Capítulo 9
D ORIAN
Idelia no me deja en paz. Me ha dicho que fuera a su cuarto para una reunión.
La reunión era verla follar con otra mujer por si me unía a ellas.
He estado ahí mirando cómo se lo montaban sin sentir nada.
Y luego me he ido a ponerme ropa deportiva y marcharme corriendo.
Tuve sexo con ella cuando vinimos, pero no siento deseos de repetir porque esa vez fue peor que nunca; al acabar casi tuve un ataque de ansiedad ante ella del asco que me dio lo bajo que caigo por un polvo, por sentir algo más que este vacío en el pecho.
Le dije que nunca más, pero le da igual. O no, mientras ella disfrute y crea que me tiene y que un día seré todo suyo.
Estoy agotado de la carrera y quiero una bebida energética. Llego a la máquina expendedora que hay antes de subir a nuestros cuartos y veo a Abbi sacar justo la que quería. Y no quedan más putos botes. La acorralo contra la máquina cuando se gira.
Lleva el pelo mojado y ropa deportiva demasiado ancha. Seguramente también ha estado corriendo, pero no nos hemos encontrado hasta ahora. O ha estado follando... La idea de ella con otro no me es tan indiferente como debería.
—Es mía —digo mirando el bote y tratando de no devorar sus rojos labios y su respiración agitada.
Tiene la piel sonrojada y está jadeante. Joder, esto no ayuda para que no la imagine follando.
—¿Tiene tu nombre? —La lee y niega con la cabeza—. No, aquí no pone «capullo» por ninguna parte. Lo siento. —Lo abre y me acerco más a ella.
Alza la mirada y me observa retadora mientras su cuerpo tiembla por mi cercanía.
No nos tocamos, pero siento el calor de su cuerpo.
Alza el bote y da un gran trago. Veo cómo la bebida le baja por la garganta y cómo se le escapa un poco de la boca.
Antes de que termine de beber se la quito y le cae un poco sobre la camiseta ancha.
Me llevo el refresco a la boca mientras protesta.
Le pongo mi mano en el cuello y la dejo ahí. Se queda quieta al tiempo que bebo.
Su piel es suave y vibra bajo mi contacto. Nos miramos a los ojos mientras termino el bote.
—Deliciosa —digo contemplándola a ella—. La bebida. No me ponen las becadas.
—Pues por ahí circula que sueles follar con ellas. Qué tristeza cuando las de este año descubran que no se te levanta con ellas. —Sonríe descarada.
Aparto la mano y tiro el bote a la papelera.
—Se me levanta. Te haría una demostración, pero me gustan sumisas...
—Y yo de eso tengo poco. Lo pillo. —Se lleva la mano al corazón y finge estar dolida—. No sé cómo voy a poder dormir tras esta confesión. Yo que esperaba arrodillarme a tus pies y tener el gran placer de lamerte la polla.
Sonríe y mi mente va por libre mientras Abbi me mira divertida. La imagino de rodillas justamente haciendo eso que dice y mi polla da una sacudida.
—No pienso darte ese placer —la pico. Debería irme, nunca pierdo mi tiempo hablando con nadie, pero aquí estoy.
Y no es la primera vez que lo hago. La otra noche, cuando la vi mirar los cuadros cargada de ropa, me paré a su lado.
Podía haber elegido irme, pero me quedé a su lado un poco más, tal vez tratando de adivinar qué tiene ella que la hace diferente al resto.
Tal vez que está más loca. Pero eso no explica por qué la escuché hablar de esclavitud con sus compañeras y quise decir algo.
Su mente llama a la mía como no lo ha hecho ninguna hasta ahora.
Y eso me cabrea, la verdad, pero aquí sigo.
En vez de ignorarla como al resto de las personas.
—Voy a llorar porque no quieres que te la mame. —Finge pucheros y luego se gira hacia la máquina. Saca otra bebida.
—¿Acaso no tienes nada mejor que hacer que llenarte de azúcar hasta las orejas?
—No puedo dormir y he optado por beber azúcar y ahora leer novelas en mi cuarto.
—Seguro que en tu planta alguien ha montado una fiesta.
—De hecho, sí, creo que mis compañeras se fueron a una, pero yo paso.
—Entonces eres la empollona rarita.
—No, me gustan las fiestas, pero no todas. —Coge el refresco—. Adiós, a ver si puedes dormir sabiendo que soy la única mujer inmune a tus encantos.
—O tú sabiendo que no me pones nada. Lo mismo eso te jode el ego.
—No, tranquilo. Sé que estoy jodidamente buena.
—Por eso te ocultas. Lo pillo. —Me enseña un dedo corazón con una sonrisa.
Se marcha a la sala de estar común, seguramente para acabar allí la bebida viendo la tele. La miro alejarse hasta que me doy cuenta y me marcho a mi cuarto a darme una ducha. Abbi se equivoca, el que es inmune a sus encantos soy yo.
Llaman a mi puerta a primera hora con insistencia. Salgo de la cama y voy hasta allí en pelotas. Me la suda quién me pueda ver. De paso, que no solo vea mi polla y disfrute de mi cara de enfado.
Idelia me mira la polla y pone cara de deseo. Ando hasta donde tengo mi ropa sabiendo que entrará.
—Vaya cuarto más horrible, solo tienes libros.
—¿Qué quieres? Y la próxima vez no me jodas a estas horas.
—Se me ocurren muchas formas de joder diferentes... —Me ve ponerme el bóxer. Anoche me di una ducha y no me molesté en vestirme antes de meterme en la cama.
—Paso. Di qué quieres y lárgate —le digo ya con los pantalones puestos.
Se sienta en la cama y se quita el vestido. Siento la ansiedad correr por mi pecho y no entiendo cómo tener sexo con ella de golpe me crea tanta angustia. No es que antes disfrutara, pero tras el orgasmo sentía unos instantes de paz. Ahora ni ganas tengo de llegar a ese punto.
—No pienso volver a follar contigo. Ya te lo dije.
—Vamos, no seas tan duro.
—¿Te largas?
—Vale. —No se viste, se levanta enseñando su ropa interior sexi y viene hacia mí. Me pasa las largas uñas por el pecho—. Ayer una de mis chicas me dijo que te vio hablando con Abbi Morris. ¿Es por eso que me rechazas?
—No.
Le aguanto la mirada porque quiere ver cualquier debilidad en mí para destruirla.
—Es que dice que compartiste bebida con ella.
—Le quité la bebida porque tuvo el descaro de dejarme sin ella. Que te informen bien la próxima vez. Yo solo le estaba demostrando quién está al mando aquí —miento, pero se lo cree.
—Bien, me gusta que así sea. —Se alza y me da un beso en la mejilla.
Luego se marcha en ropa interior con su vestido en la mano. Cierro la puerta y noto cómo se aceleran los latidos de mi pecho. Mi mano tiembla y más cuando llaman a la puerta y la veo ahí de nuevo.
—Te espero en la piscina luego, no faltes o pensaré que este año estás distinto.
—¿Acaso antes era diferente?
—No, pero antes no hablabas con nadie. Y ahora, de golpe, hablas con una zorra.
—Pues pienso seguir hablando con ella si quiero joderla. Y no voy a dejar que ni tú ni nadie me cuestione mi forma de joder a los becados.
—Vale, si es para joderla no me meteré. Pero recuerda que eres mío.
Cierro la puerta y trato de contener la ansiedad. Tal vez ir a la piscina hasta me venga bien. Y no pienso dejar que Idelia me diga qué tengo que hacer.