Capítulo 11
D ORIAN
Los cuatro hijos de los herederos vamos hasta la caseta que hay cerca de la piscina.
No los seguiría, pero Idelia está mosqueada porque me acerqué a Abbi y más tras haberla visto sin el vestido.
Yo siempre supe que esa becada era explosiva.
Sin ropa es sexi a rabiar. Tiene un cuerpo tonificado, con buenas curvas y unos pechos firmes y redondos, que atraen la mirada de todo el mundo.
Son grandes, de esos que caben en una mano y hacen que desees jugar con ellos hasta que se corra.
A mí todo esto no me ha sorprendido, pero al resto sí, e Idelia está que rabia porque le ha salido competencia y nada menos que de una becada.
—Si hacemos algo con la becada, me apunto —dice Hermes de golpe—. Vamos, Idelia, a ti te gusta atraerlas a tu cama para que Dorian se ponga cachondo.
—No me atrae —dice ella desenredándose el pelo.
—Lo que te jode es que alguien te haga sombra —apunta Edey antes de quitarse el bañador e ir en pelotas hasta donde tenemos ropa seca en esta caseta.
—A mí esa no me hace sombra en nada. Ya quisiera tener mi clase y mi cuerpo. No es más que una desgraciada que se cree alguien por tener un buen par de tetas.
—Si solo fueran las tetas... —apunta Hermes e Idelia le da en el brazo.
Entonces me miran los tres.
—¿Qué?
—¿Por qué has ido hacia ella?
—Para picarla, ya te dije que no me interesa y que tú no me gobiernas. ¿Acaso no es ese nuestro cometido en este puto lugar? Joder a los becados.
—Ya, pero ¿por qué a ella? —pregunta Idelia moviendo el pie nerviosa contra el suelo.
—Dejadme en paz.
Salgo de este lugar con la ropa mojada. Normalmente no me importa cambiarme delante de ellos.
Hoy no me apetece pasar más tiempo con todas estas tonterías.
Ando hasta mi cuarto y no paro de escuchar hablar de Abbi y su espectacular cuerpo.
Algunos han hecho fotos y vídeos. Como si nunca hubieran visto a una tía buena.
Subo a mi cuarto y me doy una ducha. Aburrido, cojo un libro de misterio, pero descubro todo demasiado pronto.
El tío le mandaba cartas codificadas que parecían de amor, pero escondían mensajes.
Ella no lo sabe hasta que un amigo policía ve algo raro en una de ellas.
Y en todas la avisa de que la va a matar el último día.
Yo ya había descubierto los mensajes, por eso el desenlace me impresionó menos.
Oigo a Idelia llamarme diciendo que me sume a la fiesta de su cuarto, la ignoro y ponen la música alta. Joder, aquí no hay quien desconecte.
Subo con el libro a la azotea, donde no se oye nada y no hay nadie cerca. Tarde recuerdo que cierta becada la frecuenta. Digo «tarde» porque me ve entrar con el libro.
—Lo he leído, no me gustó —apunta—. Lo de las cartas estuvo bien, pero yo lo sabía desde el principio.
—Gracias por joderme el final. —Se ríe—. En serio, yo también lo vi venir. ¿Por quién me tomas?
Me siento a su lado a acabar el libro porque no puedo dejar ninguno a medias, aunque no me guste. Es una puta manía que tengo, que a veces me pone de los nervios. Abbi mira hacia las montañas con las piernas encogidas. Vuelve a llevar esa ropa ancha que oculta sus impresionantes curvas.
—Menuda has montado en la piscina, becada. Ahora la mitad de los tíos quieren acostarse contigo.
—Así tendré más donde elegir si me apetece follar —lo suelta con tranquilidad, pero ha dicho: «Si me apetece».
—Eres de las estrechas.
—Algo que tal vez no entienda alguien que, según dicen, se tira a todo lo que se menea.
—Ya, por eso estamos aquí sin hacer nada en vez de en las fiestas que están dando. Tal vez es que quiera algo contigo —la pico y sonríe—. No, nada, no me atraes ni una pizca.
—Porque no soy tu tipo.
—Cierto. No lo eres en absoluto.
—¿Te sabes la leyenda del sol y la luna? —suelta de repente, y me doy cuenta de que parece nerviosa. Tal vez hablar sin pensar sea su escudo. Como el mío lo es no hacerlo.
—¿Por quién me tomas? —digo. Se ríe y su risa es dulce y sincera.
—Afrodita era una celosa de cuidado. Y odiaba a la gente que le podía hacer sombra. Como el sol y la luna eran eternos enamorados, los separó en noche y día... para que nunca se juntaran.
—Pero Zeus los apoyó y en cada eclipse solar pueden volver a verse unos segundos... Historias para niños.
—Mi abuelo Hadrian tiene un espectáculo sobre el sol y la luna. Yo una vez hice de sol y me metí en el papel. Es triste que ames a alguien tanto que otros lo envidien hasta el punto de destruirte para sentirse mejor con su mierda de vida.
—Así es la vida, becada.
—Ya lo sé. Yo solo envidio una cosa en esta vida. —Espero atento—. La libertad.
Cuando dice eso se me cierra la boca del estómago porque es lo único que envidio yo. Luego me recuerdo que es becada y que puede ser libre, no como yo. Se gira y me mira nerviosa, como si hubiera confesado algo que no debería. Se levanta y se marcha. ¿En serio? ¿Qué narices acaba de pasar?
Esta becada es rara de cojones y mientras acabo el libro pienso en que más lo soy yo porque me he quedado a su lado sin esperar nada a cambio.
A BBI
Entro a mi habitación nerviosa. Mina y Dafna me miran.
No debí decir eso. Si piensa que añoro la libertad, se preguntará por qué no la busco.
Dorian no es como el resto. Es muy inteligente, aunque lo oculta bajo esa cara de «me importa todo una mierda».
Debo tener cuidado, pero a su lado me olvido de que en verdad somos enemigos.
—¿Y esa cara? ¿Es porque la gente no para de hablar de ti en la red de la universidad?
—No —respondo a Dafna y me siento a su lado. Han calentado pizza y la han subido aquí.
Debería irme a mi cuarto, en mis planes no entra hacer amigos. Pero me quedo.
—Ya se les pasará cuando alguien la cague o en la siguiente novatada. —Que será pronto. Carreras de sacos, pero ellas no lo saben y no se lo puedo decir. ¿Qué clase de amiga soy?
Cojo un poco de pizza y me marcho a mi habitación. Me da miedo hacer lazos con la gente a la que tengo que mentir sobre mis razones para estar aquí. Es más fácil todo esto si no intimo con nadie.
Muerdo la pizza y mi mente va hacia Dorian. Debería estar prohibido estar tan jodidamente bueno. Ojalá pudiera olvidarlo medio desnudo en la piscina, pero sé que no se me borrará de la memoria en la vida. Ningún enemigo debería calentarte así las entrañas...
¡Tengo que centrarme en la misión!
Solo así podré ser libre.