Capítulo 43
D ORIAN
Idelia no me deja solo ni un instante. Han quitado la escalera de mi balcón y mi abuelo me ha puesto vigilancia veinticuatro horas alegando que solo el que consumiera drogas explica cómo pude salir con la becada y después obligarlos a firmar eso.
El contrato firmado lo mandé a un abogado y no saben a cuál, para que no puedan sobornarlo.
Es agotador tener a alguien todo el rato cerca de mí. Me van a volver loco.
Salgo de mi cuarto para ir a clase seguido del hombre que incluso duerme en mi habitación y lo hago al mismo tiempo que Abbi.
Va vestida con el uniforme reservado para nosotros, con ribetes en oro, porque ahora es una de los nuestros.
Nos miramos a los ojos y veo dolor en los suyos, mucho dolor y añoranza.
Necesito hablar con ella, explicarme, que me entienda...
Hay tantas cosas que quiero explicarle. Tanto que quiero que entienda...
Pero ella, ahora, no está mucho mejor que yo.
Su abuelo Uriel, al que odia, controla aún más su vida.
Todo se ha salido de madre. No esperaba esto.
Tampoco lo pensé. Me aterraba verla muerta.
No le di la opción de elegir y sé que ella me detesta por eso.
Y, como no puedo acercarme a ella, tampoco puedo decirle que prefería su odio a un mundo sin ella.
Tiran de mí hacia un lado y de ella hacia otro.
Ya no tengo el poder de elegir adónde voy o qué hago; mi abuelo dice que es porque le preocupa que me pase lo mismo que a mi padre. Y yo me pregunto si mi padre no se dejó llevar porque le era imposible vivir siendo hijo de alguien como Benicio Wilson.
No puedo hablar con ella y paso los días con una ansiedad enorme. Por eso le dejo textos en redes que, como no los he escrito yo, la gente no entiende que los uso para poder expresar mis sentimientos sin que parezca que son míos.
Te quiero tanto que aprendí a amarte desde lejos, mientras mis manos ansían tocarte.
M ARIO B ENEDETTI
No sube nada los siguientes días en sus redes. Pero un día subo algo que sí es mío. Una imagen de Eros y Psique a la que añado:
Tal vez en otra vida.
Y entonces ella sube:
Eres un eco que no se apaga en mi mente, un pensamiento que insiste en vivir incluso cuando intento olvidarte.
M ARIO B ENEDETTI
Lo leo varias veces y cuando al cabo de unos días vuelve a subir algo, es una imagen del beso de Eros a Psique para hacerla despertar de la muerte y pone debajo:
Tal vez en otra vida.
¡No quiero otra puta vida para tenerla!
Entro al aseo agitado y nervioso y, cuando salgo, examinan todo para ver si me meto algo.
Ha pasado un mes desde que todo ocurrió.
El abuelo de Abbi se fue, pero ella continúa con guardaespaldas que la siguen a todas partes.
Come sola, cena sola, no dejan ni que Dafna se le acerque.
Y, cuando me mira, sus grandes ojos marrones parecen dos pozos sin vida.
Se está hundiendo y no puedo hacer nada para salvarla. Y todo es mi culpa.
Por eso una noche, cansado de esta mierda, espero a que se duerma mi guardaespaldas y salgo de mi cuarto.
El de Abbi está medio dormido en un sillón, cerca.
Voy hasta su puerta y toco con los nudillos.
Espero que abra antes de que nos pillen.
Y sí, la puerta se abre, pero eso despierta a su guardaespaldas y solo tengo unos segundos porque también oigo los pasos del mío.
—Te quiero, Abbi. Y no quiero otra vida, quiero que sea en esta. Perdóname. Por favor, perdóname. —Tiran de mí y de Abbi para alejarnos. Y entonces entreabre su pijama y veo mi collar.
Seguimos en esto juntos. Entro al cuarto sintiéndome más vivo que nunca.
Ella me conoce y, a pesar de todo, sabe que solo hice esto porque es lo único bueno que tengo y porque mi miedo a perderla me hizo protegerla.
Tiemblo de miedo, de felicidad, y, tras unas semanas horribles, pienso cómo darle la vuelta a todo esto. Solo tenemos una oportunidad de ser felices.
Que nuestros abuelos caigan juntos.