Capítulo 40 #2
Le soltó un puñetazo contra las puertas automáticas. Cole cayó hacia atrás y estas se abrieron.
Todos regresaron a mí.
—Hay que llevarlo a un hospital —exclamó Conor.
Negué.
—Joder, muchacho… —se sentó detrás de mí y apoyó mi cabeza en su regazo—. ¿Por qué cojones no te defendiste? Tú eres más fuerte que ese cabronazo.
—Venga, saquémoslo de aquí. Vamos a la sala de trofeos y conseguimos algo para curarlo —ordenó Nathan con rapidez—. Este no es un buen lugar.
Entre Kai y Conor me levantaron.
—No. Vamos a la sala de fisioterapia. Allí lo podemos tumbar y River tiene lo necesario —rebatió Caden.
—Buena idea. Yo voy a ir al despacho de Jordan, tengo la clave para entrar; tomaré prestadas algunas medicinas. Nos vemos allí. Hay que avisar a Davenport —comentó Nathan.
—No —logré decir—. Es la fiesta por su bebé.
—Joder, la puñetera fiesta —protestó Conor—. Liam está fuera hablando con una periodista. Le voy a decir que se lleve al presi. Es lo mejor.
Todos asintieron.
Y así fue como me dejé ir.
Cerré los ojos.
Ya no tenía de qué preocuparme.
Todo había acabado.
Muy pronto solo quedaría otra vez el mismo vacío.
***
Los hombros de Davenport perdieron firmeza y su cabeza acabó estampada contra la mesa. No había sido fácil para mí contar mi historia, igual que para él escucharla. Pero ya no quedaba otra alternativa.
Mi vida estaba acabada, pero la suya no. Tenía un hijo por el que luchar y una mujer a quien amar.
Tras lo sucedido tres días atrás con Cole en los vestuarios, no me quedó más remedio que contarles la verdad a mis amigos.
Habían escuchado parte de la conversación y, aunque no hubiera sido así, era bastante evidente que nos conocíamos bien.
Y, para ser sincero, ninguna de esas dos premisas fue lo que me llevó a abrirme.
Lo que me dio la fuerza fue pensar en mis hermanos y en Kels.
Les pedí que los cuidaran, que los protegieran, y sabía que no me iban a fallar.
Uno a uno se fueron derrumbando. Hubo lágrimas, desesperación…
buscaban soluciones que no existían. Ya todo estaba perdido para mí.
Condené mi vida con dieciséis años y, aunque jugué a creer que había esperanza, en el fondo sabía que nunca la hubo.
Pero al menos había cumplido mi misión de salvar a mis hermanos.
Así que ahora tocaba dar un paso al costado y desaparecer de sus vidas.
Esa noche les pedí que fueran a la fiesta para conocer el sexo del bebé, y yo conduje hasta Whistler. A Kels le dije que no me encontraba bien, que necesitaba pensar, y a Amelia que cuidara de mis hermanos hasta mi regreso.
Y apagué el teléfono.
Cuando lo encendí más tarde, estaba a reventar de llamadas y mensajes de todos mis amigos y, sobre todo, de la princesita. Pero tuve que parar todo y meditar bien los pasos que iba a dar para no levantar sospechas y que fuera lo menos doloroso posible. Aunque iba a ser una mierda. Lo tenía asumido.
La noche anterior, cuando llegué, me reuní con mis hermanos y les informé de mis planes de irme ahora que cada uno iba a tomar su camino en la universidad. Yo seguiría el mío, excusándome en que era una gran oportunidad para mí.
Anica se rompió.
Pero Matej fue el que peor lo llevó. Me dijo que no estaba preparado todavía para estar tan lejos de mí. Nunca me lo imaginé. Que estudiaría cerca de casa y que no podía pasar meses sin verme.
Fue un completo desastre dramático.
Pero, muy a su pesar, era algo que tenían que aceptar.
No sabían que me dolía mucho más a mí que a ellos.
