Capítulo 18
A BBI
Empiezan las clases y sí, cuando llegué de correr me esperaban con espuma de afeitar, que me echaron por encima y me cayó dentro de los ojos.
Acabé con la herida infectada y los ojos rojos.
Todo lo grabaron, así que no tuve que explicar a mis compañeras por qué me lloraban tanto los ojos al día siguiente.
He tomado notas de todo, pero me ha dado lástima que, si esto sigue y alguno de mis tíos o mi padre tiene una hermana o una prima, pase por esto. Una cosa es algo contra todos. Otra es contra ti. Pero esto solo me hará más fuerte, lo sé. No pienso dejar que me hundan.
Por suerte mi abuelo no vivirá cien años, o sí, quién sabe, por eso puse esas notas.
No he visto a Dorian desde el amanecer en que nos encontramos por casualidad y casi ardí entre sus brazos, algo que odio admitir, por cierto.
Pero seguramente lo veré en clase. En esta universidad, o estudias Empresariales o Administración de Empresas.
Además, hay clases de mates y lengua. Y varias especialidades por si quieres ampliar conocimientos.
Pero no hay mucho donde elegir. Yo estudio Empresariales y, por lo que sé, Dorian ya acabó la carrera de Administración de Empresas con la mejor nota y esta es su segunda carrera; va a ser duro de batir.
Pero yo no estoy aquí para estudiar lo que quiera, sino lo que esperan de mí.
Para mí es altamente aburrida y no me desafía.
Sacar buena nota en los otros cursos fue pan comido.
Tener que ajustar mis conocimientos para no destacar, horrible, pero mi abuelo quería que no llamara mucho la atención.
Me tuve que conformar con un notable cuando sabía que podía sacar matrículas.
Pero aquí puedo destacar y cuando acabe con mi cometido de sacar la mejor nota de mi clase al acabar el curso todo habrá acabado.
Entro a la primera clase agotada. No estoy durmiendo bien por las pruebas; a primera hora de la mañana nos sacaron de la cama para hacer sentadillas. Lo hacen aposta para que no nos quede tiempo de estudio. Por suerte, esta vez yo era una más.
No estaba ni uno solo de los hijos de los creadores. Pero sí todos los que se mueren por una atención de estos y que van con las caras tapadas para que no sepamos quiénes son, cobardes de mierda. Todos menos los nietos de los creadores y sus amigos.
Aunque no siempre es oro todo lo que reluce y yo lo sé muy bien.
Ando hasta la primera fila con el chándal puesto.
Es horrible, pero es ancho y me siento más cómoda con él.
El resto van con faldas o pantalones. Ellas casi todas con faldas y las camisas bastante ajustadas.
Muchas han personalizado con broches el uniforme para darle un toque propio.
Yo paso de hacer nada de eso. Chándal gris horrible y punto.
Hace juego con el morado de mis ojos, que cada vez está mejor, por suerte.
Saco mis cosas, lista para empezar a desplegar mi encanto académico.
Aunque tal vez eso haga que pronto descubran mis armas.
Mi abuelo Uriel no tenía claro si era mejor pasar el curso anterior desapercibida y ahora sacar toda la artillería, por eso quería que hiciera dos cursos fuera del internado, para que no me tuvieran tan en cuenta, y luego solicitar la beca para acabar aquí los años que me quedasen.
Solo tengo que sacar la mejor nota una vez al final de un curso y eso hará que Uriel lo recupere todo y salga de entre los muertos para reclamar su herencia a sus cuatro amigos.
Si mi abuelo se muere antes, la herencia se pierde.
Si fallo este curso, me quedará el otro, pero si fallo el otro..., mi abuelo Hadrian podría ir a la cárcel, o no, pero su espectáculo se verá afectado.
Sé que cuando destaque irán a por mí, pero he sido entrenada para esto.
Toca ir a por todas.
D ORIAN
Entro a clase casi de los últimos y solo hay sitio delante.
Cómo no, todos odian estar cerca del profesor.
