Capítulo 32 #2
Y entonces escuché una tos, y comprendí por fin su nerviosismo. No estaba sola en la casa de invitados de Jordan. O, más bien, no lo estaba en su cuarto.
En otro momento me habría alegrado, pero a mi mente solo acudió un apellido.
El de mi jefe.
—No, no, no… no me digas que ahí dentro está Davenport.
Bajó la cabeza. Silencio.
—Mejor me voy —me puse en pie de inmediato, cogiendo la maleta. Mia vino tras de mí.
—¿A dónde vas a ir a estas horas? Vamos, Kelsey, no hagas tonterías.
—Me voy a casa de Mischa. No quiero presentarme en casa de Jordan y despertar a la pequeña Rachel —mentí. La verdad era que no quería escuchar su sermón sobre Juraj.
Abrí la puerta y salí al exterior. Mia cogió una chaqueta y me siguió.
—Puedo explicártelo todo, Kels. De verdad. Quería decírtelo, aunque no sabía cómo hacerlo… Además, es algo reciente.
—¿Jordan lo sabe?
Asintió.
—Genial. Pensé que confiabas en mí lo suficiente, pero ya veo que no.
—No es eso, cariño. Prescott fue quien nos descubrió, así que no pudimos negarlo.
—Madre mía, ¿desde cuándo?
—En el primer partido fuera nos quedamos encerrados en un ascensor durante horas. Empezamos a hablar y luego esas charlas continuaron. Él necesitaba desahogarse con alguien y, sin pretenderlo ninguno de los dos, surgió algo que no pudimos evitar.
—Dios… ¿llevas todo este tiempo siendo su amante?
—¡Kels! No lo digas así, por favor. Se está separando.
—Mia, ¿cómo quieres que llame a esto? Está casado.
Y dudo que sea tan fácil separarse; llevan con este tema demasiado tiempo.
¿Cuánto más vas a seguir así? Escondiéndote, con Prescott y Jordan cubriéndoos las espaldas para encuentros a escondidas.
¿Esta es la vida que quieres llevar? Tú mereces mucho más.
—Sé que suena horrible —admitió— y que parece que me condeno a vivir en la sombra por él.
Pero no es así. Lo amo, Kels. Y él me ama a mí.
No son encuentros fugaces para tener sexo; hay mucho más.
Son pequeños momentos, sí, pero en ellos somos felices de verdad.
Y lo que tenemos merece cualquier sacrificio.
Mitchell es el mejor hombre que he conocido.
La guerra que tiene en casa, con su mujer y el tema de las acciones de los Rift, lo tiene atado…
, pero lo logrará. Yo voy a esperarlo. Sus chicos, el equipo, son su vida, y jamás le pediría que renuncie a eso.
El amor también va de esto, cielo. Solo te pido que me apoyes.
Cerré los ojos y la abracé con fuerza.
—Siempre voy a estar de tu lado —le aseguré—. Pero no puedo evitar tener miedo. No quiero que sufras ni que te hagan daño. Para mí lo eres todo, Mia.
Me aparté un poco y vi sus ojos llenos de lágrimas.
—Por favor, cuídate mucho. Vera Davenport es peligrosa. Un monstruo sin límites. No te pongas en su radar. No va a renunciar a todo lo que tiene tan fácilmente, te lo aseguro.
—Hablas como si supieras algo que yo no sé.
Negué. Jamás traicionaría el secreto de Juraj.
—Solo de oídas y de algún que otro encontronazo. Nada más. Pero prométeme que te cuidarás.
—Te lo prometo. Y ahora entra, hace frío.
—Prefiero irme a casa de Mischa. Es extraño dormir bajo el mismo techo que mi jefe y no quiero dar explicaciones de por qué estoy aquí a estas horas. Bastante tenéis ya con lo vuestro.
—Está bien. Pero mañana Jordan y Prescott van a hacer una cena en su casa. Mitchell y yo íbamos a ir. Me gustaría que vinieras… así te lo presento oficialmente.
«Jesús, oficialmente», repetí para mis adentros.
