Capítulo 48
A BBI
Están operando a Dorian. Ha perdido mucha sangre, pero nos han dicho que el disparo no era letal.
Aun así, saber que lo están operando no me deja tranquila.
La policía ha desalojado el internado. El escándalo ha llegado a la prensa y están declarando todos.
Yo daré mi versión de los hechos, pero Dafna y mi hermano han pedido que sea tras la operación de Dorian.
Su madre pasea nerviosa por la sala. Lleva años cerca de su hijo, enviando postales desde la misma ciudad.
Pero Dorian las rompía sin leerlas porque solo podía ver que ella lo dejó.
Le costó años denunciar, reunir valor para dejar de tener miedo de decir lo que vivió cuando le hacían novatadas.
Ella vio morir a uno de los becados y cómo enterraban el cuerpo.
Le pagaron para que no dijera nada, pero se lo contó todo al padre de Dorian y este se enfrentó a su padre.
Y no acabó bien la cosa. Como le gustaba tontear con las drogas, su padre lo prefería borracho y drogado a cuerdo.
No esperaban que su novia estuviera en estado y esperara un pequeño Wilson.
Pero no la obligaron a abortar por si existía la posibilidad de que este fuera como su padre, un superdotado.
No abandonó a Dorian, sino que nunca le dieron la opción de quedarse.
Dio con Dafna y mi hermano, que buscaban venganza, en la comisaría donde fue a denunciar y eso los animó a intentar entrar en este lugar tan acorazado, donde no aceptaban a cualquiera, y descubrir la verdad.
Se unieron para conseguirlo y llevan años planeando esto.
Dafna volvió a estudiar los últimos años de instituto con una identidad falsa, ya que en realidad tiene veintiséis años, y solicitó entrar.
Cuando la aceptaron pusieron en marcha el resto del plan sabiendo que yo estaría en este lugar.
No esperaban que yo los ayudara y mucho menos Dorian; él les entregó todo lo que necesitaban sin saber que era la policía, pero faltaba una confesión para conseguir la verdad de todo y ahí entraba el traer a mi abuelo a este lugar y usar al primo de Dafna, que es idéntico a su antepasado, para sacarle la verdad.
Sin embargo, todo parecía tan bien armado por los dioses que necesitaban un soplo que tumbara ese castillo de naipes y eso fui yo.
Los puse al límite al sacar buenas notas y enamorarme de Dorian.
Dafna sabía que Dorian conocía mi identidad.
Sabía que al final haría algo con esa información y eso haría salir a mi abuelo porque yo era su mejor baza.
Kiefer había vivido muchos años con el abuelo Uriel.
Sabía cómo pensaba y también que no quería venir a este lugar porque cuando estaba aquí se ponía enfermo.
Eso no quita que nos usaron. Que dejaron que llegara al límite sin hacer nada para conseguir un fin.
Estoy destrozada, mentalmente estoy rota.
Ahora que todo ha acabado no dejo de temblar, de sentir la ansiedad de que hayan estado a punto de matarme. No estoy bien, no consigo centrarme en nada, no puedo ni leer porque mi mente va de un lado a otro.
Todo esto me ha dejado mal.
He conseguido la verdad, pero a un precio muy alto.
Ahora, por lo que sé, les están dando la oportunidad de quitarse penas de cárcel de encima si cuentan la verdad y, como son todos unos egoístas, están sacando los trapos sucios de los demás.
Lo único que sé por ahora es que la noche que culparon a Dorian del accidente, Idelia había metido en el coche a la hermana de Dafna para darle un susto y dejarla tirada por el bosque, pero Dorian, aunque estaba borracho, se metió en el coche para evitarlo.
Estaban tan borrachos los dos que acabaron dormidos.
Al final, la verdad es más pesada que un fardo de mentiras.
El doctor sale y nos dice que Dorian ha salido bien de la operación y que cuando despierte podemos entrar a verlo. No soy nada ahora mismo para él, pero, cuando al cabo de un rato nos dejan pasar, su madre me cede su puesto.
Entro y se me hace raro ver a Dorian tan pálido y atado a las máquinas.
Hasta ahora siempre había sido mi dios inmortal.
Esto hace que entienda aún más por qué quiso salvarme cuando me vio medio muerta.
Es horrible ver así a quien amas; cuando Dorian cayó herido fue como si el mundo dejara de existir.
Los ojos se me llenan de lágrimas, me tiende una mano y la cojo.
Voy hasta él y apoyo mi cabeza en la suya.
Y al mirarlo tiemblo, tiemblo de miedo porque él me recuerda mi gran amor, pero también todo lo vivido en este horrible lugar.