—Hijo, esta no es una solución… —Davenport levantó la mirada humedecida, sin molestarse en disimularlo. Nunca en la vida lo había visto así. Derrotado. Esa era la palabra—. Llevaremos esto a la justicia. Haremos lo que haga falta.
—No. Ya te lo expliqué, no puedo hacer eso.
No conseguiríamos nada y mis hermanos quedarían expuestos.
Y Kelsey… mejor que se retire de las redes, porque la machacarían.
Y de verdad, esto ya no es por mi carrera —porque me da igual—, es por mi familia.
Debo protegerlos. Tú me tienes que entender mejor que nadie.
—Es que no puedo aceptarlo. ¡No! —golpeó la mesa con desesperación.
—Presi —hablé en un tono que intentaba calmarlo—. Ahora tienes que cuidar de los tuyos.
—Tú eres de los míos, muchacho. Siempre lo has sido. Y también tengo que protegerte. Ya que no supe hacerlo antes.
—Si me quieres ayudar, haz que mi marcha de aquí sea fácil. Estaré bien jugando en Nueva York. No tengo otra alternativa, créeme.
Le di un apretón en la mano y me puse en pie antes de romperme yo también.
—Juraj —pronunció mi nombre, no mi apellido, incorporándose y caminando hasta mí—.
Perdóname. Yo jamás debí traerte aquí. Tu vida habría sido distinta en otro equipo.
Y siento mucho no haberme dado cuenta de nada.
Tu mala actitud cuando llegaste era un claro grito de que no querías estar en este lugar.
—No, no digas eso. Es verdad que cuando me enteré de que iba a seguir ligado a Vera me volví loco, pero estaban mis hermanos y eran lo más importante.
Y por el camino, lo que parecía horrible se transformó en algo maravilloso.
Aquí encontré mi familia —confesé sin poder retener más las lágrimas—.
Aquí aprendí que hay gente buena, que te quiere y que apuesta por ti, aunque te portes como un gilipollas.
Aquí he tenido mi hogar… y hasta me enamoré.
Se me escapó una risa rota mientras ambos llorábamos.
—Así que gracias, presi. Por tanto.
Tiró de mí y me abrazó con fuerza mientras llorábamos sin contención.
—Eres un gran muchacho, Juraj. Los Rift nunca te van a olvidar, ni dentro ni fuera del hielo.
Asentí, me sequé los ojos con la manga de la sudadera, cogí mi bolsa del entrenamiento de esa mañana y abrí la puerta.
Nathan estaba allí, negando con la cabeza, pidiéndome sin palabras que no lo hiciera. Pero ya estaba hecho.
Caminé a su lado sin decir nada. Mis pies se arrastraban. Cogí el ascensor y bajé hasta el aparcamiento.
Vera estaba apoyada en mi coche.
Lancé la bolsa dentro, ignorándola.
— Juraj, počul som, čo ti Cole urobil . Povedz mi, čo ti povedal? Čím ťa vydieral? Chce viac peňazí?
«Juraj, me he enterado de lo que Cole te hizo. Dime, ¿qué te ha dicho? ¿Con qué te ha chantajeado? ¿Quiere más dinero?».
—Tu hijo ha aprendido muy bien de ti. Me ha jodido la vida, me ha alejado de todos los que quiero…, pero ¿sabes qué? Todo esto tiene algo positivo: que por fin me desharé de ti.
Continué mi camino y me metí en el vehículo. Desvié la vista de ella, que se quedó paralizada, supongo que intentando comprender algo que estaba claro que Cole no le había dicho.
Y salí de allí.
Ahora venía la peor parte, Kelsey.
Y quería hacerlo antes de que mis hermanos llegaran del instituto.
¿Por qué en mi casa?
Porque sabía que, en el momento en que ella cruzara esa puerta para irse…
yo me vendría abajo.
***
La puerta se abrió y sus pasos resonaron hacia la sala donde permanecía sentado, sin mirarla. Cuando me vio, corrió hacia mí y me abrazó con fuerza.
Juro que intenté no corresponder, aunque no fui capaz.