—No me malinterpretes. No tengo problema en asistir, pero es incómodo. Siento que estoy traicionando a Mischa. Prefiero que nos reunamos todos cuando ella sepa esta… sorprendente noticia.
—Hagamos una cosa —propuso—. Mitchell quería hablar con su sobrina; considera importante hacerlo, porque estuvo con su madre y fue una mujer muy significativa en su vida. Le diré que lo haga mañana. Si esa charla se da, venís a cenar, ¿vale?
—Está bien —asentí—. Esto es raro de narices.
Mia soltó una carcajada y yo la acompañé.
—Ahora sí me voy —comenté—. Acuérdate de lo que me prometiste. Mantente alejada de Vera Davenport.
Miré el teléfono. El coche ya había llegado.
—Ya está aquí.
Le di un beso y, antes de separarnos, dijo:
—No temas a las tormentas. Aprende a bailar bajo la lluvia.
Me quedé mirándola. ¿Era una referencia a Juraj?
Mia sonrió antes de cerrar la puerta.
***
Decir que la situación era incómoda se quedaba corto. Por más que Nathan, Kai o Jordan intentaran sacar conversación, ninguna terminaba de arrancar. Creo que todos, en algún punto, deseábamos que la pequeña Rachel rompiera a llorar y que el afortunado que subiera a calmarla pudiera huir de allí.
Mischa, sentada a mi lado, no sabía muy bien cómo manejar aquella nueva realidad. A diferencia de mí, estaba genuinamente feliz por su tío. Yo no compartía esa alegría. No porque Davenport no me pareciera un buen hombre —lo era—, sino por su mujer.
Después de todo lo que me había contado Juraj, sabía que, si Vera se enteraba de lo de Mia, iría a por ella.
Y por nada del mundo quería que la lastimaran.
Mia era la persona más buena que conocía.
No merecía nada malo. Sin embargo, no podía contar nada y esa impotencia me estaba consumiendo por dentro.
El presidente de los Rift tampoco parecía cómodo. En su caso, tenía la sensación de que se sentía culpable, como si amar de nuevo fuera una traición hacia Mischa o hacia su madre. Al menos, eso era lo que me había contado mi amiga. Todo era raro. Muy raro.
Y luego estaba el otro tema, Juraj y yo.
Eso también flotaba sobre la mesa, inquietando a todos.
Sabían que no estaba en su casa, pero nadie conocía el motivo real.
La única persona con la que había hablado era Mia, la noche anterior.
Sinceramente, no tenía fuerzas para enfrentar preguntas.
Aunque tampoco sabía cuánto tiempo más podría esquivarlas.
El menú ya estaba servido cuando Jordan, viendo el silencio incómodo que se había instalado, fue la primera en hablar.
—Estaba pensando que este viernes podríamos reunirnos todos aquí para celebrar que —se detuvo un instante y miró a Nathan, que le devolvió una sonrisa cómplice— voy a empezar a trabajar como ayudante en el cuerpo técnico de los Rift. Como médica deportiva esta temporada —aclaró, radiante.
Mischa y yo nos miramos, nos levantamos al mismo tiempo y la abrazamos.
—Vas a estar con nosotras —dije, sincera.
—Será increíble —añadió Mischa.
—Brindemos por mi preciosa mujercita —propuso Nathan, alzando su copa—, que empieza una nueva etapa y lo va a hacer de maravilla.
Todos levantamos la nuestra. Incluso Kai, con un vaso de agua. Seguía manteniéndose completamente alejado del alcohol, como si fuera un recuerdo que prefería no tocar. El cristal chocó unos segundos después y aquel brindis logró romper, al fin, la incomodidad inicial.
—¿Ya lo saben los Hughes? —preguntó Mia, refiriéndose a los padres de Caden, que para Jordan eran familia.
—Sí. De hecho, River estaba en el club cuando firmé. Ayer cenamos con ellos y se lo contamos, y esta mañana se lo dije a Liam. Como sabía que nos reuniríamos aquí esta noche, preferí esperar para decíroslo a todos juntos.
Mi móvil vibró sobre la mesa.
Al principio no le di importancia. Pero cuando vi el nombre en la pantalla, todo a mi alrededor desapareció.
