Capítulo 38 #3
Tan pronto como se recuperó un poco del orgasmo, la saqué y la giré boca abajo para volver a embestirla desde atrás. Ella abrió mucho los ojos y se aferró con fuerza a las almohadas, arqueando la espalda bajo el impulso.
—Juraj, ¿sientes cómo tiemblo? —jadeó, soltando un gemido ahogado cuando la saqué para volver a hundirme en ella con fuerza—. Mi cuerpo no solo se retuerce de placer, también de amor, igual que el tuyo. Solo tienes que dejarlo hablar.
Sí…, lo sentía. A ella, a nosotros, a nuestros cuerpos moviéndose al mismo ritmo. Estaba ahí, de verdad, presente. El control no se me escapaba porque ella me lo daba, y nunca había estado tan excitado; todo en mí reaccionaba a ella.
Aceleré mis movimientos, golpeando justo en el punto exacto que la hizo estrangular la almohada y retorcerse debajo de mí. Me gustaba demasiado verla así, deshaciéndose conmigo.
Mis músculos se tensaron justo cuando ella levantó un poco el trasero para recibirme más profundo.
—Joder, princesita, vas a acabar conmigo.
La puse a cuatro patas, pegando su cuerpo al borde de la cama.
Me situé detrás, clavándome en ella mientras mis dedos buscaban su clítoris y mis caderas embestían con un ritmo frenético.
El control se había esfumado, pero ninguno de los dos podía detenerse.
Era como si estuviéramos completamente poseídos por esa sensación embriagadora.
Unos minutos después, su interior volvió a estrujarme con fuerza, arrancándome un gemido ronco.
—Juraj, mírame —pidió en un hilo de voz, girando la cara hasta que nuestros ojos se encontraron—. ¿Lo sientes?
—Sí… joder, sí, Kels —gruñí justo en el instante en que el orgasmo me sacudió por dentro.
Fue entonces cuando la princesita me arrastró consigo a un clímax descomunal que nos dejó palpitando a ambos.
Nos desplomamos sobre la cama, todavía agitados. Besé sus labios y ambos sonreímos, con los dientes chocando casi por accidente.
—Me vas a matar —murmuré, rozando su nariz con la mía mientras apartaba un mechón de su cara.
—Qué poca resistencia, señor Novák —bromeó—. Empiezo a pensar que no mereces ese reconocimiento. Seguro que otros candidatos estarían en mejor forma.
—Descarada —me abalancé sobre ella, haciéndola reír—. Voy a enseñarte yo la resistencia que tengo. A ver si puedes seguirme el ritmo, señorita Marlow.
—Oh, qué ternura, he herido su orgullo —se burló, riendo sin parar.
—No me llames tierno —me incorporé apoyándome en un brazo y, con el otro, la giré hasta dejarla boca abajo sobre el colchón. Le di un azote en el trasero.
Abrió mucho la boca, parpadeó… aunque no dijo nada.
—No te oigo. ¿Algo que añadir?
Silencio.
—Eso pensaba.
Me aparté un momento, poniéndome en pie para quitarme el preservativo, cuando de pronto sentí un pinchazo en el trasero.
—¡Joder! —exclamé al girarme y verla mordiéndome.
—No sabes lo que acabas de hacer…
Iba a lanzarme sobre ella, pero saltó de la cama. Intenté atraparla; fue más rápida la primera vez, no la segunda. La alcé sobre mi hombro.
—¡Juraj, bájame! ¡Ya! —empezó a darme palmadas.
—Princesita, voy a pensar que tienes un fetiche con mi culo.
—Oh, cállate. Venga, tregua, no seas malo.
—Ni hablar —chasqueé la lengua—. Pagarás por tu atrevimiento.
Abrí la ducha y me metí con ella bajo el chorro todavía frío. Se revolvió, protestó y empezó a golpearme el trasero como si fuera un instrumento de percusión.
***
Bzzz, bzzz, bzzz.
Abrí los párpados con ese sonido y la claridad de la habitación me golpeó de lleno. Debía de ser tarde. Al final nos habíamos dormido casi de madrugada, entre risas, caricias, volver a buscarnos y volver a empezar. Había sido… increíble.
La sensación dolorosa inicial —su cuerpo sobre el mío, su boca en mi polla— quedó pequeña comparada con todo lo demás. Nunca había disfrutado así con nadie. Nunca había estado tan en paz.
Hubo algo, sin embargo, que ninguno mencionó.
Aquel te quiero .
Yo lo susurré.
Ella lo dijo entre jadeos.
En mi caso fue real, profundo…, pero no sabía si en el suyo había sido emoción o placer. Preferí no escarbar. Por primera vez no quería romper algo perfecto intentando buscar respuestas.
Y perfecto fue también dormir sin pastillas. No pasó nada. Descansé.
Giré la cabeza. Kelsey seguía boca abajo, la espalda desnuda y el pelo oscuro desparramado por la almohada. Solo verla hizo que mi cuerpo reaccionara.
Entonces volvió a vibrar un teléfono.
Alcancé el mío, pero no era. El sonido venía del suyo, sobre uno de los sofás. Fui a silenciarlo y me quedé helado al ver el número en pantalla.
El suyo.
Colgué al instante y apagué el móvil.
¿Por qué la llamaba a ella? ¿Qué pretendía?
Me vestí deprisa, casi sin pensar. Salí de la habitación y me metí en la escalera de incendios antes de devolver la llamada.
Con cada tono mi corazón golpeaba más fuerte, hasta doler.
— Ahoj zlatko, vidím, že najlepší spôsob, ako upútať tvoju pozornosť, je zavolať svojej priateľke .
«Hola, cielo. Veo que la mejor forma de captar tu atención es llamar a tu novia».
—¿Qué quieres? —escupí entre dientes.
— Musíme sa porozprávať, niekto iný pozná naše tajomstvo a vydiera ma.
«Tenemos que hablar. Alguien más conoce nuestro secreto y me está chantajeando».
—Ese no es mi problema.
— Juraj, ak ja spadnem, spadneš aj ty. Ty a ja budeme vždy zjednotení.
«Si yo caigo, tú caes conmigo. Tú y yo siempre estaremos unidos».
Apreté el teléfono hasta que me dolieron los dedos y cerré los ojos, impotente.
—¡Estoy harto! Olvídame de una vez. Maldita enferma.
Colgué.
El aire empezó a faltarme al instante.
«No, ahora no, por favor».
El hormigueo subió desde mis pies mientras rebuscaba a ciegas en los bolsillos de la chaqueta. Al no encontrar nada, cerré los ojos, rezando para que pasara rápido.
No podían arrebatarme también eso. No después de una noche así. No cuando, por primera vez en mucho tiempo, me había sentido feliz de verdad.