Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 45
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Capítulo 45

A BBI

Llego a la clase del primer examen y al entrar mi mirada se cruza con la de Dorian; se lo ve más tranquilo, pero sus ojos parecen aún tormentas. Por su media sonrisa sé que me está diciendo que gane el mejor.

Quiero que acabe esta pesadilla y, aunque puedo sacar un diez, no lo hago.

Contesto de forma que no me quede un examen perfecto.

Siento que, si mi abuelo pierde los papeles, sabremos la verdad y más cuando venga a este lugar, cuando se reencuentre con su pasado.

Me estoy dejando guiar por mi instinto. Pero hago lo mismo en todos y cada uno de los exámenes sabiendo que Dorian dará el máximo porque siento que él cree que así me protege.

Al fin y al cabo, esto es entre él y yo.

El último examen lo hago perfecto para darme el gusto de saber quién habría ganado de los dos.

Para dar las notas van a hacer una fiesta que aportará dinero a la causa.

Y a la que van a venir todos los primeros miembros.

Mi abuelo ha dicho que, en caso de ganar, cederá todo a la universidad, dejando claro que no hace esto por dinero, solo por recuperar lo que perdió, pero previamente ellos tienen que ingresarle su parte y luego ese dinero irá a parar a la universidad.

Y, por supuesto, mi abuelo vendrá. Al fin, tras tantos años, regresará a pesar de que estar aquí le hace daño.

La ceremonia tendrá lugar al aire libre, cerca del sauce llorón. Ando hasta allí. El aire se respira denso. Veo a Dafna con sus amigos. Parece tensa y habla en susurros. Al verme sonríe, pero es como si no fuera ella.

Luego le dicen algo, como que todo está listo, y se marcha. ¿Qué está pasando?

Mi abuelo se acerca. Mira todo como ido. Se lleva las manos a la cabeza. Y una periodista a la que han dejado entrar le pregunta si está bien y él asiente. Cerca están los que fueron sus amigos y se miran retadores. Los cinco amigos de nuevo juntos.

Uriel se sienta y mira el sauce y luego la casa. De nuevo parece dolerle mucho la cabeza. Centra su mirada en mí. Y, aunque no dice nada, lo veo claro: «No me falles».

Lo ignoro, pero siento que estamos cerca de la verdad. Que se está tirando del hilo de sus recuerdos.

Ando hasta el sauce.

Dorian ya está junto a él. Me acerco y quedamos a pocos metros. Nuestras miradas se cruzan un instante mientras el notario abre el sobre de las notas. Espero que digan el nombre de Dorian, pero todo se paraliza cuando dicen:

—Abbi Nelson. —Dorian me mira con una media sonrisa, lo ha hecho aposta—. Y Dorian Wilson. Hay un empate.

Se hace el silencio y nadie sabe qué hacer en este caso. Dorian y yo nos miramos sabiendo que, a pesar de todo, pensamos lo mismo: él quería perder y yo también.

—¿Qué se hará ahora? —dice la prensa.

Mi abuelo habla tranquilo:

—Creo que lo mejor es no dejar a esta universidad sin dinero. Lo suyo sería que, como hay un empate claro, se la jueguen el curso siguiente.

Miro a Dorian y ambos sabemos que no podremos soportar otro curso en estas condiciones.

—Me parece bien —responde el abuelo de Dorian—. Es lo justo.

Se me nubla la vista, esto no debía pasar así. Yo quería que mi abuelo recordara al venir, perder y ser libre, y ahora estoy condenada a un curso más.

No puedo respirar.

Me estoy ahogando.

—Abbi, respira. —Dorian se acerca y me coge la mano sin que le importe nadie más.

Como no reacciono, me coge la cara entre sus manos y me obliga a mirarlo.

—Dorian..., no...

Su abuelo lo llama. Como está la prensa, no puede hacerlo de otra forma.

—Te elijo a ti, a ti siempre. Me da igual lo que me hagan, pero se ve que mi meta en la vida es no dejar que te pierdas en tus propios infiernos.

Entonces me besa y se oye el asombro de la gente mientras mi Eros me elige a mí por encima de todo y de todos.

Al final la vida son elecciones, te toca elegir bando, aunque esto te condene. Le devuelvo el beso y noto cómo poco a poco entro de nuevo en calor.

Idelia grita fuera de sí y se hace la ofendida. Apartan a Dorian de mí. ¿Qué narices va a pasarnos ahora?

Los veo irse, rojos de ira, y les dicen que hay que ir a una zona especial. Eso lo dice Dafna. ¿Qué narices está tramando? Voy hasta mi abuelo, que mira la casa fuera de sí.

—Vicent —susurra y Dafna agranda los ojos.

Mi abuelo está recordando cosas, como yo imaginaba; tal vez no haya que esperar un curso, tal vez hoy se sepa la verdad y acabe esta pesadilla. Dafna me mira, saca el móvil para hablar con alguien y leo en sus labios: «Pon el plan en marcha, los tenemos a todos donde queríamos».

¿Qué plan?