no se ayuda cuando está en apuros.

Si me oyen gritar pidiendo ayuda se mantienen al margen, pensando que es una novatada y que si hacen algo les traerá problemas.

Hasta que un día los becados digan basta.

La puerta se abre cuando la luz del techo hace amago de apagarse y aparece Dafna.

—Me pareció oírte cuando pasaba por aquí. —Me enseña una horquilla del pelo—. Por esto siempre es bueno llevarlas. Vamos.

Salgo del lugar y nos dirigimos a nuestro cuarto. Le cuento lo que ha pasado.

—Al parecer, Idelia suele tomarla con algunas mujeres que le hacen sombra.

—Tiene sus propias novatadas. —Se sienta en el sofá tras ir a buscar una bolsa de patatas a su cuarto.

—Eso parece.

La puerta se abre y aparece Mina. Entra y coge patatas.

—¿Eras tú la que pedía ayuda en el armario de la limpieza? —Se interesa.

—Sí.

—Lo imaginé y salí corriendo, por si me metían a mí en otro. Lo siento, pero estoy harta de las novatadas.

—No pasa nada. Yo habría hecho lo mismo —le respondo, pero miento; yo la habría ayudado.

Mina nos cuenta que ha ido con Marvin y Elias a la sala de juegos y que podríamos bajar y así despejarnos un poco.

Lo hacemos, aunque no tengo muchas ganas, pero tampoco me apetece quedarme sola en mi cuarto tras pasar horas encerrada también sola en el armario.

Al bajar, muchos me preguntan si me duele la garganta de gritar pidiendo ayuda.

Capullos. Este lugar no cambiará como la gente no se plante.

Veo a becados con gente rica como si nada. Como si luego no los putearan. Claro que yo hago lo mismo buscando a Dorian en la azotea. Pero al mirarlo siento que él es tan esclavo de este lugar como yo.

Vamos hasta la mesa de billar y jugamos varias partidas. Esta noche los dioses no están, han ido a una fiesta en la ciudad. Se respira más tranquilo, sobre todo sin Idelia cerca.

—¿Preparadas para la fiesta de otoño? —pregunta Mina.

—Yo sí —apunta Marvin—. Me voy a poner el mismo traje de siempre para eventos, por si me lo joden.

—Pues yo no, me he comprado un vestido que quita el hipo —apunta Mina y me mira—. Por una vez podrías ir... menos así.

Dafna la mira como si le quisiera sacar los ojos. Hasta que pestañea como si recordara algo y pasa de ella. En verdad la entiendo, a Mina no sé cómo clasificarla.

—No, gracias —le respondo tranquila.

Hablan de la fiesta mientras jugamos al billar y Dafna me dice que no le haga ni caso con lo de la ropa. Es lo que haré. Al final no puedo con más mierdas de las que ya soporto en este sitio. Si dejo salir todo lo que me inquieta de golpe temo no poder estar fuerte para las siguientes novatadas.

Es tarde cuando decidimos ir a dormir. Voy a por una botella de agua a una de las máquinas expendedoras de los pasillos antes de subir.

Las máquinas no funcionan con dinero. Tan solo metes el código de la bebida que quieras y cae.

En la sala de descanso no quedaban botellas frescas en las zonas de refrescos.

Marco el código y espero mientras escucho unos pasos y la risa de Idelia.

Sus tacones resuenan por el pasillo. El agua cae, y cuando la cojo veo a Idelia al lado de Dorian dejándose caer como si estuviera borracha y no se pudiera sostener en pie. Él se molesta y la suelta en uno de los bancos del pasillo.

—¡No me dejes así!

Él la ignora y sigue andando. Su mirada pasa de molesto a cansado. Hasta que se da cuenta de que ando cerca y se endurece.

Idelia va tras él con los zapatos en la mano y al pasar por mi lado me sonríe con suficiencia.

Idiota.

—Tienes buena cara, somos demasiado buenos con la escoria en este lugar.

—Sí, por eso tú te crees una diosa en un lugar que apesta a mierda.

Su mirada es de rabia. Al final me van a matar, pero por bocazas. Aunque ha merecido la pena por su cara de furia.

Subo a mi cuarto pensando en la mirada de Dorian. Es por esa mirada que sé que seguiré buscándolo en cada atardecer.