Me ahogo, me estoy ahogando, la ansiedad me mata.
Es como cuando estaba en ese horrible pozo.
No puedo respirar...
—Respira, becada, o acabarás más muerta que yo —dice acariciándome la mejilla. Rompo a llorar rota, agitada y triste. No sé cómo ser de nuevo la chica esa que sonreía al atardecer y contaba historias de magia y dioses—. ¿Tan mal estoy?
—No, soy yo la que no estoy bien..., no sé qué quiero. No sé qué quiero... —Nos perdemos en los ojos del otro—. Estoy enamorada de ti, te quiero más que a nada, pero ahora todo esto me recuerda al dolor. No quiero mirarte y ver todo eso.
—Lo sé. Yo tampoco estoy bien. —Me rompo y me seca las lágrimas—. Estamos hechos una mierda. Esto nos ha destrozado la jodida cabeza.
Me acaricia las manos e intento calmarme. No conseguirlo me mata y me esfuerzo por estar bien ante él. No sé cómo detener mi angustia.
—Totalmente.
—¿Quieres que te cuente una historia? —susurra.
Asiento—. La de Freya. Tiene atributos asgardianos.
Era muy fuerte y guapa, seguro que muy sexi.
—Sonrío—. Hablaba nueve idiomas y, al ser la diosa del amor y la lujuria, podía controlar eso en las personas.
Eres un poco como ella. Tienes poder sobre mí.
Le acaricio la mano hasta que se queda dormido. Cierro los ojos y por un momento estoy en el circo entre aplausos. Mi abuelo me sonríe y todo va bien, todo va bien.
En mis sueños no llora mi alma por lo rota que todo esto me ha dejado.
Presto declaración de todo. Cerca de la piscina aparecieron varios cadáveres más que, cuando Idelia abrió el pozo roto, arrastró el agua y por eso fue fácil dar con ellos. Todos están cayendo uno a uno. Es lo que quería, pero vivo nerviosa, aterrada, y no dejo de rascarme el brazo.
Idelia se propasó con las novatadas y acabó por matar a dos jóvenes.
Uno por un coma etílico y otro que se perdió en el bosque y fue atacado por los lobos.
Escondieron los restos cerca de la piscina porque ellos creían que tenían el poder en este lugar y que, si sabían dónde estaban los cuerpos, nadie los usaría contra ellos.
Pero había dos más. Dos jóvenes que perdieron la vida cuando el padre y la madre de Dorian estudiaban allí.
La madre de Dorian nos contó que su desaparición fue lo que hizo que su novio perdiera la cabeza y, para olvidar el horror de sentirse culpable, empezó a beber cada vez más y borracho era muy agresivo y a ella también le pegaba.
Por eso muchas veces no podía estar con Dorian, porque estaba recuperándose de las palizas.
Al final todo ha salido a la luz. Y las familias han sabido la verdad.
Las novatadas son una cosa seria y se pueden ir de madre.
Y no solo físicamente. Mentalmente, estar sometido a ellas te destroza y yo doy fe de ello.
Vivo en una nube de ansiedad donde el tiempo pasa lento y es como si viviera todo en un sueño.
Me han dado pastillas para calmarme, pero no mejora. Nada mejora...
—Pequeña. —Alzo la cabeza en la sala de espera y veo a mi abuelo Hadrian al lado de mi madre.
Corro hasta ellos y los abrazo con fuerza.
—No tengo fuerzas. No tengo más fuerzas.
—Pero las tendrás, mi niña es la más fuerte de todos. —Mi abuelo me coge la cara y me mira con cariño—. Al fin todo ha acabado. Ahora eres libre, Abbi, y nosotros también.
Oímos una puerta cerrarse y sé que ha sido la de la habitación de Dorian. Voy hasta allí. Entro y se está vistiendo.
—Me han dado el alta, estaba a punto de pedirla yo.
Cinco días aquí y no puedo más —dice con mejor cara.
Lleva un brazo en cabestrillo, lo que hace que no se pueda vestir bien.
Lo ayudo y tiemblo al tocarlo, pero no de placer, sino de miedo, porque todo esto me lleva al internado. No sé cómo salir de ese lugar.
Dorian me coge la cara entre sus manos, pero el contacto no me calma. ¿Cómo puedo amar tanto a alguien y a la vez no conseguir llegar a él por lo rota que estoy? Intento forzarme, pero no lo logro.
—Eh, mírame. —Lo hago y veo dolor en su mirada, pero también una tierna sonrisa—. Respira, Abbi.