A mí me da igual. Ando hasta la primera fila y veo a Abbi sacando sus libretas y colocando los bolígrafos por colores.
Idelia la mira y se ríe de ella porque ha elegido el chándal horrible de los becados para venir a clase y la ve como una pardilla.
Pronto ha olvidado todo lo que oculta debajo; tal vez ella sí, pero yo no.
A veces, cuando duermo, la imagino sobre mí, desnuda, y despierto agitado y excitado como nunca, pero no he cedido a hacerme una paja porque sé que pensaría en ella para correrme y no quiero hacerlo.
No quiero creer que me importa más que otros becados.
Solo es una más. Una que me atormenta cuando no puedo evitar pensar en ella.
Sobre todo, tras ese amanecer en que su cuerpo se pegó al mío y me sentí...
bien, joder, muy bien, quería tocar sus curvas.
Pegarla más a mí. Acariciarle el labio fue un error: era suave y firme.
Lo quería en mi boca. Entre mis dientes...
Ella me hace sentir cosas que nunca han estado en mí y no me gusta, por eso paso por su mesa y se lo tiro todo.
—¡¿Se puede saber qué haces?! —Al ver que soy yo su mirada se oscurece más—. No podía ser otro.
—Lo siento, becada, no podía pasar. —Me dejo caer a su lado y, como ya suponía, recoge todo con prisas y se olvida de organizarlo—. A ver qué tan lista eres. Tu media es de notable. Aunque se dice que eres superdotada.
—Me costó adaptarme, demasiadas fiestas y sexo descontrolado. —No me sostiene la mirada. Por eso sé que miente. Cuando dice algo real sus ojos se llenan de brillo. Curioso. Abbi pone pasión en lo que hace con el alma. Y ahora miente. No pienso olvidar este dato.
Me mira de reojo observando mi uniforme, que odio, por cierto.
Llevo un pantalón negro y una camisa blanca algo abierta.
No llevo la chaqueta ni nada más porque no hace frío para ir con ella.
Si no le gusta al rector de la universidad, que se joda.
No pienso asarme de calor solo porque un día se le ocurrió a mi abuelo que lo mejor para que se notara que era un lugar de categoría era lucir uniformes y que se separaran bien las clases. Para que no se mezclen, claro.
—¿Mucho sexo? —Me mira de reojo y se sonroja.
—A todas horas y en todas las posturas. —Su mirada es esquiva—. Me encanta el sexo. —Ahora no y la miro sorprendido. Así que miente en lo del sexo sin parar, pero no en que le gusta follar. Vale.
—Qué bien, pues si alguna vez quieres hacer algo con todo lo aprendido, puedo ayudarte a descubrir alguna postura nueva —se sonroja—, pero por escrito. No te vayas a creer que es una propuesta. Para que puedas sacar el mayor partido en la cama.
—Por lo que dicen, tienes mucha experiencia. Tal vez te pida consejo.
Su sonrojo va en aumento. Se muerde el labio con sus blancos y rectos dientes; ahora soy yo el que tiene un problema. Imaginarla sobre mí no es tan horrible como podría creer. Por un segundo fantaseo con ella arrodillada a mis pies tirando de mis vaqueros.
Me remuevo inquieto.
—Pero, recuerda, no es porque te desee a ti.
—Antes me hago el harakiri que liarme contigo. ¿Sabes lo que es?
—Sí, yo mismo puedo comprarte el tant ō . Porque los dos sabemos —me acerco a su oído— que si desplegara mis encantos caerías a mis pies. —Tomo aire y cometo un error; huele a vainilla, un perfume sutil pero fresco a la vez. No recargado y muy placentero.
Dan ganas de lamerla entera..., aunque a mí no, por supuesto.
Se gira y quedamos muy cerca. Su boca está a centímetros de la mía. Y puedo ver la forma de corazón que tiene. Es jodidamente preciosa sin hacer nada. Solo eso explica por qué me veo atrapado por ella. Solo siento atracción por una chica guapa, solo eso.
