Capítulo 20
D ORIAN
Necesito un libro de la biblioteca, o más bien me he cansado de releer todos los que tengo en mi cuarto.
No pienso admitir que vengo a buscar uno para ver si me cruzo con Abbi.
Evitarla es una de las mejores decisiones que he tomado.
Esa y dejar de acostarme con Idelia. Este año está más insoportable que nunca.
Se le ha subido a la cabeza que la idolatren y cada vez tiene más gente a su alrededor dorándole la píldora.
Se cree intocable. Que le hayan dado varios premios de belleza y la inviten a eventos para lucirse no mejora las cosas.
Se considera una puñetera diosa... Afrodita. Descarto ese pensamiento que me llevaría a recordar a cierta becada.
Entro en la biblioteca y me recibe la risa de Abbi.
Pronto recuerda dónde está y se tapa la boca.
Está colocando libros al lado de Marvin, que se la come con los ojos.
Abbi va con una sudadera ancha, pero él la devora como si estuviera desnuda.
No soporto a ese imbécil y nada tiene que ver que quiera meterse entre las piernas de la becada más insoportable de este lugar.
Voy hasta los libros que busco. Abbi no me ha visto. Y observo cómo trabaja ajena a mis miradas. Tiene ojeras y gesto cansado. Pero aquí sigue, y eso me da mucha rabia porque no entiendo por qué no se quiere lo suficiente para decir basta.
No merecen mi respeto si soportan tanta humillación y no dan un paso adelante exigiendo algo mejor.
Lo mismo es porque les pone esto. A saber. Busco varios libros y se me cae uno de arte. En la portada está la obra de Antonio Canova Psique reanimada por el beso del amor . Muestra el momento en que Eros bajó a los infiernos y la besó, incapaz de aceptar el destino de su amada.
Miro el libro y lo dejo ahí, asqueado con las puñeteras casualidades que me recuerdan a cierta becada de grandes ojos almendrados.
Despierto agitado. Tengo el móvil lleno de mensajes de Idelia de las novatadas de esta noche. Los han hecho correr hasta cansarlos. Hay vídeos de ellos riéndose cuando les ponían en el oído un sonido fuerte y se asustaban. Todos menos Abbi, que no se inmuta y sé que sorda no es.
Idelia la mira enfadada.
Dejo el móvil y me marcho a la ducha para quitarme el sudor por las pesadillas. He soñado con mi padre y luego con la nada. Y me pregunto si en esa nada está la única noche que he olvidado en mi vida y con la que mi abuelo me presiona.
El agua me cae por el cuerpo y me enjabono.
Me llevo el jabón a la polla y me tienta hacerme una paja para relajarme.
Empiezo a hacerla, pero de golpe en mi mente aparece Abbi arrodillada ante mí, lamiéndomela y mirándome con seguridad.
Con la seguridad de alguien que, a pesar de estar de rodillas, sabe que tiene todo el control sobre la otra persona.
Aparto la mano y me ducho con agua fría. No quiero ceder. Ella no es especial. Solo es una becada más que se ha colado bajo mi piel. Solo eso.
Mi pregunta es cuánto tiempo seguiré evitándola y mirándola cuando nadie me ve.