Capítulo 42
A BBI
Estoy aturdida por lo que ha pasado. Intento afrontar el hecho de que estuve muerta.
De que llegaron al límite de matarme. Mi madre vino en cuanto se enteró.
Han dicho que me caí en la piscina de madrugada y me sacaron del agua.
Dafna dice que han cercado esa área y puesto carteles de «prohibido pasar».
A saber qué hay ahí para que nadie pueda pasar.
La policía me ha preguntado por mi versión, pero no estoy lista para contar toda la verdad y destruirlos.
Dafna y mi hermano han estado cerca. Pero de Dorian no he sabido nada. Y me duele que en un momento así no haga nada por estar conmigo. Que no mande todo a la mierda por mí.
Tengo recuerdos fugaces de lo que pasó. Veo en mi mente a Dorian y escucho sus palabras en la lejanía:
—Tal vez en otra vida podamos ser Eros y Psique.
Pero no sé si lo soñé o fue real. Lo que sí fue real es la historia que publicó. Le hice captura con el corazón encogido por no entender a qué venía eso.
Tras hacerme varias pruebas, hoy me dan el alta, después de varios días ingresada.
—Ten, te he comprado ropa. —Mi madre la deja en la silla—. ¿Vas a contarme la verdad? Porque sé que lo que has dicho es mentira y estoy harta de que todo el mundo me mienta.
—Está todo bien.
Ella miró para otro lado cuando me dejó con mi padre, que la había agredido. Decirle ahora nada es tontería. Y tal vez solo la haría sufrir y no quiero. Porque ya sufro yo por todos.
Cojo la ropa y entro al aseo a cambiarme. Al salir, oigo que mi madre le dice a alguien que se vaya. Cuando alzo la mirada veo a mi abuelo Uriel. Tiemblo. Tiemblo de miedo. Porque todo esto es por su culpa.
—¡Casi muere! Largo de aquí —grita mi madre.
—No está muerta, ¿no? Es hora de que vuelva a la universidad, pero ahora como la nieta del fundador.
—¿De qué hablas? —le digo temblando como una hoja.
—Dorian te ha vendido, ha contado quién eres.
—Lo miro sin dar crédito a sus palabras—.
Pero yo tenía un plan B. La prensa me ha pagado mucho dinero por contar mi historia.
Por contar que, si tú apruebas, yo lo recupero todo.
Vamos, nieta querida, tenemos a la prensa en la puerta.
Te he comprado toda la ropa que ahora necesitas como una de los dioses.
Mi madre lo mira enfurecida y va a decir algo, pero mi abuelo alza la mano.
—No olvides que me la vendiste de niña. Ella ha sido criada por mí. —Mi madre aparta la mirada.
—¿Por qué dejas que te hable así? —digo. Mi madre calla y mi abuelo se ríe.
—No se lo has contado todo, ¿verdad? —Mi abuelo se sigue riendo como el desgraciado que es—.
Les di mucho dinero por ti; a cambio no denunciaba a tu abuelo por la paliza que le dio a tu padre y te permitía volver con ellos.
Tu madre tenía problemas de drogas... y eso metió a tu abuelo en pérdidas.
Ella dice que tu padre trató de violarla...
, pero como estaba drogada hasta las cejas nadie la creyó.
Solo a mí... porque yo sé qué hilos mover.
—¿Mamá?
Mi madre llora en silencio, avergonzada, y toda la historia cobra un sentido diferente.
—El abuelo Hadrian asumió toda la culpa porque no quería que me miraras diferente.
Te quiero, hija, pero cuando te tuve no estaba pasando por mi mejor momento y el dinero para drogas me atraía más que ser madre.
Y entonces tu padre quiso tener más hijos y yo no quise.
Se puso como una fiera y tu abuelo, al verlo, le dio una paliza.
Acabó en el calabozo. Retiraron la denuncia a cambio de darnos dinero para salvar todas las deudas y de que le diéramos tu tutela a tu abuelo Uriel para que tú pudieras estudiar lejos de todo eso...