Era él.
Me disculpé en silencio y contesté, alejando el teléfono de la mesa lo justo.
—¿Qué pasa, Owen? —susurré.
—Han dejado una notificación esta mañana —expuso sin rodeos—. Del juzgado. Es sobre lo de tus padres. Te citan para declarar. Tu nombre aparece en el procedimiento.
El mundo se me vino encima.
—¿Cómo… cómo que aparece? —pregunté, con la garganta cerrándose.
—Dicen que necesitan aclarar tu implicación. Que comparezcas con abogado. Kels, esto va en serio.
Colgué sin saber muy bien cómo. Miré la imagen que me había enviado, fijándome en la fecha. No tenía mucho tiempo. Necesitaba un abogado. Y dinero.
Volví a dejar el móvil sobre la mesa. Las manos me temblaban un poco, lo justo para darme cuenta de que todo empezaba a complicarse.
Mischa me miró al instante.
—¿Todo bien?
—La verdad es que no —confesé al fin—. Me acaba de llamar Owen. Me han citado para declarar y estoy jodida. No tengo abogado. Lo despedí porque creo que estaba comprado por mis padres.
Un silencio denso reinó sobre la mesa. Esta vez no era incomodidad, era preocupación. Me giré hacia Mischa.
—Voy a tener que coger unos días en el trabajo. Me iré a après-ski , en Francia, y asistiré a algunos desfiles en París. Necesito el dinero y no tengo mucho tiempo para conseguirlo. Crearé contenido con otros influencers e intentaré reactivar las redes.
—Ey… —Mischa me rodeó con los brazos—. Estoy contigo. Todos lo estamos. Y sabes que no tienes ni que pedir esos días, Kels.
Cuando me separé, vi a Mia apoyarse en la mesa con los codos y dejar caer la cabeza entre las manos, derrotada.
—Muchacha —intervino Davenport con calma—, lo primero es que tengas representación legal. Un abogado que te defienda.
—Tiene razón —añadió Kai—. Olvídate del dinero ahora.
—¿Cuánto hace que despediste al abogado, Kels? —preguntó Jordan, visiblemente molesta—. ¿Cuánto tiempo llevas ocultando esta situación?
—Pásame esa notificación —ordenó Nathan.
Ni siquiera moví la mano.
—No. Puedo arreglarlo yo. Conseguiré el dinero con el viaje. No quiero seguir dependiendo de todo el mundo. Siempre hay alguien que me salva y, por una vez, quiero hacerlo yo sola.
Jordan se puso en pie y, al llegar a mi altura, se agachó entre Mischa y yo.
—Kels, no tenemos tiempo para esto —indicó con firmeza—. Guarda el orgullo para otro momento, porque este no lo es. Desbloquea el teléfono y pásale la imagen a Nate. Trabaja con un equipo de abogados muy buenos. Eso es lo que necesitas ahora.
Negué con la cabeza.
—¿Puedes olvidarte del dinero por un momento y centrarte en lo importante? —insistió Jordan, ya enfadada—. ¿Quieres devolver cada dólar? Perfecto. Ya lo harás cuando salgas de esta.
—Jordan, no tengo nada —repliqué—. Mia perdió la escuela por mí y ni siquiera he podido reembolsarle una parte. ¿De verdad crees que puedo permitirme un bufete de abogados de élite?
—Muchacha —me interrumpió Davenport—. Hazle caso. Yo empecé a trabajar con ellos por mi divorcio. Son excelentes.
—Kels —Kai me miró con suavidad mientras mi vista iba de uno a otro—. No te avergüences por aceptar ayuda. Todos la necesitamos en algún momento.
Estiró el brazo y apretó mi mano.
—Cariño, por favor… —la voz de Mia sonó baja, cargada de miedo.
Eso fue lo que me rompió.
Miré a Nathan. Él asintió despacio, animándome. Solté todo el aire que llevaba reteniendo.
Cogí el teléfono.
—Esto es solo un préstamo —advertí antes de enviarlo.
—Pásame también el contacto de tu antiguo abogado —añadió—. Querrán todo lo que tenga.
