Contra toda táctica (Corazones en juego 4) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

Entonces sentí un brazo tirando de mí, apartando a la gente a empujones. Me alejó de todos, protegiéndome. Ya en la entrada, me abrazó con fuerza y me eché a llorar, hiperventilando.

—Ellie, ¿lo viste? —No hizo falta que respondiera. Sus ojos no me miraban—. Fue humillante.

—Kels, tengo que preguntártelo. ¿Qué pasó con Ethan?

La empujé, molesta.

Ella había estado en la fiesta. Había ido por mí. Nunca iba a ninguna, pero en esa ocasión fue su forma de decirme que me apoyaba. Y, en realidad, fue casi un milagro que estuviera allí, porque yo no sabía cómo iba a volver a casa en ese estado sin que Mia sospechara que algo iba mal.

—No puedo creer que seas tú quien me haga esa pregunta.

—No te enfades conmigo —respondió—. Yo no estaba en esa habitación. Solo sé lo que tú me contaste.

—Vete a la mierda.

—Kels, estoy de tu lado. Siempre. Te quiero mucho.

La miré, rota.

—Pues nadie lo diría.

—Señorita Marlow —la voz de la secretaria de dirección nos interrumpió—. Tiene que acompañarme al despacho del director.

Miré a Ellie, muerta de miedo. Entrelazó nuestros dedos, dispuesta a quedarse a mi lado.

—Usted no —aclaró la secretaria, haciéndole un gesto con la cabeza—. Regrese a clase.

Solté la mano de mi amiga y la seguí.

A medida que avanzábamos por el pasillo, todas las miradas se clavaban en mí.

Muchos alumnos seguían fuera de las aulas, con los teléfonos en la mano; otros se asomaban solo para mirarme y murmurar.

La situación no mejoró al llegar a dirección.

Toqué. El director me invitó a entrar. La secretaria cerró la puerta y me dejó allí, sola.

—Tome asiento —indicó, señalando la silla frente a su mesa—. Imagino que sabe por qué está aquí.

Guardé silencio.

Cogió su teléfono, le dio al play al vídeo y lo pausó antes de que nuestros cuerpos aparecieran desnudos.

—¿Puede explicarme qué significa esto?

—¿Yo? —tragué saliva—. ¿Qué quiere que le explique? Me acosté con mi novio y alguien nos grabó.

—¿Alguien? —repitió, señalando el teléfono—. ¿Pretende decirme que no sabían nada? Muchos jóvenes se empeñan en grabarse manteniendo relaciones y más tarde llegan los problemas.

—Claro que no lo sabía. Jamás habría consentido algo así.

Pensé en Ethan, en cualquiera del equipo… incluso en Kane. No. Él no haría eso.

—Tiene que frenar esto y encontrar a la persona que lo hizo. Tuvo que ser alguien que estaba en esa fiesta. Puedo darle nombres.

—Efectivamente, llegaremos hasta el fondo de esta situación —declaró el director—. No tenemos el nombre de quien realizó la grabación, pero sí el de quien la difundió.

—¿Quién? —pregunté—. ¿Quién fue?

—Usted.

—¿Usted…? —negué con la cabeza, incrédula—. ¿Yo? —tartamudeé—. ¿Cómo iba a ser yo? Es ridículo. Salgo en el vídeo, desnuda, en una situación completamente vulnerable. ¿De verdad cree que me expondría a algo así?

Su expresión permaneció fría, rígida, sin apenas moverse.

—No lo sé. Dígamelo usted. Tal vez pensó compartirlo con personas cercanas y se le fue de las manos.

—¿Compartirlo?

—Sí. El vídeo se envió desde su teléfono.

Todo empezó a volverse irreal. Cuanto más hablaba, más parecía una pesadilla. Tenía que despertar. Pero no lo hacía. ¿Por qué no despertaba?

Me incliné hacia delante, apoyando los brazos sobre la mesa.

—Señor, perdí mi teléfono. O eso creí. Está claro que alguien me lo quitó y fue quien envió el vídeo. La misma persona que está detrás de la grabación.