, lejos de mí. Firmé y el abuelo Hadrian convenció a Uriel de que pudieras vernos de vez en cuando.
Llora sin consuelo mientras mi abuelo disfruta de esto. Le doy una bofetada, que no se esperaba.
—Eres un monstruo. Al menos ella estaba enferma, era adicta, pero tú... tú solo eres un monstruo. Ahora saldré. —Duda, pero me deja sola con mi madre—. Mamá..., ¿me quieres? —Me mira y asiente.
—Te quiero mucho, hija, pero no estaba bien, no estaba bien...
No sabía lo que hacía, era muy joven cuando tu padre se acercó a mí, era débil y el blanco perfecto para alguien que quería un hijo con una superdotada para conseguir un premio mayor, y cuando lo supe ya era tarde.
El abuelo no fue quien te dejó ir, él quería ocultarte, pero yo...
yo firmé. Él habría cambiado todo su mundo por no perderte.
Dejarte ir le destrozó y eso hizo que invirtiera todo su esfuerzo en traerme a mí de vuelta.
—Creía que el abuelo prefería la fama a mí.
—Tu abuelo te quiere con locura, y a mí también.
Por mí calló y te contó esa versión. Vino a verte porque necesitaba comprobar que estabas bien, pero te dejó ir porque le oprimía en el pecho no poder decirte la verdad.
Sabe que ahora mismo no lo quieres ver, por eso he venido yo sola. Él te conoce mejor que nadie.
Saco las lágrimas de dentro y la abrazo porque la quiero. Porque ella estaba enferma. Y no era capaz de ver más allá de eso. Pero me ha demostrado en todos estos años lo mucho que me quiere.
—Por eso yo no estudié más. No fue por culpa del abuelo, fue por tontear con las drogas demasiado joven, nadie me enseñó a ser fuerte para decir que no.
Parece tan pequeña entre mis brazos que ahora mismo no sé quién consuela a quién. En la vida solo hay una verdad, pero un sinfín de versiones de esta. Lo bueno es que la verdad siempre sale a la luz.
—Voy a estar bien y cuando acabe el curso iré a estudiar a otro sitio y podremos vernos más.
Asiente y vamos a reunirnos con mi abuelo para salir juntos. La prensa me hace fotos de camino al coche de Uriel. Escribo a mi abuelo Hadrian y le digo que lo sé todo y que lo quiero. Al poco me escribe y me dice que espera verme pronto y que me quiere.
Esto me lleva a pensar en Dorian, en su truco de magia, cuando me dijo que no dejara de creer. Pero por su culpa estoy en este lío. Por su culpa ahora todos saben quién soy y tal vez eso me mate de verdad.
Aunque algo me dice que no, que Dorian ha hecho esto para protegerme aun en contra de mis decisiones. Ha ido contra mí y contra mis deseos y eso hace que lo odie por dejarme al margen de algo que era decisión de los dos.
Ahora mismo estoy muy dolida, pero en el fondo sé que yo haría lo mismo. El problema es que tengo miedo. Me aterra de lo que es capaz Idelia si acorta la distancia con Dorian. Veo mis manos temblar. Estoy muy asustada.
—Vamos, la prensa nos espera.
Los periodistas se acercan a la verja de entrada. No los dejan entrar, pero mi abuelo sale del coche y tira de mí para que vayamos a responder preguntas. Veo a lo lejos a varios estudiantes mirando todo curiosos, y en las escaleras, a Dorian y el resto de los dioses de esta generación.
Noto alivio en la mirada de Dorian al verme.
Sé que hizo todo esto para salvarme, pero no debió tomar una decisión así por mí.
Tal vez yo no quería que la gente supiera que tenía algo que ver con Uriel, tal vez yo no quería que cuando este cayera eso salpicase a mi familia.
No lo hablamos, no me dio la oportunidad de negarme.
No me dio opción, me ha vendido y eso hace que no pueda confiar en él ahora mismo.
