Capítulo 1 #2
—Relájate —puso ambas manos sobre mis hombros—.
Primero: esto es un club deportivo. A los Rift los siguen aficionados, gente del mundo del hockey, del deporte, de la comunidad.
Nada que ver con el tumulto digital. Y lo tuyo se olvidará.
Ahora explotó todo y, por razones que todavía no comprendo, te tocó a ti cargar con los platos rotos de la ruptura.
Lo de tus padres tampoco ayudó, ya lo sé.
Pero pasará, Kels. Cuando haya otro escándalo, otro drama, todo se recolocará.
No permitas que te afecte así. Sigue mostrando al mundo tu sonrisa hermosa y deja que hablen.
—Gracias, amiga —sonreí mientras le tiraba de los mofletes llenos de pecas y rozaba nuestras narices, un gesto nuestro desde siempre—. Por cierto, ¿esa tía de Recursos Humanos es borde con todo el mundo o solo yo tengo el privilegio de llamar su atención?
—Es bastante desagradable —bufó Mischa, rodando los ojos—.
Sé que no se lleva bien con algunas compañeras.
Yo tampoco he hablado mucho con ella, aunque, cuando coincidíamos en algún sitio, intentaba sacar conversación y siempre era distante.
Nunca me dijo nada fuera de lugar, eso sí.
Yo empecé aquí con mis prácticas y no era extraño que la gente murmurara por mi vínculo con Mitch.
Pero, le guste o no, tiene que aceptar cualquier orden que venga de arriba.
—Pues estaría bien que alguien se lo recordara.
Mischa frunció el ceño de inmediato.
—Kels, ¿por qué dices eso? ¿Qué sucedió exactamente? ¿Se pasó de la raya contigo?
—Da igual —le resté importancia—. Estoy acostumbrada a que me juzguen.
Lo que me da rabia es otra cosa. Hay un puesto vacante en el programa infantil del equipo.
Es para cuidar a los hijos de los jugadores durante los partidos.
Pensé en Mia. Sabes tan bien como yo que es una profesional increíble.
Su escuela infantil funcionaba de maravilla, tiene toda la experiencia del mundo y es la mejor con los niños.
Además, se lo debo. Y estaría aquí conmigo, en Seattle.
—¡Pues claro! Mia es perfecta —exclamó de inmediato, como si fuera obvio—. Tiene que venir a la entrevista.
—Se lo comenté a Zoey y se negó.
—¿Qué? ¿Y por qué?
—Porque no le da la gana. Esa fue su respuesta.
—¿Perdón? —Mischa paró en seco—. Se va a enterar. Vamos a hablar con mi tío ahora mismo.
—No, Pecas. ¡Para! —la agarré del brazo antes de que saliera disparada—. No he venido a crear caos. No quiero empezar con mal pie. Necesito que algo funcione bien por una vez en mi vida.
Mischa respiró hondo, intentando contenerse.
—Vale, no la expondremos si no es necesario, aunque se lo merece. Le hablaremos de Mia. Si mi tío dice que adelante, Zoey tendrá que entrevistarla. Y no podrá negarse, siendo una orden del presidente de los Rift. Kels, es la única opción que tenemos para que pueda venir.
—Mierda —me pasé las manos por la cara—. Sí. Intentémoslo. Se lo debo. Aunque tu tío piense que soy una aprovechada.
—No digas tonterías. Él está encantado. Me veía sobrepasada y ahora voy a tener ayuda de la mejor.
Además, siempre me dice que hay que rodearse de gente de confianza, personas a las que puedas delegar tareas sabiendo que lo harán con el mismo empeño que tú o más.
Y yo confiaría en ti mi vida con los ojos cerrados.
Sus palabras me tocaron hondo, tan hondo que tuve que tragar para no emocionarme. Me odiaría a mí misma si llegara a fallarle. Para mí, las personas que quería siempre habían estado por encima de todo.
El clic del ascensor sonó y las puertas se abrieron en la planta baja.
Mischa ya había llamado a su tío, que estaba en la pista secundaria con algunos de los jugadores entrenando sobre el hielo.
A medida que caminábamos hacia allí, mi corazón empezó a latir con más fuerza de la que me gustaría admitir.
Quise creer que era simple nerviosismo por la presentación oficial y no por la posibilidad de cruzarme con cierta persona que me ponía de los nervios.
Me negaba rotundamente a darle ese poder.
Cuando llegamos a la altura del presidente, él nos vio enseguida y llamó a los chicos, reuniéndolos con rapidez. Por dentro, mi corazón golpeaba contra mis costillas como un tambor desbocado. Pum. Pum. Pum.
—Hola, Kelsey. Bienvenida a los Rift, hija —me tendió la mano con una sonrisa cálida. La estreché, intentando que no se notara lo heladas que tenía las mías. Después, se inclinó para darle un beso afectuoso en la mejilla a Mischa.
Los jugadores fueron acercándose uno a uno hasta colocarse frente a las vallas.
Mis ojos se movían de rostro en rostro mientras se quitaban los cascos.
Había caras conocidas, las que me recibieron con una sonrisa sincera.
Otras, nuevas, pero también amables; un contraste enorme con mi primer recibimiento en ese lugar.
Alcé la vista y lo vi: el número veinte.
