Contra toda táctica (Corazones en juego 4) Capítulo 39
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Capítulo 39

JURAJ

Me despedí de Conor al salir de los vestuarios.

Aquella tarde me había quedado más tiempo entrenando con él.

Entre mi supuesta lesión y el viaje a Bratislava había perdido varios días de práctica, aunque en el gimnasio de casa me había machacado siguiendo la tabla que me prepararon para no perder forma.

Aun así, tenía la sensación de que aquella propuesta de sesiones extra era más por él que por mí.

Llevábamos días así.

Y él sabía de sobra que en el hielo estaba rindiendo al cien por cien…

o más. Había vuelto con más hambre, más agresivo en el forecheck , más rápido en las transiciones y más preciso en el disparo.

En el gimnasio trabajábamos potencia de piernas con sentadillas pesadas y prensa inclinada, explosividad con saltos pliométricos, arrastres de trineo y sprints cortos en cinta.

En la pista, series de cambios rápidos de dirección, salidas desde parado, trabajo de stickhandling bajo presión y tiros repetidos tras contacto físico contra las vallas. Terminábamos exhaustos.

Aunque aquello no era solo entrenamiento.

Conor estaba huyendo. De su casa, de sus problemas…

de Liam, quizá. Yo qué sé. Lo que hacíamos podría hacerlo perfectamente el entrenador asistente; no necesitaba estar él.

No hablábamos mucho, casi nada, pero el desgaste físico nos vaciaba la cabeza a los dos.

Él siempre era uno más: sudaba, se exigía, competía.

Su físico era impresionante, intimidante incluso.

Y ese agotamiento compartido funcionaba como una terapia silenciosa.

Saqué el teléfono para avisar a Kels de que ya salía y que la recogería para cenar fuera. Vi a Zoey caminando hacia mí. Se recolocó la ropa en un gesto rápido, como si eso pudiera cambiar la animadversión que sentía hacia ella.

Bajé la mirada, ignorándola, centrando toda mi atención en el mensaje de mi chica.

Princesita

Amor, prefiero posponer los planes de hoy. No estoy de ánimo. Me quedo en casa con Jordan. Hacemos FaceTime por la noche; ya sabes que no puedo dormirme si no te veo y escucho tu voz.

Se me escapó una sonrisa tonta. Y al mismo tiempo me maldije. Allí estábamos, cada uno en una casa distinta, jugando a ser novios adolescentes… y todo por mi mierda.

Nada me apetecía más que despertarme y acostarme con ella cada día.

Tenerla conmigo. Pero después del ataque en Bratislava me asusté.

Mucho. Aquella mañana me quedé bloqueado en las escaleras del hotel durante horas.

Menos mal que nuestro vuelo salía por la noche.

Fue un empleado quien me sacó de allí; si no, quién sabe cuánto más habría seguido atrapado en mi propia cabeza.

Me dio miedo. Y la idea de pedirle a Kels que volviera a casa conmigo se evaporó.

Lo que pasó en esas escaleras lo oculté.

No quería preocuparla. Le dije que había salido a buscar un local donde vendían šúľance s makom, un dulce típico eslovaco con semillas de amapola, para que lo probara, pero que estaba cerrado.

También inventé que me había encontrado con mi primer entrenador de hockey y que se nos había ido el tiempo hablando.

Mentira.

Todo mentira.

Estaba haciendo lo que siempre había odiado.

Como cuando me reincorporé al equipo y Davenport habló conmigo, preocupado, y yo le aseguré que no me había vuelto a pasar. Que ya estaba bien.

Estar bien.

Sonaba a utopía.

¿Alguna vez lo estuve?

La respuesta era no.

—Felicidades por el premio, Juraj.

La voz —y la presencia— de Zoey me arrancaron del hilo de mis pensamientos.

—Para ti soy Novák. No lo olvides —la esquivé sin mirarla y seguí hacia el ascensor.

Volví a leer el mensaje de Kels. Algo no estaba bien. Lo presentía. Y no iba a conformarme con verla a través de una pantalla. ¿Pero qué era? ¿Dinero? ¿Sus padres? ¿Su ex?

Mierda. No podía esperar.

Entré en el ascensor. Antes de que pudiera pulsar el botón, las puertas se cerraron. Lo habían llamado desde otro piso. Suspiré y empecé a escribir.

Yo

Princesita, acabo de salir. Nos vemos en casa de Jordan. No me basta verte por una pantalla. No puedo besarte, ni olerte, ni abrazarte… y hoy casi no estuvimos juntos.

No es que me hiciera especial ilusión ir a casa de los Prescott. Era incómodo de cojones. Aquello tenía un aire demasiado familiar, como el novio que va a cenar bajo la supervisión de medio clan. Pero por ella lo que fuera.

Princesita

Me encanta la idea. Me muero porque me estrujes entre tus brazos.

Se me escapó una sonrisa.

…

Escribiendo…

Princesita

Estoy con Jordan. Me está diciendo que te quedes a cenar .

«No, no… eso no», pensé al instante. Una cosa era empezar poco a poco mi relación con Jordan y otra muy distinta meterme en una cena formal improvisada. Ya notaba el sudor frío en la nuca. Definitivamente, aquello era peor que conocer a los padres de tu novia.

Con Mia, curiosamente, me sentía más cómodo. Esa mujer estaba de mi lado desde el primer día. Le caía bien. Y ella a mí también.

Estaba a punto de inventar una excusa cuando llegó otro mensaje.

Princesita

Ahórrate la excusa, sé que ya estás pensando una.

Y no uses a tus hermanos como coartada. Sé perfectamente que llamaste a Amelia para que se quedara con ellos mientras salías conmigo.

