Contra toda táctica (Corazones en juego 4) Capítulo 23
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Capítulo 23

KELSEY

Serví un poco más de agua en el vaso y bebí despacio. Afuera, el cielo empezaba a aclararse. Amanecía, y yo no había dormido nada.

La historia de Juraj y de sus hermanos seguía dando vueltas en mi cabeza.

Volvía una y otra vez, sobre todo el dolor que se le colaba en la voz cuando hablaba.

Cada vez que lo recordaba, las lágrimas aparecían sin avisar.

Eran supervivientes, eso estaba claro. Casi todos.

Sabía que Andrej había muerto, aunque Juraj no llegó a hablar del tema.

O quizá no quiso hacerlo. Con Vera pasó algo parecido: la esquivó; sin embargo, el odio que sentía por ella y por su hijo era demasiado profundo como para reducirlo a un solo episodio.

Siempre había pensado que mi familia era un desastre, que lo que me había tocado vivir no se lo deseaba a nadie.

Pero yo, a pesar de todo, tuve a Mia. Nunca estuve completamente sola.

Juraj sí. Desde niño cargó con un peso que no le pertenecía y se convirtió en el sostén de todos, incluso cuando apenas podía sostenerse a sí mismo.

Mientras hablaba, percibí su fragilidad.

Se le quebraba la voz, como si cada recuerdo fuera una piedra más sobre el pecho.

Me apretaba contra él buscando algo que quizá ni sabía nombrar: calor, apoyo, un lugar seguro.

A ratos su cuerpo temblaba y yo podía sentir el esfuerzo que hacía por no venirse abajo.

Cuando terminó, escondió la cara en mi cuello y susurró, casi sin aire:

—Nunca he confiado en nadie lo suficiente como para abrirme así. Esto no puede salir de aquí, Kelsey. No me falles.

Fue entonces cuando lo vi de verdad. No al hombre fuerte ni al jugador, sino al niño asustado que había aprendido a sobrevivir solo.

Lo abracé con fuerza. Su cabeza quedó apoyada en mi pecho mientras mis dedos recorrían su pelo con cuidado. Él me rodeó la cintura y me estrechó contra sí. Deposité un beso en su frente y lloré en silencio, sin hacer ruido, como si cualquier sonido pudiera romper ese momento.

Horas después, un murmullo en la planta baja me sacó de ese duermevela en el que había caído. Juraj dormía profundamente. Me separé despacio para no despertarlo y bajé a comprobar que los chicos estaban bien.

Cuando Anica y Matej me vieron, les hice un gesto para que guardaran silencio y nos fuimos a la cocina.

Matej preparó cacao con leche, igual que siempre hacía su hermano.

Les dije que todo estaba bien, aunque ya se lo había repetido en los mensajes que me mandaron durante la noche.

Después empezaron a contarme cómo había sido la fiesta.

Estaban demasiado animados para no haber bebido algo.

Comieron con ganas, hablando rápido, interrumpiéndose, riéndose por cualquier cosa.

Cuando se despidieron para acostarse, recogí un poco el desastre que habían dejado.

Me di cuenta de que ese rato con ellos me había gustado más de lo que debería.

Confiaban en mí, me hacían partícipe de su vida, y eso encendió una alarma dentro de mí.

Estaba cruzando una línea. Ya no me comportaba solo como la amiga de su hermano; empezaba a ocupar un lugar que no era el mío.

Subí de nuevo en silencio. Pasé por la habitación de Juraj para asegurarme de que seguía bien. Continuaba en la misma postura. Me acerqué, le aparté un mechón de la frente y murmuró, medio dormido:

—Princesa.

Sonreí sin poder evitarlo y le di un beso suave en la mejilla. En ese instante supe que estaba jugando a algo muy peligroso.

Me encerré en mi cuarto. No podía dormir con él.

Aquello ya no era solo atracción, aunque el deseo siguiera ahí, intenso y constante.

Nunca nadie me había provocado así; nunca una mirada, una caricia o una palabra me habían hecho arder de ese modo.

Lo que de verdad me asustaba era lo que estaba creciendo debajo de todo eso.

Me estaba enamorando sin darme cuenta, poco a poco, y cuanto más lo conocía, más atrapada me sentía. Cuando por fin lo acepté, entendí también cuál era mi mayor miedo.

No era el Thor de hielo quien podía destrozarme. A ese hombre no le temía. Juraj Novák, en cambio, tenía la capacidad de colarse hasta lo más profundo de mí y romperme sin siquiera intentarlo.

Suspiré y apoyé la frente en la encimera de mármol, agotada.

Para colmo, viajábamos a Las Vegas para el siguiente partido. El equipo pasaría la noche allí y el vuelo salía temprano, lo que significaba compartir habitación. Separar a Mischa y a Kai después de lo que había pasado esa noche sería absurdo.

No estaba preparada para enfrentarme a eso otra vez. Necesitaba volver a la realidad antes de hacerme daño jugando a las casitas.

Cogí el móvil y llamé a Mischa.

Un tono.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Antes del quinto, contestó, con la voz todavía adormilada.

—Kels, ¿pasó algo?

—No, no, está todo bien —mentí—. Perdona por la hora, pero tengo que comentarte algo importante.

¿Recuerdas lo que quedó pendiente en el club?

Lo de las entrevistas aplazadas, la reunión con la liga y el comunicado por el patrocinio nuevo…

Estuve pensando que puedo encargarme yo.