Se deslizó sin levantar la cabeza. Aún no me había visto.
Se quitó el casco con calma, como si el mundo entero estuviera obligado a esperar a que él decidiera mirar.
Cuando sus ojos finalmente encontraron los míos, su expresión cambió parcialmente, lo justo para notarlo.
No sabría decir qué emoción, si es que había alguna.
Con él nunca estaba claro: siempre mantenía esa postura de gilipollas integral.
Aun así, tuve que apartar la mirada. Aquella intensidad suya solo logró aumentar mi nerviosismo.
—Chicos —comenzó el presidente—, quiero presentaros a Kelsey Marlow.
Trabajará con Mischa y asumirá las funciones que ella llevaba hasta ahora.
Supongo que muchos la conocéis y, a los que no, bueno, es una influencer importante en nuestro país.
Y ahora forma parte de los Rift. Así que ya sabéis: hacedla sentir como en casa.
Se presentaron uno a uno, todos amables, simpáticos, incluso bromistas. Mis amigos me achucharon entre risas y, por primera vez, sentí que quizá la idea no había sido tan descabellada como creí al venir aquí.
Pero cuando terminé de saludarlos a todos y vi que ya no quedaba nadie más esperándome, la decepción se instaló en mi pecho.
Juraj ni siquiera se había dignado a darme la bienvenida.
Aunque, siendo sincera, ¿qué otra cosa podía esperar de ese desabrido? Nada. Absolutamente nada.
Y, aun así, me cabreaba. No con él, sino conmigo. Porque nadie, absolutamente nadie, conseguía sacarme tanto de mis casillas como lo hacía él. Con ese hombre descubría partes de mí que desconocía: impulsos, emociones, reacciones que me pillaban desprevenida. Como si hubiera otro yo.
Y por eso odiaba al maldito «Thor del hielo».
Estaba tan perdida en mis pensamientos sobre el reverendo idiota que ni me di cuenta de que ya solo quedábamos los tres.
Davenport se apoyó en la valla, de espaldas a los chicos que continuaban con el entrenamiento al fondo, mientras Mischa me tiraba suavemente del brazo para que la acompañara a sentarnos en las gradas.
—¿Qué sucede, chicas? ¿Hay algún problema con tu contrato, Kelsey? —preguntó Davenport con esa voz grave que imponía y tranquilizaba a partes iguales.
—No, señor, todo está bien. Mañana empezaré a trabajar. Le prometo que daré lo mejor de mí, de verdad. Estoy muy agradecida por la oportunidad.
—No tienes nada que agradecer. Eres una persona de plena confianza para mi sobrina y para más gente dentro del equipo. Las referencias sobre ti son excelentes. Así que espero que te sientas cómoda aquí y que veas a los Rift como tu nueva casa.
«Nueva casa».
Repetí esas dos palabras en mi cabeza y, por primera vez, no sonaron tan espeluznantes.
—No sé si te avisaron desde recursos humanos —continuó él—, pero puedes tomarte unos días hasta que te instales.
Era cierto. Llegué anoche y me quedé en casa de Jordan y Nathan. Estaría un tiempo con ellos hasta acostumbrarme a esta nueva realidad. Mischa también se había ofrecido; sin embargo, no me pareció lo más correcto. Ella y Kai estaban comenzando su vida juntos y necesitaban su espacio.
Y sí, lo ideal sería descansar, recorrer la ciudad, adaptarme poco a poco.
Pero eso implicaba pensar.
Y pensar llevaba a los recuerdos.
Y los recuerdos, a la añoranza.
Y la añoranza… a la tristeza.
—No es necesario —respondí—. La liga regular ya empezó. Necesito ponerme al día cuanto antes.
Él asintió, complacido con mi determinación.
—Tío, en realidad te hemos llamado por otro tema —intervino Mischa, un poco nerviosa—.
Nos enteramos de que hay una vacante para el puesto de la sala infantil del estadio y tenemos a la persona perfecta.
Se llama Mia. Fue la niñera de Kels y, hasta hace poco, tenía una escuela infantil en Nueva York.
Todo el mundo que la conoce la adora. Es puro corazón.
Davenport frunció ligeramente el ceño.
—Hija, no entiendo a dónde quieres llegar. ¿Me estáis pidiendo que la contrate? ¿Eso es?
—¡No, no, no! —salté de inmediato, sintiendo que todo se malinterpretaba—. Solo queremos que pueda postularse. Que le hagan una entrevista como al resto. Nada más.
—No veo el problema —reconoció él, calmado—. Pasad por recursos humanos y avisad de que habrá una candidata más. Yo no participo en el proceso de selección, chicas.
—Da igual, no importa. Gracias de todos modos —intenté cerrar la conversación, sabiendo que no serviría de nada. La agria jamás la entrevistaría.
—Para —Mischa me sujetó del brazo antes de que pudiera levantarme—. Tío, lo que te pedimos es que intervengas para que la entrevisten. Por algún motivo, Zoey se negó.
—¿Por qué haría eso la muchacha? —Davenport se mostró claramente sorprendido.
—No lo sé —se encogió de hombros Mischa—. Pero lo único que puedo asegurarte es que Mia no solo es buena persona: es excepcional en su trabajo. Te prometo que no hay nadie mejor para ese puesto.
Respiré hondo y tomé la palabra.