Contra toda táctica (Corazones en juego 4) Capítulo 40
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Capítulo 40

JURAJ

Había sido una gran noche. La verdad es que llevábamos varios partidos ganando y arrasando. Todos decían que algo en mí había cambiado, hasta Prescott, que lo definía como ese «algo» que, según él, me faltaba para ser el mejor o estar entre los mejores.

Yo no lo habría descrito así, sino como intentar disfrutar al máximo el tiempo que te queda, porque esas últimas semanas vivía como en una cuenta atrás.

Quería aprovechar cada minuto, porque temía que todo explotara en cualquier momento y que Levi cumpliera su amenaza de sacar todo a la luz si no conseguía el dinero de los Davenport.

En varias ocasiones estuve decidido a hablar con el presi, contarle todo para que se cuidara y meditara cada paso, pero en el momento en que llegaba a la puerta de su despacho me daba la vuelta. Sí, como el cobarde que era, porque no había manera de advertirlo sin relatar mi historia.

Además, estaba tan feliz y emocionado con lo del bebé que saber los planes de Vera solo destruiría esa burbuja en la que llevaba un tiempo viviendo.

Y es que esa noche íbamos a reunirnos todos en una pequeña celebración para conocer el sexo del bebé.

Las chicas, junto con Mia, ya se habían ido al local; solo quedábamos nosotros y Davenport en el estadio.

Mis amigos iban hablando distendidamente del partido cuando me di cuenta de que me había dejado el teléfono en los vestuarios.

—Regreso ahora, voy a por el móvil. Me lo olvidé en mi taquilla.

—No tardes, te esperamos junto al ascensor —indicó Prescott, y asentí.

Caminé con paso rápido, con ganas de salir de ahí y ver a Kels.

Los días de partido era imposible cruzar dos palabras; para ella eran tediosos, un no parar.

Pero esa noche, después de la celebración, se vendría a casa.

Estábamos aumentando los días en los que dormíamos juntos, así que estaba dispuesto a pedirle que regresara definitivamente.

Mis hermanos la extrañaban y yo ni qué decir.

Quería aprovechar cada segundo, vivir cada momento, sentir cada beso. Y cada vez que nos acostábamos, quería guardarlo todo, coleccionar la mayor cantidad de recuerdos, porque eso era lo único que me quedaría para poder seguir.

Crucé la puerta automática de los vestuarios y allí lo vi. Estiré la mano hacia mi teléfono cuando sentí que la otra puerta se abría. No le di más importancia; serían los de la limpieza, aunque era raro: solían venir más tarde.

Metí el teléfono en el bolsillo y, cuando me giré, lo encontré apoyado en la gran mesa que teníamos enfrente, con la pantalla hacia abajo.

Era Cole.

Si es que ahora no faltaba a ningún puto partido, el muy cabrón… y siempre de la mano de Henry Johnson.

—Eres muy escurridizo, Juraj. Es difícil poder hablar contigo —hizo un gesto con la nariz y se pasó el dorso de la mano por ella, aspirando con fuerza.

El tic nervioso y la mandíbula tensa lo delataban: se acababa de meter una raya.

Por desgracia, conocía demasiado bien los signos de muchas drogas; había pasado demasiado tiempo viéndolas en mi hermano.

—No será porque no sabes dónde encontrarme. ¿O es que tanto viajecito te ha dejado más imbécil de lo que ya eras?

—Siempre… todos viéndome como el pobre idiota.

Tus padres, mi padre y hasta mi madre. Y, en cambio, tú eras el hijo perfecto, el hermano perfecto, el hombre perfecto.

Toda una vida viviendo a tu sombra, viendo cómo todos te preferían a ti.

Juraj ha conseguido esto, Juraj es muy listo, Juraj llegará lejos, Juraj es un gran chico , bla, bla, bla…

—movió la mandíbula en un espasmo—. Pero me he tomado mi tiempo en la sombra, planificando cada paso.

Y por eso estamos aquí, en los vestuarios, donde no hay cámaras.

Aplaudí sin ganas.

—Guau, estoy impresionado. Has usado el cerebro. Pero si has venido a contarme la historia de que tu padre ha vuelto, llegas tarde: tu madre se te ha adelantado. Y déjame decirte que os podéis ir todos a la mierda.

—Ja. Cómo no, mi madre siempre protegiéndote. Patética. Era bastante previsible, cuando se trata de ti, siempre comete errores. Algunos tan garrafales que me han permitido ver con mis propios ojos a qué os dedicabais los dos a espaldas de todos.

Apreté los puños. La imagen de Cole aquella noche —los ojos llenos de lágrimas, de decepción, dolor y odio— no se me olvidaría jamás.

—Ese día me di de bruces con la realidad, y joder si dolió. Aunque no tanto como cuando pensé que había logrado alejarla de ti y se las ingenió para estar cerca en Seattle. Ahí se murió para mí, para siempre. Desde ese día entró en mi lista de enemigos.

—Tío, no me vengas lloriqueando. Tienes la madre que te mereces y también el padre. Sois todos una porquería.

—¿Y aún te crees con autoridad moral para mirarnos por encima del hombro después de lo bajo que has caído? Eres la mayor decepción. Los mellizos se horrorizarían al saber quién eres en realidad.

—No vayas por ahí. No metas a mis hermanos en esto. Ya ayudaste a Andrej a autodestruirse. No estoy dispuesto a que lastimes a nadie más. Antes de que lo intentes, te mato.