Aparta la mirada, pero antes he podido contar las catorce manchitas que tiene en sus ojos, que van de más claro a más oscuro... Parpadeo agitado recordando las normas. Las que dejan claro que las líneas entre los becados y nosotros no se cruzan.
—En tus sueños. Y no necesito ese pequeño cuchillo para quitarme la vida. Yo optaría por la katana. Por marcar la diferencia. —Cómo no, es como si le gustara ir contra el mundo. Tiene un punto rebelde que la va a meter en problemas.
Sobre todo, con Idelia. Que cuando ve a alguien que destaca más que ella hace lo imposible por joderle la vida. No le gusta que nadie sea más guapa o más feliz que ella.
Sonríe y me gusta hablar con ella de todo.
Si le digo a Idelia algo de esto no lo entendería, no sabría que un tant ō es un arma corta, a veces de doble filo, con la que los samuráis se quitaban la vida para morir sin perder su honor.
Pero Abbi sí lo sabe. Y es agradable hablar de algo más que de novatadas o de perseguir a todos los que llegan a este lugar.
La clase empieza y Abbi toma notas de todo a pesar de que el profesor va muy rápido. Yo no hago nada. Solo me quedo quieto memorizando cada cosa que dice. Algo maravilloso cuando tienes una vida feliz, una mierda cuando tienes un padre alcohólico que encuentra divertido amargarte la vida.
Yo estaba con él el día que murió. Y en ese momento... deseé que se muriera. Cuando ocurrió sentí que lo poco que me quedaba de humanidad se había ido porque, aunque yo no lo había matado, sí deseé ese final y sentí que lo sucedido era culpa mía por desearlo con tanta fuerza.
Aparto ese pensamiento de mi mente y mi mirada va a la perfecta letra de Abbi. Tiene mal varios datos y cojo el bolígrafo para corregirlos.
—¿Se puede saber qué haces?
—Este profesor es un poco idiota. Y dice cosas sin sentido, o sin datos reales. Si no me crees, mira el libro.
Cómo no, coge el libro y comprueba los datos, luego se siente perdida. Su mirada deja de tener ese brillo y cuando me mira parece agitada.
—¿Cómo lo sabías?
—¿No estabas al tanto? Soy superdotado como tú, y cuando me aburro leo todas las materias.
—Lo de que eres superdotado lo sabía... —Parece agitada—. Pero no esperaba que lo leyeras todo antes. Soy mejor que tú, por cierto, se acabó el chollo de ser el número uno.
—Eso ya lo veremos.
Abbi no dice nada, solo se gira a la clase y deja de tomar notas.
Se ha dado cuenta del nivel que tiene el profesor y de que yo, sin hacer casi nada, sé más que él solo tras haberme leído el libro una vez por aburrimiento este verano, porque a mí sí me pasan las materias elegidas antes, a los becados, no.
He replicado a los profesores en todo lo que hacían mal.
Odiaban tenerme ahí, pero, claro, mi abuelo les pagaba por soportarme.
Yo no tengo la culpa de ser más listo que ellos.
Mi abuelo no me cambió de curso, porque era su mejor baza para destacar muy por encima de los demás estos cuatro años de carrera.
Venir a clase para mí es un aburrimiento, pero aquí estoy y, como me aburro tanto, cojo la libreta que Abbi ha dejado de usar y le escribo una historia que leí hace años.
Sobre Freya, la diosa del amor nórdica. Que transformó a un hombre en jabalí y se la ve muchas veces representada junto a él.
Porque ella era la líder de las valquirias, las guerreras que elegían a los mejores guerreros muertos en batalla para llevarlos junto a Odín en el Valhalla.
Me arrepiento y la arrugo tras arrancarla. ¿Qué narices hago?
Salgo de clase y el profesor me llama. Ni puto caso le hago. En la siguiente hora me pongo lo más lejos posible de Abbi para evitar mirarla hoy y los días siguientes. Pero tengo que asistir a una de las novatadas que van a hacer esta noche y que mi abuelo me ha dicho que supervise.
Abbi me desconcierta como nadie. No le tengo miedo a ella, pero me aterra lo que deseo cuando la tengo cerca.