—¿Es cierto que les cedió su fortuna solo a cambio de poder recuperarla si alguien de su familia sacaba la mejor nota de su promoción?
—Sí, claro, éramos jóvenes. Estábamos aburridos —dice mi abuelo mirando la mansión y veo cómo se queda callado y luego se lleva la mano a la cabeza.
Los recuerdos le hacen daño, lo veo en sus ojos.
Aparta la mirada y se centra en la prensa— y, bueno, yo quería jugar.
—Mi abuelo mira el sauce llorón y su piel se vuelve mortecina—.
Yo quería jugar... —Se toca la cabeza aturdido—.
Perdonen, hace poco tuve un infarto y aún me estoy recuperando.
—Los periodistas asienten—. Tengo mucho más dinero que todos ellos juntos, pero ahora toca ver si recupero lo que perdí para que se fundara esta gran universidad tan prestigiosa.
Aunque no dudo que luego lo donaré de nuevo a la causa.
—Mi abuelo se ríe y los de la prensa lo adoran.
Le hacen preguntas y mi abuelo va de nuevo hasta el coche. Me hace entrar con él.
—No puedo ir contigo. No hasta el final. —Cierra los ojos y toma aire—. Gana y devuélveme lo que es mío.
—A cambio de mi vida.
—Me da igual..., solo quiero mi dinero.
—¿Y la verdad? Porque tal vez entrar y estar ahí te haga saber qué pasó para que les dieras todo.
—Tiempo al tiempo..., no antes de que recupere lo que me pertenece —lo susurra y sé que está mal. Y siento que cree que la verdad puede matarlo, por eso no quiere arriesgarse—. Volveré el día que den las notas. No me falles, no olvides que eres una Nelson, compórtate como tal.
—Para eso debería no tener corazón. —Salgo del coche y doy un portazo.
Entro al internado, ahora como la nieta del fundador.
Como la nieta de Uriel Nelson. La gente me mira diferente, ya no soy una becada.
Soy una de los cinco dioses. Soy una de ellos.
Alzo la mirada y veo a Idelia mirarme con el odio velado en su mirada.
Entonces coge a Dorian y lo besa, y él no se aparta.
No la repudia. No se aleja. Como si a cambio de mi vida él hubiera entregado la suya.
Qué has hecho, Dorian...
Dafna viene hacia mí y los dejo con este show para irme a mi cuarto. Pero mi amiga me lleva a la planta de los ricos y de los dioses, y abre una puerta enfrente de la de Dorian.
—¿Qué haces?
—Ahora tú duermes aquí porque eres la nieta del fundador y la prensa quiere ver tu cuarto, están esperando que les mande un vídeo.
Mi abuelo me llama.
—Te han dado un buen cuarto, ¿verdad?
—Sí, en su planta.
—Tienes ropa cara y uniformes en el armario. Ahora lucirás como ellos. Alza la cabeza y disfruta del placer de haber ascendido.
—Como si eso me importara.
—Tal vez eso no. Pero sé que te traías un lío con Dorian Wilson... y antes te mato que dejar que mi sangre se mezcle con la de ellos.
—Si sigo en este lugar dudo que salga con vida, lo mismo me matan antes de que acabe los exámenes.
—Yo voy a estar por la ciudad y te he puesto un guardaespaldas para evitar que se te acerquen y te vuelvas a caer a la piscina.
—¿Y lo han permitido?
—Tengo a la prensa pagada, están a mi favor, no les interesa tenerme de malas.
—¿Y por qué no hiciste todo esto antes?
—Porque en todos estos años has sido la única que puede hacerles frente. Por ti he sacado mi plan B.
—Pero solo porque me han delatado, no porque casi me matan.
—Es por las dos cosas, porque si mueres yo no recuperaré nada.
Cuelga y me siento en la cama muy nerviosa. Al poco llega Dafna y no dice nada, solo se queda conmigo y, aunque lo agradezco, ahora mismo solo pienso en Dorian y en que todo esto es su culpa.
Mi abuelo Uriel ahora tiene más poder sobre mí que nunca.