—No sé cómo se hace. Quiero salir de ese horrible lugar...
—Y cuando me miras recuerdas todo. Lo sé. Me está pasando lo mismo. —Me fijo en que tiembla, que está tan roto como yo.
Lo abrazo con fuerza y lloro agitada y nerviosa. No sé cómo ser fuerte ahora mismo.
—Tienes que irte con ellos. Tienes que alejarte de todo.
—No quiero alejarme de ti.
—No lo haces, ambos tenemos que cerrar heridas. Ambos tenemos que hacernos fuertes. Estamos jodidos, Abbi, nos miramos y solo vemos dolor. Tienes que irte y recordar quién eras o quién quieres ser.
—No sin ti... —digo. Me coge la cara entre sus manos.
—Quiero olvidarme de todo, quiero estar aislado, quiero aprender a controlar mi ansiedad.
He estado hablando de eso con un médico aquí.
—Me toca el brazo lleno de heridas—. Y tú tienes que hacer lo mismo.
—Me acaricia—. Te amo, Abbi, eres mi diosa.
Pero tenemos que curarnos. Y cuando estemos curados nos encontraremos y, si me sigues queriendo en tu vida, me encantará ser tu primera opción para ser feliz.
—Me seca las lágrimas—. Mereces curarte, vivir y saber qué quieres, y lo entenderé.
—Toca la cadena—. Yo te he entregado mi corazón y estará siempre contigo en cada uno de tus sueños y metas.
Pero necesitamos mirarnos sin dolor, nos lo merecemos los dos.
—No puedo seguir sin ti. Al final me pondré bien..., veré la forma...
—Eres mi chica, la más valiente, esa loca que miraba el atardecer al revés y andaba por la cornisa. Y la que no sabe caer con gracia. Eres todo eso y mucho más. Por eso tienes que volar alto y saber quién eres más allá de ser solo un peón.
—Quiero elegirte...
—Y yo que me elijas, pero ahora mismo necesitamos curarnos.
La ansiedad es una enfermedad que necesita tiempo, igual que otras, para sanar.
Forzarlo solo nos romperá más a los dos.
Y un corazón roto puede amar con cada uno de sus pedazos, pero no deja de ser un montón de piezas inservibles que no terminan de unirse porque lo vivido las hace estar dispersas.
—Lo miro con todo el amor que siento—. Necesitamos sanar para amarnos sin el reproche de un pasado que al mirarnos nos recuerde momentos grises.
Tiene razón, lo sé. Veo el dolor en sus ojos. La angustia. El miedo. Es reflejo del mío. Sé que si me quedo a su lado me haré la fuerte por él y no me curaré y él también lo sabe, por eso me deja ir esperando volver a encontrarme.
—¿Me buscarás cuando estés bien? —le digo.
—¿Acaso no lo sabes? Iría a los infiernos por ti. —Me río y me besa lentamente.
Luego nos movemos bailando la música que solo se escucha en nuestras cabezas:
Acabo de despertar de un sueño
en el que tú y yo tuvimos que decir adiós.
Y no sé qué significa todo esto,
pero desde que sobreviví, me di cuenta.
—«Donde sea que vayas, ahí es donde iré» —canto. Sonríe y me mira sabiendo que esta es nuestra despedida.
—Vuela alto, becada..., no te mereces menos.
—Tú tampoco, capullo. —Se ríe y cuesta mucho despedirse.
Voy hasta la puerta y cuando salgo me dejo caer sobre ella llorando mientras lo siento al otro lado.
No sale porque no puede. Porque los dos sabemos que esto es lo mejor para nosotros.
Esto es una prueba de amor. De un amor libre.
Porque, por mucho que lo ame, ahora mismo solo le puedo entregar mi dolor, mi angustia y mi ansiedad cada vez que lo miro y recuerdo el horror vivido.
Ambos merecemos sanarnos y ser fuertes.
Marcharme es una de las cosas que más me han costado en la vida.
Pero tiemblo tanto y estoy tan destrozada que sé que nadie puede entregar al otro un corazón hecho de jirones.
Toca remendarlo fuerte para amar con fuerza sin que nadie tenga que cargar con cada una de mis heridas.
Y para que, cuando le diga que lo amo, él sepa que lo hago con fuerza y que no me quedo a su lado solo porque siento que es lo correcto.
Dorian quiere que, si estoy con él, sea porque, tras haber visto el mundo libre, entre todos los caminos lo elija a él. Y yo también quiero eso de él. Porque al fin y al cabo siempre hemos sido peones de nuestros abuelos.
Toca ver qué podemos ser más allá de eso.