Capítulo 17
A BBI
—Vaya cara —dice Idelia cuando me la cruzo por el pasillo de camino al comedor—. Así estás más guapa. No se te ve tanto la cara de pobretona que tienes.
—Lo que te gusta de mi cara es que te crees que así puedes ser mejor que yo.
—Soy mejor que tú, no lo olvides. —Se me acerca con la clara intención de intimidarme.
Lleva tacones y es mucho más alta que yo. Un día leí algo que es cierto: a veces despiertas los demonios de la gente sin hacer nada para ello.
—No pienso lo mismo —digo, y ella levanta el pie y me clava el tacón a mala leche.
—Ups, lo siento, no vi tu horrible pie debajo mientras trataba de aplastar una molesta cucaracha. —Sonríe maliciosamente—. No te conviene cruzarte en mi camino. —Le sostengo la mirada—. Un día agacharás la cabeza ante mí.
—Antes me saco los ojos.
No dice nada más y se marcha. No la soporto.
Estoy temblando y no sé bien por qué. No le tengo miedo, pero su forma de mirarme y de tratarme despierta algo angustioso en mí.
Algo que me recuerda mis momentos de debilidad cuando era más joven.
Odio que siempre existan personas que se creen con el derecho de hacer daño a los demás solo por diversión.
Tomo aire y entro a la cafetería. Dafna mueve la mano para que la vea y voy hacia ellas olvidando mi comida.
—¿No tienes hambre? —pregunta Mina.
—Eh..., sí, ahora vengo.
¡Joder! Yo soy más fuerte que todo esto.
Cojo la comida enfadada y molesta por mi debilidad, y poco a poco recupero el control de mi cuerpo y mantengo mis recuerdos a raya.
Cuando voy a la mesa, sonrío y hago creer a todos que estoy bien.
Que todo me importa una mierda. Ojalá fuera cierto.
Como no tenga cuidado, este lugar puede acabar rompiéndome.
Y con esto no contaba. No contaba con ser el blanco de las novatadas, esperaba ser una más.
Salgo a correr cuando aún no ha salido el sol. Todos duermen y por eso me gusta este momento. He dormido mal. Porque se supone que esta noche nos hacían una novatada, pero no han pasado a por nosotros.
Las clases van a empezar ya y entonces las novatadas irán a más.
Para que nuestro ritmo académico empeore.
No me separo de la casa porque paso de adentrarme en la oscuridad del bosque.
Aun así, lo miro de reojo y me inquieto por cada ruido que escucho.
Es lo malo de tener tanta imaginación, que en mi mente hay cientos de monstruos mirándome escondidos tras los árboles.
Y no monstruos como los que imaginaba desde niña.
Esos ya no me dan miedo. Ahora son personas que me han jodido la vida.
Recuerdos horribles que cuando estoy a oscuras acuden a mi mente para crearme más ansiedad y dolor.
Miro agitada hacia el bosque oscuro y por eso no veo lo que tengo delante y me acabo por chocar con un duro torso. No me caigo al suelo porque mi obstáculo me sujeta por los brazos.
Antes de alzar la mirada, mi cuerpo ya está temblando por la cercanía de Dorian. Como si lo reconociera a pesar de la penumbra.
—¿Qué hay en el bosque que te aterra tanto? Tenías una cara de puro pánico mientras lo mirabas.
—Recuerdos.
—Joder, eso sí asusta.
Me acaricia los brazos y noto cómo mi cuerpo tiembla por ese contacto que no debería estar ahí. No me aparto, no puedo. Me tiene atrapada lo que siento ante sus caricias.
—No deberías contarme tus miedos, becada.
—Ya. —Me observa la frente y alza la mano para acariciar la herida y luego la hemorragia.
Su caricia es tierna, como un aleteo. No deberían gustarme tanto sus dedos sobre mi piel. Ni tampoco cuando me pasa el pelo tras la oreja. Algo que a él también parece sorprenderle.
—Aunque no te lo creas..., yo no quería que esto pasara.
—Tienes razón, no te creo —digo, y él sonríe de medio lado hasta que oímos unas risas y tira de mí hasta un hueco de la casa donde no llegan las luces y la oscuridad nos cubre.
Tiemblo por su cercanía, su cuerpo me cubre por completo.
Todo se torna oscuro a mi alrededor hasta que me acostumbro a la poca luz y puedo verlo.
Sus manos están a mi espalda. Las mías, posadas en su torso duro y sudado.
Mi mente traicionera nos imagina así de sudados, pero haciendo cosas más cochinas.
Noto cómo mi sexo tiembla de puro y denso deseo. Algo que no debería estar ahí.
Su aliento me acaricia cuando se acerca más al escuchar las risas muy cerca de nosotros. Alzo un poco la cabeza, lo justo para que nuestras mejillas se toquen.
—Me pareció ver a Abbi corriendo —dice una mujer.
—Sí, debe de estar por el bosque —añade otra—. ¿La esperamos en la puerta de su cuarto?
—Vale.
Noto pesar en el pecho. Voy a decir algo, pero Dorian me pone su dedo en los labios como si lo adivinara y los silencia. Las dos idiotas se ríen y se marchan agitando lo que parece un bote de nata o algo similar para echarme por encima.
Todo se queda en silencio, pero no puedo moverme mientras Dorian me acaricia el labio y tira del inferior con sus dedos. Quiero que me bese, joder, necesito que me bese. Sentir su lengua devorar mi boca y sus dientes morderme.
Se pega más a mí y siento su duro cuerpo. Me encanta cómo huele: a bosque, a él, a libertad.
Mi respiración se agita mientras me derrito entre sus brazos hasta que recuerdo que me espera una putada en la puerta de mi cuarto.
—¿Por qué a mí me hacen putadas por separado?
—Tú lo has dicho: son putadas contra ti que nada tienen que ver con las novatadas.
—¿Por qué?
—Idelia. —Dorian se separa de mí—. Ya te lo dije, vete.
—Ya te respondí que no pienso hacerlo.
—Entonces no te quejes porque todo irá a peor cuando empiecen las clases.
Se marcha enfadado, molesto. Como si le fastidiara que me quede.
El frío del amanecer se posa en mí mientras cojo fuerzas para ir a mi cuarto.
Una cosa es una putada en grupo, pero para estas no estaba preparada.
Mi abuelo no contó con eso, porque siempre han sido hombres los que han venido aquí y no entienden cómo muchas mujeres joden a otras solo por existir. Solo por destacar más que otras.
Porque la sombra que proyecta la envidia es más grande que la de cualquier estrella.