Capítulo 43
JURAJ
Todo empezó mucho antes de que el mundo del hockey se diera cuenta de que los Seattle Rift se estaban cayendo a pedazos.
Davenport llevaba meses tejiendo la red en silencio.
Cuando anunció el divorcio, muchos pensaron que era solo otro escándalo más de la liga, pero la realidad era mucho más sucia y mucho más inteligente.
Cedió su participación en el club a Vera junto con una importante suma de dinero.
Oficialmente dejaba la presidencia, aunque su salida no se haría pública hasta después de los playoffs para no desestabilizar al equipo; ese fue el acuerdo al que llegó con la junta.
Su relevo sería Henry Johnson, que recibió la noticia con una satisfacción que rozaba la euforia, como si por fin hubiera conseguido todo lo que llevaba años deseando.
Lo que ni Cole ni Vera sabían era que, junto con el dinero y las acciones, también habían heredado una montaña de deuda cuidadosamente camuflada.
Durante meses, Davenport y sus abogados habían desviado su capital hacia un entramado de inversiones internacionales, fondos blindados y sociedades pantalla que hicieron desaparecer su fortuna de cualquier balance visible.
Cuando la transferencia se completó, ellos se quedaron con el cascarón y Davenport con el fruto.
Mientras tanto, dentro del vestuario nosotros empezamos a mover ficha.
Tras el anuncio de su marcha, los jugadores más fieles —y los que estábamos como agentes libres— comenzamos a hacer ruido en el mercado: Kai, Liam, Caden y yo.
Hasta Conor dejó caer que no renovaría como entrenador al final de la temporada.
No firmamos nada, pero mostramos interés, lo suficiente como para que el efecto fuera inmediato.
Los compañeros que aún tenían contrato empezaron a ponerse nerviosos; algunos buscaron alternativas por su cuenta, otros solicitaron traspasos formales y el club entró en una espiral de incertidumbre que la prensa no tardó en convertir en un escándalo.
Fue entonces cuando Nathan dio el siguiente paso y puso sus acciones sobre la mesa de Henry Johnson.
Henry mordió el anzuelo sin dudar. Al principio estaba encantado, convencido de que por fin sería el accionista mayoritario de los Rift, de que el control total estaba a un solo movimiento de distancia.
Pero entonces llegaron los playoffs y nosotros caímos en primera ronda.
Nada fue casual.
El golpe deportivo terminó de hundir el valor del club. Los patrocinadores empezaron a dudar, los socios minoritarios entraron en pánico y la junta comenzó a buscar compradores como ratas abandonando un barco que se hundía.
Henry intentó sostener aquello, aunque el agujero era demasiado grande. Una noche me llegó la noticia de que había ofrecido a Prescott venderle su parte. Nathan se hizo el duro y se negó. Henry volvió a insistir y volvió a bajar el precio… hasta que la cifra fue ridícula.
Justo donde Nathan lo quería.
Para entonces, Vera y Cole ya empezaban a ahogarse. Las deudas los estaban devorando y, cuando el escándalo financiero salió a la luz, la imagen pública de Davenport quedó manchada por insinuaciones horribles.
Aun así, él nunca se defendió.
Porque había elegido su batalla.
Se había condenado a sí mismo para salvar su verdadera casa: los Rift. Y también, en el fondo, para hacer pagar a la mujer que tanto daño había hecho.
Después de eso se retiró. Se fue con Mia y con el bebé que venía en camino y, por primera vez desde que lo conocía, parecía en paz.
Sin embargo, la historia no había terminado.
Quedaban los restos del club, quedaba la junta y quedábamos nosotros.
Sin que nadie lo supiera, Caden, Liam, Conor, Kai y yo invertimos todo en los Rift. Ya no se trataba de comprar participaciones, sino de levantar algo que nosotros mismos habíamos ayudado a dejar caer.
Hubo bajas que no pudimos evitar, aunque la mayoría se quedó. Y cuando por fin se hizo público, el mundo del hockey explotó.
La nueva junta directiva de los Seattle Rift estaba formada por jugadores en activo y exjugadores. Gente joven. Gente peligrosa. Gente que sabía exactamente lo que estaba defendiendo.
Y al frente… Nathan Prescott como presidente.
Lo primero que hice como propietario fue despedir a Zoey.
Después ordenamos una auditoría interna completa; teníamos que asegurarnos de que no quedaba ni una sola serpiente leal a Vera o a Henry Johnson dentro del club.
Ni una.
Así nació el nuevo Seattle Rift.
Así fue como nuestra familia se levantó después de la caída, porque más que nunca ese lugar era nuestra casa y estábamos dispuestos a sangrar por ella.
Pensé que todo había terminado.
Me equivoqué.
Una tarde Vera me esperó fuera del aparcamiento del estadio. Casi la atropello. No se movió, así que tuve que bajar del coche.
Estaba demacrada, consumida, muy lejos de la mujer fría que había conocido.
Se aferró a mis manos con desesperación y me solté al instante. No soportaba su contacto.
— Juraj, prosím... Musíš mi pomôcť. Cole ma oklamal. Levi za ničím nebol; pravdepodobne je mŕtvy. Všetko to urobil, aby ma ovládal…
«Juraj, por favor… Tienes que ayudarme. Cole me engañó. Levi nunca estuvo detrás de nada; posiblemente esté muerto. Todo fue cosa suya para controlarme…».
