Contra toda táctica (Corazones en juego 4) Capítulo 43 #3
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Capítulo 43 #3

El tipo nos miró con extrañeza, probablemente pensando que aquellos jugadores del equipo de hockey americano estábamos chalados paseándonos a esas horas.

Señaló hacia una rampa de bajada. Allí había contenedores y, al mirar alrededor, no parecía haber cámaras. Aunque dudaba que eso le importara, porque se había paseado con el rostro descubierto por todo el recinto.

Ahí fue cuando me asusté de verdad.

Si ya no se molestaba en cubrir sus pasos, era que lo daba todo por perdido.

Nos obligó a colocarnos entre dos contenedores, contra la pared. Posiblemente allí oliera horrible, aunque en ese momento no podía sentir nada más que miedo.

Estaba asustado.

Y Caden también. Se le notaba en la cara.

Seguramente pensaba lo mismo que yo. Que no volveríamos a ver a las personas que queríamos.

—Tengo dudas de a quién matar primero. Si al amigo que me robó al amor de mi vida y siempre me despreció eligiendo al profundo de Kai… o al cabrón que se tiraba a mi madre.

Sonrió con una mueca torcida.

—Creo que el pequeño Juraj será mi primera opción.

—Eres patético, Cole. Siempre has sido un perdedor —soltó Caden.

Lo miré atónito.

¿Por qué lo estaba provocando?

—Emily nunca te quiso. Solo estuvo contigo cuando no tenía otra opción. En cuanto vio la oportunidad de largarse… plof, se esfumó. Y, aunque sea una zorra sin escrúpulos, no la culpo, porque joder… aguantar a un mierda como tú requiere mucho valor.

—¡Cállate! ¡Cállate! —chilló, con la mano temblándole.

Se estaba agitando demasiado.

Al principio no comprendí lo que hacía Caden, aunque lo entendí cuando logró que el arma lo apuntara a él.

Me estaba protegiendo.

Pero no podía permitirlo.

Tenía tres hijos pequeños que lo necesitaban.

—Siempre has sido muy histriónico, buscando la atención de todos, mendigando amor —interrumpí.

Vi el gesto de advertencia de Caden para que me callara, algo que no iba a ocurrir.

Si me disparaba a mí primero, alertaríamos en el hotel y el otro podría salvarse.

No iba a arriesgarme a que esa primera bala fuera destinada a otra persona.

—Llamando la atención de un padre que te ignoraba, que te veía debilucho… ¿Cómo decía? «Este niño nunca va a servir para nada, viviendo siempre entre las faldas de su madre».

Respiré hondo.

—Y qué razón tenía Levi. Si te llegara a ver ahora, se avergonzaría.

—¡Cállate, cállate, cállate! —repetía como una oración, tapándose una oreja.

—¿Por qué debería hacerlo si me voy a morir igualmente? Quiero irme al otro mundo a gusto y decirte lo que pienso de ti.

—No sigas —suplicó Caden—. Está deseando volarte la cabeza, chaval. Déjamelo a mí.

—No, Hughes. Solo uno de los dos tiene una oportunidad de vivir y no voy a permitir que tus hijos se queden sin padre.

—¿Qué cojones estáis murmurando? —gritó Cole—. No habléis entre vosotros.

—Tranquilo —dije—. Nos estábamos despidiendo.

¿No ves? Siempre lloras por tener atención.

Pues te la voy a dar, hijo de puta. Te odio y te he odiado toda mi vida.

Sabías lo que estaba haciendo tu madre y miraste para otro lado.

Te vendiste por dinero y tu rabia hacia mí, esa envidia que te comía por dentro, fue más poderosa que ayudar a un chaval que lo necesitaba.

Pudiste parar todo. Lo mismo que la chantajeaste para no contar nada a servicios sociales, pudiste hacerlo para que se alejara de mí.

Pero no. Fuiste tan cómplice de los abusos que sufrí como ella.

—¿Abusos? —escupió—. Yo esa noche no vi ningún abuso.

Prefiero apartar esa puta imagen de la cabeza porque me dan ganas de vomitar.

Y cuando fui a hablar con ella, me aseguró que os habíais enamorado.

¡Joder, mi madre enamorada de un puto crío por el que había traicionado a mi padre!