Así lo hice.
Nathan se levantó de la mesa. Supuse que iba a llamar al gabinete jurídico.
Mischa me abrazó de inmediato. Jordan hizo lo mismo antes de volver a sentarse.
—Me imagino que Juraj no sabe nada de todo esto, ¿no? —preguntó Kai.
Aquello cayó como un mazazo.
—No. Y no quiero que le digáis nada. Ya tiene suficientes problemas.
—Kels, quizá deberías contárselo —insistió Kai—. A él le importas. Mucho.
—No tiene por qué hacerlo —saltó Jordan—. No es su pareja ni su amigo. No es nadie.
Ese «nadie» rebotó en mi cabeza una y otra vez. Porque sí lo era. Alguien. Alguien muy importante para mí.
—Hay que parar este juego, esta mentira —continuó—. Kelsey tiene problemas reales y lo último que necesita es que el rompecorazones de turno venga a complicarle la vida.
—Jordan, te estás pasando —contestó Kai, molesto—. No somos nadie para meternos en la vida sentimental de Kels ni en la de Juraj.
La tensión quedó plantada en la mesa, espesa, incómoda.
—Soy su amiga —alegó Jordan—. ¿Eso te parece poco?
Me preocupo por ella. He visto cómo sufrió y no voy a permitir que venga un listo a jugar con sus sentimientos y a destrozarle el corazón.
Porque eso es lo que va a pasar si seguís insistiendo con este romance.
Desde que se cruzó con él no ha hecho más que meterse en líos.
No es bueno para ella y dudo que lo sea para nadie.
Juraj es de ese tipo de personas que es mejor tener lejos.
Mi garganta se cerró un instante.
—Si no fuera así —continuó—, ¿por qué crees que está aquí esta noche? Lo estáis viendo igual que yo. Miradle la cara. Lo está pasando mal. Y es por ese tío. Pero todos fingimos que no ocurre nada.
—¡Basta! —me puse en pie, golpeando la mesa con las manos.
El ruido resonó más fuerte de lo que esperaba.
—Te quiero muchísimo, Jordan. Para mí eres como una hermana y te debo mucho. Pero no voy a consentir que sigas hablando así de Juraj. No se lo merece.
Recorrí la mesa con la mirada. Nathan estaba de pie, desconcertado. Nadie decía nada.
—Creéis que lo conocéis —continué—, pero no tenéis ni idea de quién es de verdad.
Porque nunca os habéis molestado en hacerlo.
Estuvo a vuestro lado cuando lo necesitasteis.
Siempre en silencio. Siempre ahí. Pero jamás os habéis preguntado por qué actúa así, por qué se comporta de esa manera. Es más fácil juzgar.
Me limpié las lágrimas que ya me corrían por las mejillas.
—Pero no delante de mí. Porque yo sí lo veo. Yo sí lo conozco. Y sé quién es de verdad.
Respiré hondo, temblando.
—Y sí, me enamoré —admití—. Me enamoré de él perdidamente. Y no voy a pedir perdón por eso. Y si estoy aquí es porque él me apartó de su lado.
Levanté la vista hacia Jordan.
—¿Sabes por qué? Porque piensa como tú. Porque se creyó todas esas mentiras que vosotros y él mismo se repite cada día.
La voz me falló, aunque seguí.
—Todos los que estáis en esta mesa habéis pasado por momentos muy duros.
Habéis conocido el dolor, os habéis roto.
Pero siempre tuvisteis a alguien al lado en los peores momentos.
Él no. Siempre estuvo solo. Siempre. Ha sido un muro recibiendo golpes y aun así sigue en pie. No por él. Por sus hermanos.
Negué con la cabeza.
—Así que no. No voy a permitir que nadie diga nada de Juraj. Y menos quienes nunca miraron a alguien que se estaba hundiendo sin que nadie le tendiera la mano.
Aparté la silla de un tirón, cogí mi chaqueta y salí.
El aire frío me golpeó el rostro cuando me senté en las escaleras de la entrada. Allí, sola, me derrumbé. Lloré de rabia, de impotencia y, sobre todo, porque me alejaba de él.