Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 44
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Capítulo 44

A BBI

Estoy muy agobiada y eso hace que no pare de estudiar y de leer.

No puedo hacer nada sin el permiso de mi abuelo Uriel.

No puedo hablar con nadie. Y, aunque al principio odié a Dorian, poco a poco lo he ido entendiendo.

Me vio muerta..., creyó que me perdía y soy la única persona en el mundo que lo quiere.

Se aterró. No lo hizo de forma egoísta, lo hizo perdido, asustado.

Como aquel niño que lloraba cuando su padre lo golpeaba o cuando se fue su madre.

Dorian estaba aterrado ante la idea de que me mataran y lo cierto es que tal vez lo habrían acabado haciendo.

Verlo en la distancia es horrible, ver cómo Idelia lo besa o lo acaricia me mata. Por suerte, solo los vi besarse una vez. Cuando apareció ante mi puerta desesperado, fuera de sí, entendí que volver a ponerme su collar había sido mi mejor decisión.

Van a empezar los exámenes y todos los focos están puestos en Dorian y en mí. La prensa se lo ha tomado como la historia del año y los nervios se perciben en los pasillos.

Por eso sé que tengo que hacer algo para verlo antes de que acaben los exámenes y se lo lleven lejos. Su abuelo se pasea por aquí y me mira como si quisiera destruirme.

Bajo con mi escolta por las escaleras y sé que Dorian irá detrás, por otra.

Siempre nos bajan por escaleras separadas.

Miro la alarma de incendios. Y, sin pensarlo mucho, la acciono y los antifuego de la escalera se encienden y se desata el caos.

Varios estudiantes salen corriendo, asustados por la sirena, y yo también corro, perdiendo al de seguridad, hacia donde bajan a Dorian.

Noto cómo el uniforme se me pega a la piel mientras lo busco entre el caos.

Alguien tira de mí y lo veo. Con el pelo rubio mojado y la ropa empapada.

Tira de mí hasta una puerta secreta y entramos juntos.

—Pensé que algo así solo podía ser obra de Idelia, pero la vi gritar asqueada porque se le había corrido el maquillaje y supe que era cosa tuya.

—Al final he aprendido a hacer novatadas. Aunque habría preferido ver a Idelia llena de mierda que de agua.

Andamos por la escalera hasta el antiguo invernadero al que me trajo hace meses.

Parece que ha pasado toda una vida desde aquello.

Nos miramos agitados y jadeantes. No decimos nada, solo nos observamos perdidos en nuestra propia burbuja.

Sintiendo al fin al otro cerca y no a pocos metros que parecen océanos de distancia.

—Lo siento. —Me acaricia la mejilla y me aparta el pelo mojado de la cara—. Solo quería...

—Salvarme. Me enfadé, pero sé que yo en tu lugar habría hecho lo mismo.

Apoya su frente en la mía, aliviado.

—No sabes lo que fue para mí ese día, aún tengo pesadillas que evocan ese momento. Te creí muerta..., nunca he vivido nada tan aterrador.

El dolor en sus ojos me mata. Y veo el tormento que ha pasado. Lo abrazo, lo abrazo con fuerza y él a mí. Lloro entre sus brazos y él tiembla sin miedo a que vea su vulnerabilidad.

—Estamos en esto juntos —dice y me besa, me besa lentamente como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Lo hace hasta que oímos voces y sabemos que nos han encontrado. Corre conmigo hasta una pared y me dice que siga todo recto. Me marcho agitada y nerviosa. Y sabiendo que voy a contar los días hasta que todo acabe.

Ahora voy por la universidad con dos guardaespaldas.

Cada vez lo tengo más difícil para escapar.

No me dicen nada mientras no vaya tras Dorian.

Debería estar estudiando, pero estoy llenando cubos de barro.

Varios estudiantes me ven, pero me ignoran porque paso de ellos.

Algunos becados trataron de hacerme la pelota.

Entre ellos, Marvin y Mina. Ahora soy una de los dioses y querían mi protección, pero los ignoré.

Llevo los cubos a mi cuarto. Uno a uno. Con paciencia. Notando el uniforme manchado. Lo hago y espero. Y, cuando todos están cenando, pongo en marcha mi plan. En último lugar voy hasta el cuarto de Idelia y tiro uno a uno los cubos dentro de su armario. Por su cama y en todo su cuarto.

Observo mi obra de arte y me siento en una silla limpia a esperar.

Idelia entra, enciende la luz y grita de puro terror. Hermes y Edey se acercan a ver qué pasa y se ríen.

—¡Eres una zorra!

—Muy zorra. Y, como nieta de Uriel Nelson, he pedido que nadie te ayude a limpiar... De nada. Al fin sabrás de primera mano lo que es vivir una novatada.

Salgo de aquí y espero a que Hermes y Edey vayan a sus cuartos. Entran y ven que no hay nada. He tirado todo por la ventana, menos los ordenadores.

—¿Dónde está mi ordenador? —exclama Hermes. La puerta de Dorian se abre y me mira. No le dejan acercarse sus guardaespaldas, pero veo admiración en sus ojos.

—Los he escondido. Porque me daba en la nariz que necesitaban una limpieza.

Vienen hacia mí, pero me pongo detrás de los pedazo armarios que tengo como guardaespaldas y esto los contiene.

—¡Zorra! —Están fuera de sí.

—Están bajo el grifo de la ducha. De nada.

Por supuesto, saqué la información antes de hacerlo. Ser la nieta de un escapista tiene sus ventajas y saber que ahora no pueden tocarme, más. Al ir a mi cuarto, Dorian me guiña un ojo. Sonrío y pienso en la próxima vez que podamos estar juntos.

Lo peor es estar sola por la noche, cuando las pesadillas me asfixian y la ansiedad me mata. Pensé que vengarme me devolvería algo de paz, pero no es así. Solo me ha aliviado un poco; tal vez cuando los destruya pueda dejar de temblar.