Capítulo 33 #2
Antes, mientras nos cambiábamos en el hotel, le había escrito a River. No supe a quién más acudir.
¿Cómo está Juraj? En el partido no lo vi bien y luego lo de la pelea. Dime algo, por favor.
Su respuesta seguía en la pantalla.
Todo está bien. No está solo, te lo prometo. Ahora céntrate en ti.
Cerré la conversación. Busqué su nombre. Dudé. Bloqueé el móvil. Volví a desbloquearlo.
Entré en su chat y escribí sin pensar demasiado.
He vuelto a mi vida y me doy cuenta de que ya no es mía.
Todo ha cambiado. Tú la cambiaste. Echo de menos nuestro caos, no saber qué éramos ni qué vendría después.
Me daba igual, porque al despertar estabas tú.
Gruñendo, discutiendo con tus hermanos, siendo un borde o mirándome hasta hacer que todo me ardiera por dentro.
Me da igual tu pasado y el mío. Lo único que importaba era eso que teníamos. Y sé que tú también lo sentías.
Envié el mensaje.
—Joder…
Lo borré de inmediato, arrepentida.
Miré la pantalla.
En línea.
—No, no, por favor.
Me quedé allí sentada, observando el móvil, nerviosa. El estado cambió. Ya no estaba conectado.
Quizá no lo leyó.
Quizá sí y decidió no responder.
La decepción la sentí igual.
—Idiota —me reprendí—. Si quisiera saber de ti, te habría escrito.
Salí del baño. Estaba vacío. Me miré en el espejo y me vi… distinta. O peor, me vi como antes. Y no me gustó nada.
Respiré hondo y dibujé una sonrisa en el rostro.
Cuando salí, fingí. Fingir empezaba a costarme demasiado.
—¿Todo bien? —preguntó Owen.
Asentí, forzando aún más los labios.
—Sí.
El desfile fue intenso, pero pasó rápido. Luces, cámaras, vestidos que parecían más obras de arte que ropa, gente caminando de un lado a otro. Posamos, sonreímos, hicimos fotos, hablamos con algunos compañeros y, todo el tiempo, Owen estuvo a mi lado, tranquilo, sosteniéndome.
Al llegar al hotel, todo lo formal quedó atrás.
Tiré los zapatos por el aire y Owen soltó una carcajada que me contagió.
Intenté aflojarme el corsé del vestido; él, agotado por todo el desfile, se quitó la chaqueta, desabrochó unos botones y empezó a tirar de los lazos de mi vestido con una sonrisa pícara.
—¡Owen! —reí, cayendo sobre el sofá—. Para, me vas a romper todo.
Él no lo hizo. O, mejor dicho, sí, pero de la manera más divertida posible.
Tiró fuerte de las tiras y terminé rodando por el suelo, entre risas.
Intentó levantarme, me pisó el vestido sin querer y se rasgó un poco el bajo.
Abrí los ojos, sorprendida, y tapé mi boca para no soltar otro gritito de risa.
—Vale, ahora me toca a mí —advertí—. Y, en medio del caos, agarré su camisa y la rasgué un poco también.
No éramos conscientes de nada más que de las risas y los movimientos torpes y, entre tirones y bromas, acabamos besándonos.
Primero suave, luego con más ganas. Sus labios buscaban los míos con desesperación y yo le revolvía el pelo rubio mientras intentábamos liberarnos de prendas entre carcajadas y jadeos.
Caímos sobre el sofá y sus manos subieron por mi espalda mientras su boca rozaba mi cuello. Fue en ese instante cuando mi cabeza voló a Juraj. Me paralicé sin poder evitarlo y Owen, al notar mi pausa, detuvo cualquier movimiento y me observó con preocupación.
—Kels —susurró—. ¿Estás bien?
—No… digo, sí —me incorporé, sentándome y buscando un poco de espacio—. Lo que pasa es que no puedo hacer esto. Yo ya no soy la misma.
