Capítulo 46
A BBI
Tiran de mí y de mi abuelo hasta un salón de la casa. Dafna me dice que luego me lo explicará todo y se marcha. Entro al salón confundida. No me gusta un pelo esto. Ahora mismo no me fío nada de Dafna.
Ahí vemos que nos han traído a una zona de la mansión que no está reformada.
Estamos solo los miembros de las cinco familias y este lugar da miedo.
Hay ventanas y muebles rotos. Parece como si hubiéramos viajado en el tiempo.
Idelia no deja de gritar a su padre que le haga algo a Dorian por humillarla.
Dorian la mira cansado hasta que me ve llegar. Luego, las luces se apagan.
Es una trampa.
Algo no va bien.
—¿Quién narices ha hecho esto? —El abuelo de Dorian pierde los nervios. Y más cuando entra alguien con la cabeza gacha y la ropa rasgada apenas iluminado por una luz proyectada tras él.
—Vicent —dice mi abuelo, pálido—. ¿No estaba muerto? —Uriel parece ido. Fuera de sí.
—¿Qué mierda está pasando? —pregunta Idelia asustada.
—No tengo ni idea —responde Hermes—. Pero, como sea otra putada de Abbi, espero que no me joda el móvil, que es nuevo. —Joder, las neuronas no le dan para más.
Busco a Dorian y lo veo lejos, tratando de llegar hasta mí, pero el guardaespaldas no le deja moverse mientras asistimos a este teatro. A esta obra macabra que quieren que veamos las cinco familias.
La cosa no mejora cuando Dafna y mi hermano entran y van hasta mi abuelo. Mientras, este solo mira a Vicent.
—Este lugar de la casa no se reformó —apunta mi hermano Kiefer—.
Porque os traía recuerdos. ¿Verdad, Uriel?
Tu mente está despertando. Abbi le dijo a Dafna que tenías miedo a volver y que los recuerdos te mataran.
Pues ya estás aquí. ¿Qué puedes perder? Tú sabes qué pasó con Vicent y eso los puede hundir más que quitarles su dinero.
Es hora de que hagas justicia o caigas con todos. Tú eliges.
Mi abuelo mira al que hace de Vicent; lleva ropas antiguas. Se parece a Dafna, pero mucho más joven.
—Yo lo quería..., lo quería mucho... —Mi abuelo cierra los ojos con fuerza, preso del dolor de recordar, y cuando los abre mira al joven—. No supe amarte porque no soy capaz de amar a nadie más que a mí mismo..., pero tú no merecías lo que pasó.
El abuelo de Dorian trata de escapar, pero aparecen hombres armados, que le cierran el paso.
Oigo el crujir de una nariz rota y cuando miro en la dirección de donde procede veo a Dorian tocándose el puño mientras viene hacia mí tras golpear a su guardaespaldas.
Me tiende la mano entre los gritos de Idelia, las risas como de ultratumba y el crujir de unos huesos.
Cuando miro la escena, el supuesto Vicent yace en el suelo y de su cabeza sale mucha sangre.
Me quedo paralizada y miro a Dorian, aterrada con esta morbosa actuación. Acerco mi mano a la suya al cabo de tantos días y la coge con fuerza mientras vemos este teatro que no esperábamos.
—Esa noche, en este lugar, murió alguien... y toda la culpa cayó sobre Uriel Nelson —dice Dafna. Se rompe un cristal.
Lo que hace que Uriel se pierda más en sus recuerdos. Todo esto es para que él recuerde. Para que cuente la verdad.
—¡Yo no lo maté! ¡Yo no lo maté! —Mi abuelo parece fuera de sí, como si le hubieran dado algo.
No me gusta verlo así, a pesar de todo. Trato de ir hacia él, pero alguien nos lo impide y al mirar su cara veo que se trata de Robin, el becado... o no. Joder. Esto cada vez tiene menos sentido.
—Hay que hacerlo por el bien de todos —me dice.
Me acerco más a Dorian y nos alejamos hasta una esquina. Me acerca a su cuerpo y es como volver a casa.
—Nunca me fie del todo de Dafna y ahora entiendo por qué —me susurra.
—Yo tampoco.
—¡Yo no quería que muriera! —dice mi abuelo, que va hasta el que cree era su amigo—.
Yo lo quería..., era mi mejor amigo..., pero él —señala a Benicio Wilson— le obligaba a hacer cosas horribles.
Y me peleé con él. —Mi abuelo se golpea la cabeza como si quisiera sacarlo todo.
Entonces el supuesto Vicent se le acerca con la sangre falsa corriendo por su cuerpo.
Dafna mira todo feliz, como si al fin se hiciera justicia.
Estamos a punto de saber la verdad.
—Le obligan a hacer cosas así..., yo también —admite mi abuelo—. Porque no quería enfrentarme a mis amigos y que supieran que estaba enamorado de Vicent.
Madre mía, esto no lo esperaba.
—Ahora lo recuerdo. —Mi abuelo se agita nervioso—. Me hicieron creer que yo lo maté... ¡Pero yo nunca lo haría! ¡¡Ellos lo mataron!! —Señala al abuelo de Hermes y al de Edey.
—Os interesa contar la verdad. —Dafna enseña su placa de policía y mi hermano lo mismo.
Aprieto la mano de Dorian. Joder, hemos vivido engañados todo este tiempo y les dimos las pistas para saber qué hacer para arrancarle una confesión a mi abuelo.