Así que la apreté con desesperación. No quería soltarla. Ni que me soltara. No podía perderla.
La amaba.
Como nunca creí que se pudiera amar.
—Juraj —se apartó un poco de mí y me sujetó el rostro con las manos—. ¿Qué está sucediendo? Estoy muy preocupada. Ayer les escribí a los mellizos y ninguno me respondió, y eso no significa nada bueno. ¿Tienes ataques de ansiedad otra vez?
Negué, soltando su agarre. Aquello iba a ser más difícil de lo que pensaba.
Me puse en pie y me senté lejos de ella. La cara de asombro fue inmediata. Pero si la tenía cerca, no iba a ser capaz de hacerlo.
—Kelsey, tengo una noticia importante que comunicarte. He decidido cambiar de equipo la próxima temporada. Me voy a Nueva York.
—¿Qué? ¿Qué clase de broma es esta, Juraj? ¿Cómo que te vas? Tú no dejarías a los Rift… ni a tus hermanos… ¿y a mí?
—Sé que puede parecer difícil de entender, pero lo estuve meditando. Es una oportunidad única. Formaría parte de uno de los Original Six, tendría más probabilidades de ganar alguna Stanley Cup y avanzar en mi carrera. En los Rift eso nunca va a suceder.
—No. Tú no eres así. A ti te importa el club, lo he visto.
—No sabes cómo soy. No me conoces apenas, solo has visto lo que yo dejé que vieras.
También soy esto: un hombre con ambiciones.
Y ha llegado el momento de que me enfoque en mí, en mi carrera.
Mis hermanos se van a ir a la universidad; cada uno hará su vida.
Ya he cumplido con ellos. Ahora quiero hacerlo conmigo.
—¿Y yo? ¿Dónde quedo en tu decisión? —se secó las lágrimas—. ¿No signifiqué nada para ti?
Silencio.
No podía hacerlo.
No podía lastimarla así.
—¡Responde! Al menos me merezco saberlo.
—Lo nuestro ha estado bien —dije en un tono gélido—. Eres una gran persona, Kelsey, pero sinceramente… no hay futuro. Los dos lo sabemos.
—¿Y desde cuándo lo sabes? Porque para mí es la primera noticia. Será que no tengo la misma percepción que tú.
—Tengo problemas que resolver con mi ansiedad y debo hacerlo solo. Además, lo de llevar una relación a distancia… ¿cuánto crees que duraría? Nada. Porque yo tengo mis necesidades.
Boom.
Ahí lo solté.
Ahí hice que regresara el hombre que a ella no le gustaba.
—Eres un capullo. No te reconozco.
—Mira, Kelsey, lo intenté, ¿vale? Quise ser tu principito, pero fallé. No puedo darte más. Este juego de las parejas me aburre, me agota. Además, si me paro a pensarlo bien, no me siento cómodo con tu mundo. No es para mí. Demasiada exposición.
Me puse en pie y caminé hacia la cristalera. No podía mirarla. La estaba rompiendo. Y, a la vez, me estaba rompiendo yo.
—Me he equivocado muchas veces en mi vida, pero mi mayor error fue enamorarme de ti e ignorar todas las puñeteras señales —su voz se quebró—. Porque hoy no solo me has partido el corazón… sino que me has dejado vacía.
Cerré los ojos. Apreté los puños.
Escuché unas llaves sobre la mesa.
Las estaba dejando allí.
Permanecí quieto hasta que oí la puerta abrirse.
—Ojalá algún día encuentres eso que tanto buscas.
La puerta se cerró tras ella.
Corrí hacia la entrada. Estuve a punto de abrirla. Me quedé con la mano en el pomo, luchando por detener mis impulsos, apoyando la cabeza contra la madera.
—Tú eras lo único que yo necesitaba… y lo perdí —murmuré, resbalando hasta el suelo, sintiendo de nuevo ese agujero en mi interior.
Pero esta vez…
era más grande.
Más oscuro.
Y mucho más doloroso.