—De eso ya me di cuenta —admitió—, pero creí que entre nosotros todavía quedaba algo. No sé. Todo lo que vivimos estos días fue como en el pasado, como los buenos tiempos, antes de que lo estropeara con la propuesta del poliamor.
Agachó la cabeza, arrepentido. Alcanzó mis manos y yo las envolví entre las mías, uniéndolas.
—Estar contigo ha sido lo mejor de estos días —confesé con sinceridad—. Recordar lo que fuimos, revivir nuestra relación fue increíble. Creo que ambos necesitábamos este cierre, porque nuestra historia se merecía un buen final.
»Pero no nos engañemos, los dos sabemos que esto no nos llevaría a ningún sitio. En el mejor de los casos, nos quedaríamos estancados; en el peor, acabaríamos siendo infelices.
—Kels, ¿recuerdas que siempre dijimos que seríamos sinceros el uno con el otro?
Asentí.
—Bien, porque sinceramente creo que hay alguien más. ¿Has conocido a otra persona?
Resoplé, solté sus manos y me mordí el labio superior.
—Es difícil de explicar.
—Inténtalo.
—¿Te acuerdas del chico con el que te fui infiel en Aspen? —lo miré, expectante.
Asintió.
—Pues es él. Pero no estamos juntos. No ha habido relación, ni aventura ni nada parecido.
—Guau, entonces debe de ser importante para ti —esbozó una media sonrisa triste—, porque para no tener «nada» le guardas fidelidad. No te lo digo como reproche, aunque, bueno, me habría gustado devolvérsela.
Intentó bromear para quitarle peso al asunto. Le di un manotazo suave.
—Esto no va de él, Owen. Va de mí y de lo que siento. No puedo ir en contra de eso. Perdóname.
»Lo fácil sería intentarlo contigo, elegir lo nuestro. Eres una apuesta casi segura. Sin embargo, siempre nos faltaría algo. Y, aunque con él todo sea incierto, esta vez prefiero arriesgarme, incluso sabiendo que puedo perder.
—Vaya, ser una apuesta segura no suena tan bien.
—Bah, me entiendes.
—Lo amas.
—Mucho.
Sus ojos azules brillaron húmedos. Se pasó una mano por el pelo rubio, apartándolo del rostro.
—Owen, yo…
—No, Kels —me interrumpió con suavidad—. No tienes que decir nada. Estamos aquí porque yo fui un egoísta y te perdí.
—No —negué despacio—. Éramos una pareja. Bueno, la mayor parte del tiempo. Y aquí fallamos los dos. No hay un solo culpable.
Se apartó y se dejó caer contra el respaldo del sofá, pasándose las manos una y otra vez por el rostro.
—¿Estás enfadado?
—No, preciosa —secó una lágrima que se me había escapado—. Pero lo que más me duele es haber perdido a mi mejor amiga.
—No, eso nunca —negué de inmediato—. Cuando empezamos a salir prometimos que seríamos amigos pasara lo que pasara.
—Tienes razón —asintió—. Aunque voy a necesitar algo de tiempo. Te prometo que cuando esté listo te lo haré saber y quizá pueda conocer al culpable de que tenga la cabeza así, como un ciervo.
—Qué bobo eres —sonreí entre lágrimas—. No creo que eso pase; estamos bastante distanciados. Pero me encantaría que algún día volviéramos a ser esos amigos. Te quiero y, para mí, siempre serás alguien muy importante. Lo sabes, ¿verdad?
—Yo también te quiero.
Me envolvió en un abrazo que rompimos con dificultad, los dos emocionados. Se apartó, me dio un golpecito cariñoso en el muslo antes de ponerse en pie.
—Creo que será mejor que esta noche duerma en mi habitación. Descansa, Kels.
Lo vi marcharse derrotado. Aunque mantuviera el tipo con su buen carácter y su humor, estaba herido.
Pero, si de algo estaba segura, era de que esa decisión era la correcta para los dos.