—Ohhh, qué valiente. Pero tranquilo, ellos no me interesan. Toda mi atención está puesta en ti, en destruirte.

—¿Qué? ¿Me vas a amenazar con contar todo lo que hice por sobrevivir? ¿Es dinero lo que quieres?

—No. Con la fortuna de los Davenport y la participación en los Rift hay más que suficiente.

—Eres un maldito hijo de puta. No te vas a salir con la tuya. Esto jamás será tuyo.

—Eso ya lo veremos. Aunque no estoy aquí para hablar sobre el futuro del club contigo… ya que tú no serás parte de él.

—¿Qué dices? —me revolví el pelo, incómodo.

—Vas a irte de los Seattle Rift. Ahora serás agente libre.

Les dirás adiós. Puedes largarte a donde te dé la gana, pero lejos de tus hermanos.

Confórmate con verlos de vez en cuando… y, sobre todo, despídete de la preciosidad que tienes como novia.

Siempre has sido un cabrón con suerte. Pedazo de tía, no sé ni cómo se fijó en ti. Pero la quiero fuera de tu vida.

—Estás loco. Estás jodidamente loco de la cabeza —señalé mi sien—. No sé qué pretendes con todo esto.

—Uy, veo que las neuronas ya no están como antes.

Debe de ser de tanto golpe en la cabeza.

Qué decepción, Juraj. A ver si así lo entiendes, no te quiero aquí.

Te vas a ir lejos, a la otra punta o a otro país, pero te piras.

Si quieres seguir en el hockey, adelante; me importa una mierda lo que decidas.

Porque vas a ser un puto infeliz. Estarás solo, lejos de tu familia, de tus amigos y de la mujer que amas.

Vivirás con el corazón destrozado, acompañado solo por la soledad y la tristeza.

Sonrió sin humor.

—Así es como me sentí yo cuando me mudé a Estados Unidos, y ahora lo sentirás tú.

Llegará el día en que los mellizos se acostumbren a tu ausencia, harán sus vidas y casi ni te visitarán.

Y la preciosidad de la influencer conocerá a otros, porque, con el mundo en el que se mueve y lo guapa que es, aparecerá alguien mil veces mejor que tú.

Alguien que hará que te olvide. Y tú mirarás las redes y sufrirás en silencio al verla feliz con otro.

—¿Por qué haces esto? ¡¿Por qué?!

—Porque voy a vengarme de cada una de las personas que me destrozaron la vida. Y adivina: tú estás entre ellas, cabronazo.

Dio un paso al frente y me lanzó un puñetazo que ni me molesté en parar.

—Mi madre, esa zorra sin corazón, lo perderá todo: el apellido de su marido, la fortuna y a ti. Sentirá el dolor que yo sentí todos estos años, humillado y abandonado.

Otro golpe. Su mirada estaba desquiciada.

—Defiéndete. Así no tiene gracia.

Me agarró por la chaqueta del traje, me empujó contra la mesa y volvió a golpearme.

—Seré socio de este club. Davenport quedará en la calle y ese gilipollas de Henry tomará su lugar. No me interesa ese puesto, no entiendo nada de hockey. Solo estoy aquí para eliminar la lacra.

Otro puñetazo. Y otro.

Eso quería… que me diera tan fuerte que me matara. Quizá mi muerte sería lo mejor que les podía pasar a mis hermanos, a Kels y a mí.

Y justo ahí recordé la carta de Andrej. Descansar. Pararlo todo.

Estaba cansado de vivir con miedo, de sentir que cada minuto era prestado, de no poder tener una vida.

Más golpes.

Noté el sabor metálico en la boca y el cuerpo agotado.

—Acabaré con Kai y disfrutaré arruinando la vida perfecta de Caden y su bella mujercita. Sufrirá lo mismo que sufrí yo cuando, por su culpa, perdí a mi mujer. Esos hijos de puta me han dejado sin nada.

Los golpes siguieron hasta que, de repente, todo se detuvo y mi cuerpo se desplomó.

Entreabrí los ojos.

Y vi a Caden golpeándolo.

Más voces…

—¡Para, detente, lo vas a matar! —gritaba Conor, intentando detenerlo sin éxito.

—Ey, muchacho…

Sentí unas palmadas en la cara.

Prescott me miraba con expresión de miedo. Debía de estar horrible para ver ese terror en su rostro.

Desvié los ojos al sentir una mano apretando ligeramente la mía. Era un gesto familiar, cálido.

Kai.

Sus ojos estaban vidriosos. Él estaba viendo mi derrota, la sentía, porque había estado muchas veces en ese mismo lugar.

Negué con la cabeza.

Y eso fue suficiente para que su gesto cambiara por completo. Se separó de mí, rompió el contacto, y pude apreciar cómo se lanzaba contra Cole hecho una furia. Conor intentaba frenar a un Caden fuera de sí y Kai también había perdido la cabeza.

Prescott me recostó en el suelo con cuidado y fue a detener a Kai.

—¡Para, joder, para!

Le pegó un empujón que acabó con Kai sentado en el suelo a mi lado. Después levantó a Cole y lo estampó contra una de las líneas divisorias de nuestros cubículos, clavándolo contra la columna.

—Pedazo de mierda. Siempre intento mantener la calma. No me gusta perder los papeles, porque cuando lo hago se me va la olla y me vuelvo muy loco. Como lastimes a alguno de mis amigos, voy a ir a por ti y te aseguro que desearás no haber nacido.