No es que se mereciera un final mejor del que tuvo, pero que lo hiciera para estar contigo y no para protegerme a mí, su hijo, me mató.

¿Por qué crees que aguantaba a la loca de tu madre?

Por ti. Con el tiempo me di cuenta de que era una excusa para estar en tu casa.

Cuando llegaba a la mía hablaba pestes de ella y de lo agotada que venía de aguantar sus desvaríos. Decía que debían encerrarla.

Apreté los puños. Vera había jugado con la debilidad de mi familia a su antojo solo para estar cerca de mí. No quería ni imaginar cuánto tiempo llevaba obsesionada conmigo. Prefería no pensarlo.

Y yo creyendo entonces que era buena y que me comprendía.

—¿Te has quedado callado? ¿No vas a decir nada? —sonrió triunfante, como si de verdad hubiera ganado algo, aunque lo había perdido todo—. Te daré la oportunidad de decir tus últimas palabras. ¿A quién quieres dedicárselas? Quizá sea bueno y se las transmita… o quizá no.

Se rio como un loco.

Miré a Caden, que negaba con la cabeza. Esbocé una sonrisa.

Estaba listo para morir.

—Vive por los dos y diles que los quiero —le murmuré a mi amigo.

—Pierdes el tiempo dándole mensajitos. Él va a morir detrás de ti, así que yo soy tu única opción —señaló con la pistola y después me apuntó.

El momento había llegado.

—Nos vemos en el infierno, cabrón —solté.

En una milésima de segundo vi cómo apretaba el gatillo.

Cerré los ojos involuntariamente.

Y entonces sentí un peso sobre mí que me tiraba al suelo.

Cuando los abrí, Caden estaba cubriendo mi cuerpo. Se había interpuesto.

—Oh, no… ¡Nooo! ¿Qué has hecho?

Lo ayudé a sentarse. Me quité la sudadera y presioné su brazo, que sangraba.

—No es nada —reconoció—. De todos modos, de poco importa. Al final moriremos los dos. La pistola está silenciada.

Mierda. Tenía razón. No habíamos valorado esa opción. Nadie iba a escuchar nada.

—Si vamos a morir, déjame decirte que ha sido un honor compartir el hielo contigo y que también seas parte de nuestra familia, chaval.

Me tocó la cara y empecé a llorar.

—Sé que no soy mucho de demostrar mis sentimientos, que me cuesta…, pero te admiro y te quiero. Y cuando te veo con tus hijos pienso que yo habría querido un padre como tú, porque has sido el mejor.

—Novák, si hay pista de hielo en el otro lado, te espero para jugar —sonrió débilmente, con mi sudadera ya empapada de sangre.

—Será un honor seguir jugando contigo, capitán. Nos vemos en el más allá, Hughes.

Cerré los ojos, lo atraje hacia mí y esperé mi muerte.

— Nie, Cole! Nerob to, synu.

«¡No, Cole! No lo hagas, hijo».

La voz de Vera.

Esa voz.

No quería que, antes de morir, la última imagen fuera la de ella. No podía quitarme también ese momento.

— Mami, čo tu robíš? Prečo si prišla?

«Mamá, ¿qué haces aquí? ¿Por qué has venido?»

— Snažím sa ti zabrániť v tom, aby si sa stal vrahom. Keď som videla, že zbraň je preč, vedela som, že sa chceš pomstiť tým, že ich zabiješ, a veľmi dobre si vedel, že by som s niečím takým nikdy nesúhlasila. Synu, zastav toto šialenstvo.

«Estoy intentando impedir que te conviertas en un asesino. Cuando vi que el arma había desaparecido, supe que querías vengarte matándolos, y sabías perfectamente que yo nunca estaría de acuerdo con algo así. Hijo, detén esta locura».

— Ustúp, mami. Klamala si mi celé tie roky. Presvedčila si ma, že si do mňa zamilovaná, a hoci sa mi to zdalo nechutné, bolo to lepšie, ako vedieť, že si ho zneužívala. Ako si mohla niečo také urobiť?

«Apártate, mamá. Me has mentido todos estos años. Me hiciste creer que os habíais enamorado y, por más asqueroso que me pareciera, era mejor que saber que has abusado de él. ¿Cómo has podido hacer algo así?».

— Upokoj sa, synu. Môžem ti to vysvetliť.

