Contra toda táctica (Corazones en juego 4) Capítulo 17 #3
39%

Capítulo 17 #3

Mi teléfono comenzó a sonar. Número desconocido.

Al recogerlo ya me había fijado en que había varias llamadas perdidas de ese mismo número.

El vello se me erizó al instante y un escalofrío me recorrió entera.

Pensé que podía estar relacionado con mis padres.

Siempre seguían el mismo patrón para comunicarse conmigo: ellos o sus abogados.

Los había bloqueado por todos los medios posibles, pero encontraban la forma de llegar hasta mí.

Las investigaciones seguían en curso. Yo continuaba intentando demostrar que había sido una víctima más, que desconocía por completo los delitos económicos y societarios cometidos a través de aquella productora ficticia y que, bajo ningún concepto, había sido cómplice ni colaboradora de aquellas actividades fraudulentas.

El sonido cesó y fue como si el aire regresara a mis pulmones. Continué caminando hasta que la pantalla volvió a iluminarse.

Tenía que atender. No me quedaba otra. Fuera lo que fuera, debía enfrentarlo.

Deslicé el dedo por la pantalla y acerqué el teléfono a la oreja, esperando que alguien hablara al otro lado.

—¿Kels?

Oh, Dios. Era él.

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

—Kels, sé que me estás escuchando. Por favor, no me cuelgues. He intentado hablar contigo de mil formas, pero me has ignorado en todas partes.

Owen.

—¿Tanto me odias? —preguntó con la voz baja, quebrada.

«Nunca podría odiarte», respondí en silencio, mientras una lágrima me recorría la mejilla y todo mi pasado regresaba de golpe.

—Amor, me equivoqué. La cagué. Y ahora veo todo lo que eres para mí. Miro a mi alrededor y faltas tú. No soporto no tenerte, no verte, no hablar contigo.

—No sigas —lo frené—. No quiero escucharte. Estoy intentando rehacer mi vida aquí y no puedo si no corto este maldito cordón umbilical que tenemos y que no nos deja avanzar.

Desde Aspen, aunque habíamos dejado de vivir juntos, nuestra relación nunca se rompió del todo.

Solo la fuimos transformando, cambiándole el nombre según las circunstancias.

Pero siempre estábamos ahí: quedando, liándonos, compartiendo momentos, discutiendo, unidos.

Ninguno era capaz de decir hasta aquí. No era sano.

Yo tenía una dependencia enorme de él. O quizá hacia la seguridad y el cariño que me brindaba. Todo aquello era frustrante. Por eso, más incluso que por el trabajo o mis amigos, me fui. Para cortar. Para romper definitivamente con eso que teníamos, fuera lo que fuera, aunque me partiera por dentro.

Sin embargo, escucharlo hablar así despertaba todos los recuerdos buenos.

Los que hicieron que me enamorara de él.

Porque sí, la relación poliamorosa fue una tortura, pero antes de eso todo había sido bonito.

Reíamos, nos entendíamos, había amor, respeto, estabilidad.

Owen era un gran chico y una buena persona, aunque como pareja algo faltaba.

Pensé durante mucho tiempo que solo era cosa suya, hasta que comprendí que yo también tenía carencias.

Él las expresó. Yo las ignoré. Y todo acabó en una relación a tres.

—No quiero perderte. Y si ya lo hice, déjame recuperarte. La he jodido, pero bien. Tuviste que irte a la otra punta del país para que me diera cuenta de cuánto te quiero. Siento no haberte priorizado, no haberte elegido. Ahora lo hago. Porque solo te quiero a ti. Solo a ti.

Me apoyé contra la pared e intenté respirar. Estaba diciendo las palabras que siempre había soñado escuchar.

Me estaba eligiendo.

—Kels, dime algo. Este silencio me está matando.

—No puedes llamarme y soltarme todo esto.

Estoy empezando una vida nueva. Tengo un trabajo y, aunque mis comienzos aquí han sido caóticos, incluso absurdos —sonreí al pensar en Juraj—, me siento bien.

Más que bien. Me estoy conociendo. Cada día descubro algo nuevo de mí.

Actúo como nunca pensé que lo haría y me gusta, porque no tengo el control de nada y no me importa.

—Entiendo que estés entusiasmada por la novedad, pero no puedes tirar por la borda todos estos años de trabajo en redes por un equipo de hockey que ni siquiera es de los más importantes.

Además, necesitas dinero para los abogados.

Si volvieras a las redes ganarías mucho más.

Tus cuentas se están muriendo. Apenas subes contenido y lo último es hockey.

—Mis cuentas empezaron a morir cuando estalló lo de mis padres —contradije—.

Y terminaron de hacerlo cuando hicimos pública la relación poliamorosa y yo me convertí en la diana.

Así que perdona si no tengo ánimo de subir contenido a un sitio donde solo recibo odio y amenazas de muerte por acercarme a ti, a Asher y a vuestra relación idílica.

»Puede que ahora gane menos dinero, pero he ganado algo mucho más grande: ser yo. Disfruto lo que hago, rodeada de esta familia que es el Seattle Rift y de mis amigas.

—Kels, he roto con Asher.

Las palabras me golpearon con fuerza. Me deslicé por la pared hasta sentarme en el suelo.

—No quiero estar con nadie que no seas tú. Fue un error. Jamás debí proponerte el poliamor. Lo siento. Quiero compensarte y demostrarte que siempre has sido la única. Estoy dispuesto a mudarme a Seattle si eso te hace feliz o a apoyarte en este trabajo. Siempre.

Las lágrimas comenzaron a brotar. Bajé el teléfono hasta mi mentón y respiré hondo, intentando asimilarlo todo. Cuando me calmé, lo volví a llevar a la oreja.

—Estoy en shock —admití—. No sé qué decir. Necesito procesarlo. Esto era lo último que esperaba.

—Lo entiendo. Piénsalo bien. Ahora que conoces mis intenciones, reunámonos en La Folie Douce y hablemos en persona.

La invitación estaba ahí. Francia. Val d’Isère. Lujo, música, visibilidad. Dinero y contenido. Y también Owen.

Antes, la respuesta habría sido sí. Ahora todo se había vuelto confuso.

—Te quiero, Kels. Nunca dejé de hacerlo.

La llamada terminó.

—Yo también te quiero… pero no sé si te amo —murmuré, para alguien que ya no podía oírme.