Contra todos (Becados y dioses 1) Capítulo 7
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Capítulo 7

A BBI

Bajo con mis compañeras a cenar. Falta poco para que empiecen las clases y la gente trata de disfrutar de los últimos momentos de paz antes de los deberes y los estudios.

Entramos a la cafetería y vamos a una mesa al fondo.

Dejamos nuestras cosas para ir a coger la comida.

Miro lo que hay y no me apetece mucho nada.

Al final acabo con un sándwich frío y un zumo.

—Dime que no estás a dieta —me pregunta Dafna.

—No, solo...

—¿Por los nervios de las novatadas? —No lo confirmo porque ella lo sabe.

Odio esta debilidad; me han preparado para esto y no debería estar inquieta. Pero estar aquí altera mis sentidos. La casa de mi abuelo, donde me hacía las putadas, ya era conocida para mí y en cierta forma sabía qué esperar de él.

—Yo también estoy nerviosa —añade, y pone en mi bandeja y la suya dos trozos de tarta de chocolate—. Para los nervios.

Me gusta el detalle y por eso la dejo ahí. Mina se nos acerca en la mesa, con su bandeja llena.

—Como nos hagan correr esta noche voy a acabar vomitándolo todo. A ver si con suerte lo hago encima de ellos. —Se ríe.

—Eso sería muy divertido —apunta Dafna.

Hablan de sus vidas mientras yo me como la cena a trozos.

Paseo la mirada por el comedor común y veo a Dorian entrar con cara de pocos amigos.

Idelia se le acerca, pero él la ignora. Esto la molesta, y se va hacia donde unos novatos le piden que les cuente cosas.

Dorian se dirige a la zona de restaurante y entra a por su cena.

Seguramente se la suba a su cuarto. Lo pierdo de vista y al poco sale con una bolsa de cartón y de nuevo ignora al mundo.

Hasta que nuestras miradas se cruzan y siento como si el mundo desapareciera o los gritos bajaran su intensidad.

Tomo aire mientras decido si seguir un segundo más perdida en su mirada o no.

Al final, él corta el contacto visual y se marcha solo.

Viendo al resto de los dioses disfrutar de las atenciones, me pregunto dónde encaja Dorian, porque de momento no está siendo como creía. Es solitario, como yo.

No quería tener nada en común con ninguno de ellos.

Idelia se marcha a su mesa y manda mensajes. Al poco se van, y con ellos, varias personas que ni han terminado de comer, aprovechando que los becados estamos cenando. Yo sé qué viene ahora, y va a ser un asco.

Centro la mirada en mi cena y como lo que puedo.

Volvemos de cenar, y Dafna entra en su cuarto y luego sale con algo verde en la mano. La noche del slime .

—¡Me han pringado toda la ropa con esto! ¡Hasta los uniformes!

Entro en mi cuarto y tengo el armario lleno. Por suerte mi ropa, la que suelo usar y algunos uniformes, está en la parte de atrás.

Mina dice que es asqueroso. En verdad, no sé por qué aguantan esto.

Dafna dice que su padre estudió aquí y consiguió un buen puesto de trabajo y Mina quiere hacerlo para poder llegar a la élite y ser mejor que ellos; se le nota en la voz que es muy ambiciosa.

Su madre trabajaba limpiando en una casa de ricos y quiere darles en toda la boca.

Las entiendo, pero son listas y podrían emplear sus esfuerzos para conseguir todo eso sin pasar por este lugar.

Limpiamos los cuartos hasta altas horas de la noche y al acabar tengo heridas en las manos y me duelen de tanto frotar, y ellas temen que sus ropas no se arreglen tras los lavados.

En la lavandería había muchos becados. Nos hemos turnado para mirar las lavadoras y poner las secadoras.

Ahora me toca a mí y son casi las dos de la mañana.

Espero que acabe la secadora y me entra sueño. Intento por todos los medios no dormirme, pero fracaso.

Cuando me despierto sobresaltada, han pasado varias horas.