Plin.

Plin.

El sonido de un móvil interrumpió mi explicación. Miré el suyo. No se iluminaba. Bajé la vista a mi mochila, la abrí… y allí estaba.

Saqué el teléfono, confundida, mirándolo sin entender nada.

—Veo que lo ha recuperado —comentó—. Muy oportuno, teniendo en cuenta su supuesta pérdida.

No me creyó. Me estaba acusando a mí. La víctima convertida en culpable.

Llamaron a la puerta. Dio permiso para pasar. Era Mia. Me levanté de un salto y la abracé con fuerza. Ella me devolvió el abrazo, intentando calmarme.

—He solicitado la presencia de los padres de la señorita Marlow —expuso el director, con tono severo—. El asunto que debemos tratar es extremadamente delicado.

—Como ya le he explicado a su secretaria, los señores Marlow están de viaje —alegó Mia, cortante. No era algo puntual, podían pasar meses sin aparecer—. En su ausencia, yo soy la adulta responsable de Kelsey. Así que cualquier cuestión deberá tratarla conmigo.

—Señorita Marlow, déjenos a solas. Debo informar a su familia de la gravedad de los hechos ocurridos hoy.

La miré sin dejar de llorar.

—No sé qué ha pasado, pero me están culpando de algo que no hice. Por favor, no creas todo lo que dicen. Tú no.

Apartó el pelo de mi cara y me secó las lágrimas con los pulgares.

—Kelsey, cariño, te conozco desde que eras muy pequeña. Nadie va a decirme ahora quién eres. Después hablaremos tranquilamente. Ahora déjame con tu director.

Frunció el ceño al decir esa última frase, y su rostro se endureció. Era como una madre leona: mientras nadie tocara a su cachorro, todo estaba bien; pero si te acercabas, mostraba las garras.

Tras cerrar la puerta, vi a Kane sentado solo en la sala de espera, entre los despachos. Caminé hacia él, con el corazón latiendo a mil. Tenía el rostro enterrado entre las manos, tiraba de sus rizos y su pierna tamborileaba nerviosa, como intentando controlar su ansiedad.

—¡¿Qué has hecho?! —grité.

Levantó los ojos, más oscuros que de costumbre, apretó los puños y el color de su piel se volvió más pálido, casi grisáceo.

—¿Qué qué he hecho yo, maldita loca? —se puso en pie de un salto, intimidante, gigante—. ¡Le has mostrado a todo el puto instituto nuestra primera vez! Ahora todos saben que yo también era virgen. Joder. Jamás debí esperarte.

Me quedé paralizada. Su desesperación era tan intensa como la mía. No había sido él. ¿Eso me consolaba o me aterraba aún más?

—Mira —abrió su teléfono y me enseñó los comentarios—.

Comparan el tamaño de mi polla con una «zanahoria baby », dicen que me fui demasiado rápido, que un amigo tuvo que «terminar lo que yo no pude»…

y todos piensan que tú también tuviste algo con Ethan.

—La voz se le quebraba mientras me mostraba la pantalla—.

Me has destrozado. Todo el equipo, todo el instituto… todos se burlan de mí.

Me tuve que sentar. Aquello era mucho peor de lo que había imaginado.

—Yo… no he sido —tartamudeé, la voz débil—. ¿De verdad piensas que iba a filtrar un vídeo mío, desnuda, a medio instituto? No tiene sentido. Además, me robaron el móvil; ni siquiera lo tenía cuando enviaron los mensajes.

Se sentó a mi lado, con la vista fija al frente y, con los ojos húmedos, murmuró sin mirarme:

—Eres una zorra, me has jodido la puta vida.

En ese instante, la puerta se abrió de golpe. Mia apareció con el director detrás. Kane ni me miró; más bien pasó como un fantasma, cerrando la puerta tras él con tal fuerza que me estremeció.

—Vamos, cariño —susurró Mia con suavidad—. Levántate.

Me puse en pie y ella me rodeó con el brazo mientras las lágrimas seguían cayendo, apretándome con fuerza, como si quisiera absorber todo mi dolor.