Solté una carcajada seca.
—Tu propio hijo te traicionó. Nunca fue tan estúpido como creías. El alumno superó al maestro y os hizo caer a los dos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
— Prosím, nenechávaj ma takto…
«Por favor, no me dejes así…».
La miré sin un gramo de duda.
—Estás sola, Vera. De mí no vas a recibir nada más. Bastante me quitaste ya.
Me giré para subir al coche cuando su grito me alcanzó.
— Vždy som si ťa vybral! Miloval som ťa! Staral som sa o teba a miloval som ťa ako nikto iný!
«¡Yo siempre te elegí a ti! ¡Yo te amaba! ¡Te he cuidado y querido como nadie!»
Los recuerdos de la pesadilla vivida en Bratislava regresaron con fuerza, mi llegada a Seattle por ella, cómo me enredé con Zoey y con medio personal del club solo para herirla, para que entendiera que, aunque me hubiera arrastrado hasta allí, no volvería a tenerme jamás.
Pero todo fue inútil.
Cada intento por apartarla de mi vida me degradaba un poco más.
Ella me había degradado.
Subí la música, toqué el claxon y el guardia de seguridad apareció justo a tiempo para apartarla mientras pasaba a su lado. Aún sentía su mirada clavada en mí, pero ya no tenía poder. Tal y como estaban las cosas, cualquier declaración pública suya o de su hijo no sería tomada en cuenta.
Por fin, todo había terminado.
Ese verano me fui a la casa de Canadá con mi hermano y su novio, Anica con una amiga y mi chica. Por primera vez en mucho tiempo me sentía en paz.
Más tarde haríamos el viaje con todos nuestros amigos y después se acabarían las vacaciones, porque ahora no solo nos tocaba el hielo: nos tocaba todo lo que lo rodeaba.
Aun así, me guardé unos días solo para Kelsey y para mí.
Seguía en terapia y, joder, me estaba haciendo bien. Kai decía que a él le llevó más tiempo. Puede que tuviera razón.
Puede que rozara la felicidad el día que conocí a Kelsey y simplemente decidiera no soltarla.
También seguía con yoga y mindfulness , pero eso… eso no pensaba reconocérselo a nadie.
***
El primer partido de la temporada fue contra Vancouver.
Era muy importante porque los Rift no solo teníamos que demostrar nuestra valía en el hielo, sino también fuera de él.
En realidad, no es que volviéramos, es que nunca nos fuimos.
Solo habíamos sufrido una pequeña caída de la que salimos más reforzados, y todos iban a ver que tenían que temernos.
Antes de salir, el vestuario era un hervidero de gente.
No solo estábamos los jugadores y el cuerpo técnico; también estaban las chicas, Prescott como nuevo presidente y Davenport, que nos acompañaba.
Al final seguía siendo miembro de la junta directiva, y todo gracias a que Liam le cedió su parte… bueno, a él no, a su hijo.
¿Y a qué se debió todo aquello? Muy fácil.
En verano, Mia fue al estadio para ver la nueva sala —la futura guardería de los hijos de los jugadores— cuando empezó a encontrarse muy mal.
Fue algo relacionado con el embarazo: un sangrado repentino que terminó con ella desmayándose.
Liam también estaba allí y fue quien la encontró.
Los médicos dijeron después que, si no llega a ser por él, ni ella ni el bebé lo habrían contado.
Por eso, tanto Davenport como Mia decidieron llamar Liam a su hijo. Porque si ese niño estaba allí entre nosotros era gracias a él.
Antes del viaje de verano que hacíamos todos juntos, Liam tomó una decisión que dejó a todo el mundo en shock , sus participaciones en el club pasarían al pequeño que llevaba su nombre. Ni Davenport ni Mia querían aceptarlo, pero él fue claro:
—Ese va a ser mi regalo para él… ya que no lo voy a ver crecer.
Después de eso abandonó el equipo y regresó a Canadá.
Ahora todo estaba bien, y yo sabía que los Rift llegaríamos a lo más alto, pero aquella noticia nos dejó a todos tocados. Nadie se lo esperaba. Aunque, si hubo alguien a quien le impactó de verdad, fue a Conor. Lo que vino después fue otra historia muy larga.
El caso es que, hasta que el pequeño Liam fuera mayor, Davenport se encargaría de gestionar su parte. Así que sí. Nuestro expresidente seguía con nosotros.
Antes de salir, nos juntamos en círculo en medio del vestuario.
Puños al centro.
—Rift on three —gruñó Conor.
— One… two… three…
—¡RIFT!
Los sticks chocaron contra el suelo al unísono y la adrenalina se disparó.
Uno por uno pisamos la pista y, joder, estábamos hambrientos. Queríamos que todos vieran de lo que éramos capaces. Aunque nos faltara un defensa como Liam, estaba claro que encontrar a alguien de su nivel iba a ser difícil.
Conor seguía en un estado permanente de cabreo y nos machacaba más que nunca en los entrenamientos…, pero ese día la euforia le corría por las venas.
Y se notó.
El partido empezó fuerte y nosotros salimos a romperlo.