Es casi el amanecer. Saco las ropas y las doblo para meterlas en una cesta de mimbre.

No han quedado muy bien porque pusieron tinte al slime y muchas no van a poder usarse.

Salgo del lugar cansada y con dolor de espalda.

El amanecer se empieza a filtrar por los grandes ventanales mientras voy hasta la escalera que lleva a nuestros cuartos.

El lugar huele a madera y a antiguo; aunque se reformó hace años, quisieron mantener la misma decoración y usar los mismos elementos para romper lo menos posible la estética.

Paso por el pasillo donde hay fotos y retratos de mi abuelo. Lo pintan como un joven dulce, muy listo y dedicado a la música. Que tuvo la mala suerte de perder a su familia en un accidente de coche y luego él desapareció tras esta gran obra.

Si ellos supieran...

Oigo pasos y al girarme veo a Dorian acercarse con ropa deportiva sudada y el pelo alborotado.

Dudo que esté así por follar, parece más que ha estado corriendo hasta quedarse sin aliento.

A pesar de eso, ese aire de recién follado hace que algo lata bajo mi vientre.

Este idiota no debería estar tan bueno. La camiseta blanca se le pega a los abdominales y puedo ver sus perfectos oblicuos.

—Eres una descarada, becada.

—Como si tú no miraras si yo llevase una camiseta pegada a mis tetas.

—Miraría, por supuesto. ¿Qué tal la ropa? —Sonríe sabiendo que está perdida.

—Genial, me encanta la ropa diferente. Os doy las gracias por esta sesión de moda gratuita.

No dice nada, pero sus ojos, por lo general sin vida en las fotos o cuando lo vi por primera vez, emiten un brillo diferente.

Mira las fotos de mi abuelo y se apoya en la pared para estudiarme.

Sé que buscan a los descendientes de mi abuelo y también esperan que haya muerto.

Pero siguen haciendo esas pruebas por si acaso.

—¿Qué mirabas?

—Nada en particular. Donar toda la herencia para este lugar debió de ser de alguien muy bueno o muy idiota.

—Quién sabe. —Su mirada es aguda. Me estudia y hago lo mismo.

Gran error, porque se me seca la boca de ver lo bueno que está.

No me he acostado con muchos, pero tampoco ha sido tan malo.

Pero nunca, ninguna de esas veces, al mirarlos sentí que mis entrañas se hacían papilla.

No me suelen llamar la atención los hombres como Dorian, que saben que son guapos, pero con él es como si no tuviera control de lo que siento y pienso cuando lo tengo cerca.

Solo eso explica que lo comparara con Eros.

Aunque, si soy sincera, Eros era tan atractivo como letal.

Sobre todo, cuando elegía sus objetivos.

El dios de la seducción y la atracción sexual.

Que le venga que ni pintado esto no mejora las cosas.

Porque la parte que más gusta de Eros es la de su amor por Psique.

—Sea como sea, este lugar de mierda no existiría si no fuera por su herencia.

—Intuyo que no te gusta. Siempre puedes irte —me sugiere. Empiezo a andar y me sigue—. Y la verdad es que sería lo mejor. —Nos miramos de reojo y se me hace raro sentir que si me fuera no lo vería más.

Qué tontería.

—Sí, sería lo mejor —digo cuando llegamos a nuestras escaleras. Las suyas están a la izquierda—. Pero no os vais a librar tan pronto de mí.

—No, claro, tú eres una zorra que está aquí para eliminar a las víboras, ¿no? —Su mirada es de admiración.

—Por supuesto. Acabar con ellas es mi gran pasión. —Nos aguantamos la mirada más tiempo del que debería. Recordarme que es mi enemigo cuando me mira así me resulta a veces imposible—. Nos vemos, dios de la noche.

—Hasta pronto, bruja de las cavernas. —Sonrío sin poder evitarlo. Y me siento tonta por ello, muy tonta.

No debo olvidar mis objetivos y que aquí somos enemigos.