Capítulo 8
A BBI
Voy con la ropa llena de tinte a la zona común, donde he quedado con mis compañeras de cuarto. Preferiría estar leyendo en mi cama, pero me he obligado a venir. Tal vez estar aquí pueda hacer que escuche o vea algo interesante para la investigación de por qué mi abuelo donó su dinero.
Entro y veo a Dafna con Mina en unos sofás. Su ropa también está tintada, como la de casi todos los becados. Muchos han pedido ropa online , otros se han ido a comprar a la ciudad. Yo les he dicho que he pedido online , porque de momento tengo de repuesto.
—Me encantan vuestras camisetas —les digo sentándome en un sillón con un pie debajo del culo.
—Es la última moda —añade Dafna.
—Moda idiotas. No paran de marcarnos como si fuéramos borregos antes del matadero —apunta Mina nerviosa.
Por mi mente pasa decirle que siempre puede irse. Pero no lo hago, claro.
—Las marcas siempre han sido una forma de determinar la propiedad. Antes lo hacían con los esclavos. Porque, tristemente, se los consideraba un objeto, una propiedad...
Me callo cuando Mina pone cara de aburrimiento.
Me muerdo el carrillo, me levanto para ir a por algo de beber y les pregunto si quieren algo. Por cosas como esta me cuesta hacer amigos. Tengo muchos datos en la cabeza y a veces hablo sin pensar, como si al resto le gustara escucharme.
—Entonces, cuando alguien se tatúa el nombre de su enamorada, ¿es una forma de esclavitud? —Me giro hacia Dorian en la barra donde cogemos las bebidas.
—Por supuesto. Y cuando te dejan chupetones en plan cerdo para que todos vean que te la has follado primero. —Sonríe de medio lado y trato por todos los medios de no mirarlo, pero fracaso, sobre todo cuando habla.
—La esclavitud empezó antes de lo que la gente cree. Hay datos de tres mil años antes de Cristo.
—Y a veces las marcas eran una forma de castigo. —Miro mis marcas en la ropa—. Admite que por eso lo hacéis.
—Tienes suerte de que no te pongamos un hierro al rojo en la frente para que todos vean que eres una becada.
Nos miramos; hablar con él no tendría que gustarme tanto.
No parecen impresionarle todos los datos que tengo en la mente porque él es igual.
Coge un refresco y se marcha como si nada.
Lo hace con esos andares chulos que le caracterizan y se va a la zona de billar porque Idelia lo llama.
Luego se le cuelga del brazo y, aunque Dorian no hace nada por querer estar con ella, la chica lo trata como si fuera de su propiedad.
No lo ha marcado como a los esclavos, pero siento que él lleva esa marca de alguna forma.
No. Para, no hagas más humano a diosito.
Yo también tengo una marca que me hace sentirme como esclava de los deseos de mi abuelo. No se ve, pero siempre dejó claro que yo, desde que nací, soy de su propiedad.
La esclavitud se abolió, pero no la mente de personas que se creen con el poder de decidir sobre las vidas de otros.
Vamos de camino a la ciudad para comprar ropa.
Dafna y Mina me dijeron que tenían que comprar algunas cosas y que debía ir con ellas sí o sí.
Esta noche dormí pensando en mitos y soñando con un Eros con la cara de Dorian, que me hizo despertar agitada y excitada.
Joder. Esto no estaba en mis planes, por eso he aceptado irme.
Porque necesito alejarme de este internado y centrarme en mis prioridades.
Llegamos a la ciudad y Mina aparca. Salimos y vamos de una tienda de ropa a otra. Compro algunas cosas y las veo reírse cuando se prueban cosas muy feas. Al final acabo probándome un vestido por insistencia de ellas.
—Puede ser perfecto para la fiesta de otoño —dice Dafna—. Anda, sal del probador para que te veamos. —Obedezco sin muchas ganas—. ¿Ves? Te queda increíble.
—No sé si me gusta. —Me resalta mucho los pechos y el culo.
—¿No te gusta? Pero si tienes un cuerpazo.
Lo sé, hago deporte desde niña y sé que lo tengo.
A la tienda entra un chico con su novia y se me queda mirando descaradamente las tetas cuando ella no se da cuenta.
La situación me trae recuerdos de un amargo pasado, y siento como si estuviera desnuda.
Tomo aire. Su mirada es lasciva. A ver, no veo mal que alguien con pareja me dé un repaso, pero su actitud al lado de ella es asquerosa.
—¡Eh, tú! Córtate un poco —dice Dafna al darse cuenta.
El tío se pone rojo y la novia sale enfadada de la tienda.
—Decidido, te lo pones para joder a los dioses —apunta Mina.
—No lo sé. —Entro a cambiarme. Y cuando salgo llevo de nuevo mis ropas anchas.
Mina se va a mirar ropa y Dafna tira de mi brazo.
—¿Todo bien?
—Sí, solo me ha hecho sentir demasiado desnuda.
—Lo entiendo, pero algún día deberás ser quien tú quieras ser porque mirarte siempre te van a mirar. Eres jodidamente preciosa y no puedes ocultarte por serlo.
—Bueno, poco a poco.
Me da un abrazo que me pilla por sorpresa.
Sonríe cuando se aparta y vamos a otra tienda.
A la hora de la comida elegimos una pizzería y Mina sube varias fotos y vídeos a sus redes de lo bien que lo está pasando con sus nuevas superamigas.
Vale, somos compañeras de cuarto, pero creo que esta chica corre demasiado.
Me centro en la comida y dejo que crea lo que quiera.
Al regresar al internado, vamos hasta nuestro cuarto temiendo que nos vuelvan a putear esta noche.
Odio esta sensación de tener que estar alerta todo el rato, por eso decido coger un libro para leer.
Necesito ser una persona diferente. Vivir la vida de otros a través de sus letras.
Vidas que no tienen nada que ver con la tuya.
A medianoche no puedo dormir y decido irme a correr ahora que todos duermen y el lugar es solo para mí.