Y traerlos a todos aquí. Dafna lo tenía todo preparado para hacer justicia.
Y, seguramente, el joven que hace de Vicent sea un primo suyo que se le parece mucho.
Todo un plan perfecto. Miro a los policías y son todos becados de cuarto...
o yo creía que lo eran. Se colaron para poder descubrir todos y cada uno de los fantasmas de este sitio.
Si lo hubiera sabido... tal vez las cosas no se habrían desarrollado así, pero eso no cambia que me siento traicionada por mi hermano y mi amiga.
—¡Has dicho que tú le obligabas a hacer cosas para que no supiéramos que te gustaba!
—grita el abuelo de Dorian, sabiendo que ya solo le queda guardarse las espaldas—.
¡Él solo te hacía caso a ti! Por eso esa noche, cuando le dijiste que se subiera a la cornisa del balcón, lo hizo.
Porque creía que así lo aceptaríamos. ¡Esa noche tú le pediste eso porque yo te pillé con él!
—Mi abuelo se lleva la mano a la cabeza—. Y elegiste burlarte de él.
—No, yo no... Cayó. Había sangre. Mucha sangre y era mi culpa.
Benicio se acerca a mi abuelo.
—Y, a cambio de que nadie contara nada —mira a los otros tres—, ellos te obligaron a firmar eso. Y a mí me obligaron a pagarles porque en ese balcón, con él, solo estábamos tú y yo y podíamos haber sido cualquiera de los dos. Yo no quería un escándalo en la familia. Pero yo no lo hice. Fue él.
El abuelo de Dorian se toca la boca al darse cuenta de todo lo que está confesando.
—Pero mi antepasado no murió por una caída, sino de una pedrada en la cabeza. Un golpe posterior a su caída. —Dafna mira a los otros tres que no estaban en el balcón—. Y, dado que sois los que más ganasteis con esto, uno de los tres fue quien lo hizo.
El señor Scott y el señor Harris señalan al señor Adams.
—Dijimos hasta el final —dice este.
—No pienso comerme la muerte de nadie —responde el señor Harris, dejando claro que solo le importa él mismo.
—Esa muerte ya ha prescrito —añade el señor Adams—. Sí, lo hice yo. ¿Y qué? Ya han pasado muchos años, no podéis meterme en la cárcel por ello.
—Creo que lo mejor es que lo dejemos aquí —dice el abuelo de Dorian—. Nosotros no lo matamos. Y sí, tras esto me vi obligado a ceder mi mansión y Uriel, a ceder todo su dinero, pero ¿para qué remover la mierda?
—¿Para qué remover la mierda? —dice Dafna—.
Hace años acusaste a tu nieto de coger un coche borracho y provocar un accidente.
—Dorian se tensa a mi lado—. En ese coche iba Dorian, pero dormido al lado de mi hermana.
En el vídeo se ve cómo Dorian sale del asiento trasero del coche y coge a mi hermana para ayudarla.
Y también se ve, en el asiento de delante, la puerta abierta y un bolso de marca.
Vaya, como los que usa Idelia, que luego lo grabó todo asustada, seguramente para mandárselo a su padre y que arreglara el desastre.
Pero este, en vez de ayudar, le entregó las pruebas al director Benicio Wilson y, como sé lo retorcidos que sois, a cambio de que los Harris no contaran la verdad de esa noche exigió que le dieras el cargo de rector y que años más tarde Idelia se casara con Dorian. ¿Verdad?
Todo encaja como un puzle. Dorian se pone tenso a mi lado.
—Y usaste ese vídeo para presionarme y que no escapara —le dice Dorian a su abuelo—. Me metiste el miedo en el cuerpo para que creyera que era como mi padre y así manejarme. ¡Eres un monstruo!
—Exacto, así te tenía controlado —tercia Dafna—. Y además sacabas buenas notas, lo que era muy útil por si aparecía un descendiente de Uriel y, por lo que sabía Idelia, te querían casar con ella. Para que todos ganaran, menos tú, claro.
Dorian respira de forma agitada. Lo miro y parece fuera de sí.
—¿Cómo pudiste hacerme eso? —le dice a su abuelo—. Pero para qué pregunto, eres un ser horrible.
—Lo es, sí, él fue quien metió a tu padre en las drogas cuando este quiso fugarse con tu madre.
Tu madre era una becada. —Miramos a Dafna—.
Y por eso establecieron esas normas. Para que nadie lo repitiera y, como tu madre se quedó embarazada, se casaron, pero, a cambio de no matarla, sí, de no matarla, le permitió irse y mandarte una postal al mes con un «te quiero» para que no la olvidaras.
—¡Eso es mentira! —grita el abuelo de Dorian.
—¿También es mentira lo de los jóvenes que han desaparecido tras estudiar aquí?
Uno era compañero de mi clase —le dice mi hermano—.
Nadie volvió a saber de él y todos sus datos desaparecieron de los archivos de la universidad, como si nunca hubiera estudiado aquí.
Por eso querías un sistema tan cerrado. Para controlar, pero tu nieto nos dio acceso a todo.
Dorian mira a mi hermano como si quisiera arrancarle la cabeza.
La puerta se abre y aparece una mujer rubia y preciosa como Dorian. Este se queda pálido.
—No es mentira y lo sabes —dice la mujer—. Y esta noche la verdad saldrá a la luz y al fin caerán los simples mortales que jugaron a ser dioses.