Capítulo 16
A BBI
En verdad lo odio por lo del otro día, pero un lazo inexplicable me trae hasta este lugar sabiendo que me lo puedo encontrar. Como si no pudiera escapar de esta atracción sin sentido que siento a su lado. O cuando me clava sus ojos. Como ahora.
Sus ojos aguamarina se posan en mí. Me parece advertir en ellos algo más oscuro cuando ve mi lado de la cara morado. Tensa los músculos y tira el cigarrillo.
—Vaya pintas. Estás más fea que de costumbre, becada. —Su forma de llamarme becada no es despectiva. Es como si fuera un mote cariñoso o un recordatorio de que los de su clase no se mezclan con novatos.
—Para desgracia de los tuyos sigo viva.
—Eso veo.
—Siento que te saliera mal tu plan de matarme o de que tus amigos me destrozaran más. —Aguanto su mirada y abre la boca para decir algo, pero se queda callado.
—Deberías irte, seguro que te admiten en otra universidad en la que no tendrías que lidiar con todo esto.
—No pienso irme solo por unas novatadas de mierda.
—¿Novatadas de mierda? Casi te matan esas novatadas.
—Y es culpa vuestra.
—No, es culpa de la gente como tú, que por un trabajo de mierda son capaces de todo. Sorpresa, el dinero no da la puta felicidad. Y no merece tu vida.
—¡Sorpresa! Lo dice el que conduce un coche que vale millones. No me vengas con lecciones moralistas, Dorian, cada uno tiene sus motivos para estar en este lugar.
—¿Y cuáles son los tuyos? —Su mirada se agudiza como si ansiara y deseara leerme la mente.
—Ayudar a mi familia. —No miento, por eso ve la verdad en mis ojos—. Por mi abuelo Hadrian, mi madre, mi padrastro y mi hermano pequeño haría lo que fuera. Y si me tengo que dejar la piel en este lugar para poder cumplir mis objetivos, lo haré.
Todo lo que le he dicho es verdad y lo nota. Mi abuelo Hadrian me dijo un día que a veces, para que la gente nos deje en paz, debemos usar la verdad en nuestro beneficio. Cuando hablamos con la verdad, las emociones son más fuertes y eso siempre se puede usar para tu provecho.
—No merece la pena, Abbi. —Aparta la mirada al usar mi nombre y es raro escucharlo en sus labios, pero me gusta cómo lo dice—. Este lugar está podrido.
Que diga eso me pilla por sorpresa porque no esperaba que él quisiera salvarme o alejarme de este lugar.
Es como si todo lo que sé de él no importara.
Como si solo se hubiera filtrado una pequeña parte de quién es Dorian.
Me siento intrigada por todo lo que no sé y es algo peligroso, sabiendo quién es él y quién soy yo.
—Tú eres uno de los que organizan todo esto. Si no te gusta, deberías dejarlo. O no ser tan cabrón.
—No tengo elección —su mirada se hace más oscura—, no todos nacemos libres como vosotros. Tenéis un mundo a vuestros pies y acabáis aquí... En verdad os odio por no valorar la libertad tanto como lo haría un preso.
—Fenrir. —Alza su ceja rubia sin entender.
Me pone nerviosa, pero sigo como si nada explicando una leyenda que me contaba mi abuelo Hadrian—.
Era el hijo de Loki y Angerboda. Como de él solo se esperaba que fuera malo y tenía una gran fuerza, crearon una cadena indestructible para tenerlo sujeto.
Pero mientras se la ponían mordió al dios y este lo encadenó para siempre.
Y ahí yace, esperando ser liberado para vengarse de los dioses.
—¿Por qué me cuentas esa historia? —Lo entiendo, decirle lo que se me pasa por la cabeza es algo que suelo hacer. Y más a su lado, que siento que puedo dejar de fingir que sé más del mundo de lo que aparento. Y que nací con una mente curiosa.
—Me la contaba mi abuelo Hadrian de pequeña.
Le encanta la mitología de todo el mundo.
Y su espectáculo va de eso. Según la ciudad o el país en que esté cambia los espectáculos para hacerlos más atractivos para el público.
Si tú estás aquí y te sientes preso, tal vez seas como ese lobo.
Que tiene algo muy fuerte en su interior, pero está encadenado por deseo de sus padres...
—No tengo padre, murió y no, no soy como ese lobo. Yo puedo irme cuando quiera.
Aparta la mirada como si no dijera la verdad.
—Entonces hazlo tú, largarte. Si dices que puedes y no lo haces, no me juzgues a mí por querer quedarme. Al menos yo sé cuál es mi meta final.
Nos miramos desafiantes a los ojos.
—Eres insoportable, becada. —Se marcha y siento que he tocado algún tema peliagudo para él.
No debería importarme, pero conocer los secretos de Dorian me parece altamente atractivo.
Estoy jugando con fuego.
D ORIAN
Por culpa de Abbi me veo mirando en mi móvil cosas de ese lobo. En la cultura nórdica, el lobo simboliza traición. El lobo atado se suelta y mata a varios hasta su muerte. Qué bien, está loca.
Solo a ella se le ocurre contarme esta historia. Aunque, en realidad, me encanta cómo piensa y dijo la verdad, está aquí por su familia. Vi la fuerza brillando en sus ojos.
Somos como la noche y el día. Ella haría lo que fuera por su familia y yo odio a la mía con todo mi ser.
Tal vez no tenga cadenas visibles, pero siempre han estado ahí y cada vez me asfixian más.
Podría huir de todo..., pero mi abuelo siempre me encontraría.
Ya ha pasado otras veces. Hasta que mató mi deseo de escapar...
e hizo de mí este ser sin emociones tras lo que pasó y que no recuerdo bien...
Ahora soy... alguien a quien odio.
Voy a guardar el móvil, pero me meto en el perfil del gran Hadrian, el mago. El abuelo de Abbi tiene varias fotos con su nieta. Ella lo ayuda en algunos números y se nota el amor en los ojos de Abbi al mirarlo.
Tiene un motivo fuerte para estar aquí. Pero este lugar acabará con ella.
Al final, la gente que queda solo son personas temerosas que agachan la cabeza ante los de arriba y aceptan cualquier trabajo con tal de creer que un día podrán ser como ellos.
Y muchos lo consiguen y son aún más odiosos.
Muchas de las pruebas que organizamos son con hijos de becados que nos dan ideas para putear a los nuevos, olvidando que un día ellos lloraron estando en su lugar.
Van siempre ocultos con máscaras y luego se mueven entre ellos como si fueran sus amigos, cuando en verdad solo están deseando hacerles lo mismo que ellos pasaron.
Al menos yo no me oculto, soy como soy y lo ven.
La gente pronto olvida que un día fueron ellos los que suplicaban piedad a los de arriba.