«Cálmate, hijo. Puedo explicártelo».

— Nie. Nebudem ťa počúvať, nemám záujem. Len ma to mätie a teraz je tu len jedna cesta von: aby som zomrel.

«No. No voy a escucharte, no me interesa. Eso solo me confunde y ahora solo hay una salida: que muera».

— Nezabíjaj ho, prosím .

«No lo mates, por favor».

— Sakra, dokonca nad ním plačeš. Nie, teraz to urobím viac ako kedykoľvek predtým. Chcem, aby si trpel, aby si zaplatil za to, čo si mi urobil. Tentoraz ho už nezachrániš. Nemôžeš.

«Joder, pero si estás hasta llorando por él. No, ahora más que nunca voy a hacerlo. Quiero que sufras, que pagues por lo que me has hecho. Esta vez no puedes salvarlo. No puedes».

Apuntó el arma con más firmeza y disparó.

Pero esa bala nunca llegó a mí.

Vera se interpuso.

— Mami! Čo som to urobil? Och, mami, nechcel som ti ublížiť, nechcel som. Prečo si to urobila?

«¡Mamá! ¿Qué he hecho? Oh, mamá, yo no quería lastimarte, no quería. ¿Por qué lo hiciste?».

Se arrodilló y se inclinó sobre ella, cubriéndola casi por completo con su cuerpo.

— Pretože si ho opäť vyberám pred kýmkoľvek in ým. Aj ja ťa ľúbim, maličký.

«Porque, una vez más, lo elijo a él antes que a nadie. A ti también te quiero, pequeño».

Con la mano temblorosa, alcanzó la mejilla de su hijo y la acarició. Cole cerró los ojos un instante, y una lágrima cayó sobre el rostro de su madre antes de intentar hablar de nuevo.

— Ale nie ako on .

«Pero no como a él».

— Nie… Nikdy som ho nedokázala prestať milovať. Prepáč.

«No… Nunca he sido capaz de dejar de amarlo. Lo siento».

— Čo cítiš? Povedz mi.

«¿Qué sientes? Dime».

— Cítim toto .

«Siento esto».

Entonces se hizo el silencio. Vi cómo Cole abría la boca y se llevaba la mano al estómago. La retiró un instante, y sus ojos se llenaron de lágrimas al ver la palma ensangrentada.

— Ale nemôžem ťa nechať žiť s vedomím, že sa nevzdáš, kým ho nezabiješ.

«Pero no puedo dejarte con vida sabiendo que no vas a rendirte hasta matarlo».

— Matka…

«Mamá…».

Fue su última palabra antes de caer hacia un lado. Vera giró la cabeza para mirarme, y ahí estaban esos ojos, clavados en los míos como en cada una de mis pesadillas, apagándose poco a poco frente a mí.

Sentí la mano de Caden en mi rostro, atrayéndome hacia él hasta apoyar su frente contra la mía.

No me había dado cuenta. Estaba teniendo otro ataque de ansiedad.

—Chaval, no mires ahí. Se acabó. Todo terminó. Ya nunca más podrán hacer daño.

—¿Seguro?

—Te lo prometo. Ahora quiero que tú también me hagas una promesa a mí. No me llevé un balazo para nada.

Mierda. Me había olvidado.

Presioné más la herida.

Tenía narices. Caden desangrándose y consolándome a mí.

—¿Qué quieres? Haré lo que me pidas.

—Solo que seas feliz. Y si algún día tienes hijos, dales ese hogar que tú no tuviste. Quiérelos como te habría gustado que te quisieran y acompáñalos.

—Prometido —aseguré, llorando.

—Ah, y mientras me recupero y mi chica me cuida, tú te encargarás de mis hijos. Harás de niñera.

Solté una risa.

—Cuenta con ello, tío.

Lo abracé.

Sentimos a Kai a nuestro lado, horrorizado, con el teléfono en la mano —supongo que llamando a una ambulancia—. Corrió hacia el hotel y, ya en un murmullo apagado, Caden soltó:

—Creo que el partido del otro lado va a tener que esperar.

—Estoy feliz de que el próximo sea en el Arena de los Rift —aseguré.

Caden sonrió, agotado.

—Joder… yo también. Nada como jugar en casa.

—Nada.