Te conozco demasiado, Juraj Novák. Así que ya sabes…

, si quieres verme, tienes que venir a cenar.

Te prometo que el postre te va a encantar.

Sonreí. De verdad.

Y entonces el ascensor hizo clic. Las puertas se abrieron.

Y ahí estaba.

Vera Davenport.

Mi cuerpo se tensó al instante. Me desplacé hacia una esquina, apretando el móvil en la mano, clavando la vista en él aunque ya no veía nada. Solo podía olerla. Ese perfume a pachuli.

Ese maldito olor que lo impregnaba todo.

— Ahoj, zlatko .

«Hola, cielo».

No respondí. Seguí mirando la pantalla apagada del móvil.

Su sola presencia, y el hecho de que me hablara en eslovaco, me arrastraban a un lugar al que no quería regresar jamás.

Desde que nos mudamos a Seattle, ni mis hermanos ni yo volvimos a usar nuestra lengua.

No fue porque todo a nuestro alrededor funcionara en inglés, sino porque necesitábamos dejar atrás aquellos años.

Años horribles en los que solo había dolor.

— Musíme sa porozprávať. Ale nie tu. Všade sú kamery a vyzeralo by to podozrivo.

«Tenemos que hablar. Pero no aquí. Hay cámaras por todas partes y sería sospechoso».

Claro. El miedo a que la grabaran. Por eso no me había acorralado antes. Solo lo hacía cuando tenía el terreno controlado.

—Que te jodan —solté cuando las puertas se abrieron.

Salí en busca de aire, aunque fuera el del puto aparcamiento mal ventilado.

— Juraj! Levi žije. A vie všetko, čo sme urobili.

«¡Juraj! Levi está vivo. Y sabe todo lo que hicimos».

El corazón se me detuvo.

Levi estaba muerto… o eso afirmaban. Su cuerpo nunca apareció, al contrario que el de mi padre, pero en los registros constaba como fallecido. Gracias a eso, Vera pudo casarse con Davenport.

Me giré y caminé hacia ella hasta arrinconarla contra una columna.

—Te lo estás inventando. Otra de tus manipulaciones.

Sin embargo, en su cara había miedo. Miedo real.

— Nebuď idiot. Žije. A Cole je na jeho strane.

«No seas idiota. Está vivo. Y Cole está de su lado».

Me aparté. No soportaba su perfume ni su aliento tan cerca.

—Explícate.

— Nie tu.

«Aquí no».

—No me voy a mover. O hablas ahora o me piro.

Encendió un cigarro con manos nerviosas.

— Začala som dostávať vyhrážky. Povedali, že vedia všetko. Od Leviho a Dušanovej zrady… až po našu dohodu. Nemohla som to nikomu povedať. Zradil by nás. Najala som si detektíva. A správy mi nechával môj vlastný syn.

«Empecé a recibir amenazas. Decían que sabían todo. Desde la traición de Levi y Dušan… hasta nuestro acuerdo. No podía contárselo a nadie; nos delataría. Contraté a un detective. Y era mi propio hijo quien dejaba los mensajes».

Parpadeé.

— Cole mi nikdy neodpustil, že som si vybral teba a tvojich bratov. Povedal, že som pre neho zomrel v deň, keď som vás priviedol do Seattlu.

«Cole jamás me perdonó que te eligiera a ti y a tus hermanos. Dijo que morí para él el día que os traje a Seattle».

Seattle.

El draft.

Recuerdo perfectamente aquella noche. Estaba convencido de que otro equipo me elegiría. Cuando los Seattle Rift anunciaron mi nombre en primera ronda fue el mejor día de mi vida. No solo firmaba mi contrato en la NHL.

Era mi salida de Bratislava. Mi oportunidad de sacar a mis hermanos del centro de menores.

Hasta que vi a Vera del brazo del presidente Davenport.

Y supe que no era casualidad.

Que no había escapatoria.

Nunca la hubo.

—Sois unos putos enfermos —gruñí—. El día que mi padre se metió en negocios con Levi nos condenó a todos.

— Sme v nebezpečenstve, zlatko.

«Estamos en peligro, cielo».

—No me llames así —la empujé contra la columna—. Tú eres la única responsable.

— Ak tomu veríš, si ešte väčší idiot, než som si myslel. Cole nie je geniálny, ale jeho otec áno. Chcú Davenportove peniaze… a podiel v klube. Tá hokejová vec nie je Leviho práca.

«Si crees eso, eres más idiota de lo que pensaba. Cole no es brillante, pero su padre sí. Quieren el dinero de Davenport… y parte del club. Lo del hockey no es cosa de Levi».

—¿Y a Cole le interesa el hockey? Por favor.

— Cole sa chce pomstiť. Ak sa dostane do vedenia Riftu, bude mať moc. Zničiť Cadena, Kaia a predovšetkým teba.

«Cole quiere venganza. Si entra en la directiva de los Rift tendrá poder. Para destruir a Caden, a Kai y, sobre todo, a ti».

El estómago se me revolvió. Aquello convertiría el equipo en un infierno. Caden perdería la cabeza. Kai tampoco lo soportaría.

Y yo…

Yo lo mataría.

—Davenport no va a ceder.

Ella sonrió, irónica.

— Si si taká istá? Zúfalo túži po rozvode. Ako dlho si myslíš, že dokáže udržať túto aféru v tajnosti? Zamiloval sa.

«¿Estás tan seguro? Está desesperado por el divorcio. ¿Cuánto tiempo crees que podrá mantener ese romance en secreto? Se ha enamorado».