No hace falta que viajemos las dos. Con que vayas tú al partido es suficiente; yo me quedo, lo cierro todo y nos lo quitamos de encima.

—Tenemos tiempo. A la vuelta lo vemos tranquilas. Será lo primero que hagamos.

—Pecas, mejor no arriesgarnos —insistí—. Si se alarga o se cruza con el calendario, nos va a explotar en la cara.

Hubo un silencio breve al otro lado de la línea.

—Kelsss, ¿qué sucede? Te conozco. Si estás despierta a estas horas es que algo te ronda la cabeza. No hay persona en este mundo a la que le guste más dormir que a ti. Y dudo mucho que sea por un comunicado de prensa.

Eché la cabeza hacia atrás y solté el aire despacio.

—No digas tonterías. Solo… tengo muchos ojos puestos sobre mi trabajo y quiero hacerlo bien.

—Ajá. Pues sí que debe de ser grave la cosa, porque hasta intentas mentirme.

¿Sabes lo que creo? —no esperó respuesta—.

Que te asusta compartir habitación con Juraj.

Ya te dije que a Kai y a mí no nos importa intercambiar.

Bueno, a mi portero no le entusiasma dormir con Juraj, pero es lo que hay. En serio, no te hagas problema.

—Pecas… —me pasé la mano por la cara—. Ese no es el problema. O sí. Yo qué sé.

—Kels, habla. Soy tu mejor amiga. Esto tiene que ver con Juraj. O la cosa va mal entre vosotros o te gusta.

—No. Y no.

—Por un momento pensé que Jordan tenía razón y te estaba empezando a atraer —se rio.

«No es que tenga razón, es que se quedó corta», pensé, golpeándome la frente con la mano.

—Ojalá fuera eso. Es otra cosa. Algo peor.

—No me asustes, no puede ser tan terrible.

—Creo que me he enamorado sin darme cuenta —solté de golpe—. ¿Te parece suficientemente terrible?

—Oh. Joder. —Se quedó callada un segundo—. Vale…, sí. Eso es fuerte. ¿Cómo ha pasado? ¿Cuándo?

—Ni idea. Solo sé que me está aterrando lo que siento.

—Tranquila, vamos por partes. ¿No te estarás confundiendo? Tu vida ha cambiado mucho últimamente. De repente convives con un tío imponente, carismático… Es normal sentir atracción. Juraj es un seductor nato, y a veces el sexo, la pasión, se mezclan con otras cosas.

—¿De qué hablas? —negué, casi molesta—. Esto no tiene nada que ver con el sexo.

Ni siquiera intimamos de ninguna manera.

Él no haría nada aquí, con sus hermanos en casa.

Esto va por otro lado. Mischa, mis sentimientos nacen de un sitio distinto.

Cuanto más lo conozco, cuanto más tiempo paso con él, más crecen.

He conectado con Juraj como no lo había hecho con nadie.

Cuando confía en mí, cuando se abre y me muestra su parte más vulnerable…

siento que me desarmo. Solo quiero abrazarlo, protegerlo, quedarme cerca.

Al otro lado, Mischa guardó de nuevo silencio. Yo también.

Decirlo en voz alta me dejó temblando.

—Guau, Kels —comentó por fin—. Nunca te había escuchado hablar así de nadie.

Estoy impactada. Por tu confesión… y por él.

Esa persona que describes es muy distinta a la que vemos todos los días.

Aunque, si lo pienso, siempre está cuando hace falta: conmigo, con River, con mi chico…

Acompañó a Caden a todas partes cuando buscaba a Kai.

No dejó a nadie solo. Hay mucho más ahí, eso lo sabemos. Pero esto no me lo esperaba.

—Esa parte que no muestra al mundo —murmuré—, la que empiezo a sospechar que ni siquiera sus hermanos conocen, es la que me acojona.

—¿Habéis hablado de esto?

—No. Es como si los dos supiéramos que hay algo, aunque ninguno se atreve a decirlo en voz alta. Creo que nos asusta a ambos, así que fingimos normalidad. Tengo miedo, Mischa. Por eso prefiero quedarme. Necesito aclarar mi cabeza. Por primera vez siento que no controlo nada.

—Está bien. Será como tú desees.

—Gracias. Y, por favor, no le digas nada a JoJo. Entraría en pánico. Prefiero hablarlo con calma, ¿vale? Que esté River presente para mantener el orden.

—Tranquila. Es tu tema. Tú decides cuándo y con quién compartirlo.

Y… —dudó— no sé si es el mejor momento para decirte esto.

Pensaba hacerlo esta noche, cuando durmiéramos juntas.

Asher me llamó. Ha vuelto a Londres. Le han ofrecido su primer largometraje.

Está emocionado, y más después de que Owen rompiera con él. Creí que debías saberlo.

—Ay, Dios —cerré los ojos—. Sí, lo sé. Me llamó para contármelo. Pero han pasado tantas cosas que se me olvidó.

—¿Se te olvidó? ¿Owen se te olvidó? ¿Que rompieran se te olvidó? —se rio—. ¿Dónde está mi mejor amiga y qué han hecho con ella?

—Boba —se me escapó una carcajada—. Es que con Juraj todo es tan intenso que no tuve cabeza para nada más.

—¿Juraj? ¿Quién más iba a ser?