Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 41
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Capítulo 41

A BBI

Dorian y yo dormimos juntos y luego nos fuimos a la ciudad, a mi piso.

Me escondí donde el otro día y detuvo el coche para que subiera.

Nadie nos ha visto. Dafna y mi hermano estuvieron en el piso.

Aún no les han dado las pruebas de ADN , pero todo apunta a que es el antepasado de Dafna y mi abuelo lo conocía porque en sus sueños lo llamaba. Se lo conté a ella.

—Son sus recuerdos, tratando de decirle algo.

—El médico le recomendó que no lo forzara. Pero si yo sacara la mejor nota, sé que vendría.

—Porque ya no tendría razones para temer que los recuerdos lo destrocen.

—Sí. Lo que está claro es que, si en sueños lo llama, es porque, la noche que murió el hermano de tu abuelo, el mío estaba ahí y sabe algo. Y odia tanto a sus antiguos amigos que tal vez no tenga miedo de ir contra ellos.

—Estaría bien encontrar el detonante que haga despertar su mente. Tal vez una obra de teatro. —Se rio y tomó notas. La miré y vi algo raro.

—Ya, claro, eso sería insólito.

—Ya..., sí. —Dafna se fue algo pensativa a la cocina.

Y de nuevo sentí que oculta algo. Joder, me da miedo estar confiando en quien no debo.

Se me hace raro ver a Dafna hablar con mi hermano; cuando comentan el caso es como si no conociera a mi amiga.

Hay algo extraño en la forma en que se miran o comparten cosas.

Algo que va más allá de una relación entre cuñados.

Tal vez estén liados. Aunque he visto a mi hermano con su mujer y sé que la adora.

Dorian también ha notado una complicidad especial. Los dos creemos que Dafna oculta algo.

Hemos sacado en claro que las putadas las empezaron nuestros abuelos y que lo de la universidad fue una idea improvisada de hombres jóvenes que no habían trabajado en su vida y no sabían qué hacer con el dinero.

Lo mejor del fin de semana ha sido cuando me quedaba a solas con Dorian, pedíamos comida basura y la disfrutábamos tirados en la cama viendo pelis en mi tableta.

Estando solos no hemos hablado del misterio que rodea a nuestras familias porque hacerlo duele.

No le cuento cómo me siento con todo esto porque él tampoco está bien.

Si le explico mis miedos querrá convencerme para que desaparezcamos juntos y cada vez me tienta más esa idea.

Sobre todo, cuando lo abrazo y me deja besos en el cuello y siento su calor despejar el frío de mis huesos.

Y solo quiero una vida que sea mía... con él.

Tengo que ser fuerte para acabar con todo esto, aunque eso me destruya.

Me encanta hablar con él y contarle todo lo que he vivido.

Él también me ha contado su vida. Siempre ha sido muy solitario.

Como yo, al ir a cursos con gente mayor nunca ha encontrado su sitio.

Y cuando llegó a la universidad trató de escaparse, pero lo encontraron y fue cuando bebió desesperado por no poder huir y comenzó a odiar a los becados, que pudiendo marcharse no lo hacían.

—Los miraba como si fueran idiotas —me dijo pasándome los dedos por la espalda—. ¿Qué persona en su sano juicio soporta humillaciones solo por conseguir más dinero?

—Algunos no tenían más opciones.

—Sí, pero no lo entendí hasta que me hiciste cruzar la línea. Hasta ese momento justificaba la mierda que hacían diciendo que, si quisieran, podrían irse. Pero aquí seguían.

Me alcé y lo besé, gran error, o no, porque acabamos follando y nos olvidamos de la película.

Soy incapaz de apartar las manos de él y de buscarlo para acariciarlo.

No quería irme. Hemos vuelto al internado a primera hora de la mañana con el tiempo justo de cambiarnos e ir a clase.

No he mirado a Dorian en todo el día porque temo que se note demasiado que estoy loca por él y por lo que siento cuando estamos juntos.

Esta mañana me costó vestirme para volver aquí.

Y, cuando nos despedimos, Dorian me dijo:

—Tengo un mal presentimiento. —No me miró. Apretaba las manos sobre el volante—. No sé cuánto tiempo podré soportarlo.

No respondí y me marché a mi cuarto, pero yo también siento que algo no va bien. Sobre todo porque, de camino a clase, Mina me salió al paso. Como si me hubiera estado esperando para contárselo todo a Idelia.

Por eso he pasado el día tensa. Y ahora estoy en la cama, agitada y nerviosa.

No puedo más, no paro de rascarme el brazo, tengo muchas pupas y no sé cómo controlar mi ansiedad.

Estoy agotada..., quiero que todo pase. Que dejen de humillarme.

Quiero que se detengan las novatadas. Quiero ser solo una estudiante más, sin una diana en la espalda.

Me sacan de la cama cuando me estaba quedando profundamente dormida.

Voy desorientada. Por un momento no sé quién soy, qué hago aquí.

Tengo frío. Estoy cansada, no puedo más.

Es como si hubiera llegado al límite. Solo quiero llorar, escapar, aceptar la propuesta de Dorian de irnos lejos. Pero sé que luego me arrepentiría.

Tiran de mí hasta el sótano. Lo reconozco por el olor. Ese olor a humedad.

Me dejan caer sobre el suelo y cuando me quitan la capucha veo a Idelia.

—Se te ve agotada, querida. —Me fijo en que no hay nadie más. Esto es solo contra mí.

—No, para nada. Estoy mejor que nunca —miento porque no me encuentro nada bien.

—La verdad es que me das pena. —Se agacha a mi altura—.

No, en realidad no. Me encanta esto. Me encanta ver cómo caéis uno tras otro...

No, en verdad solo quiero ver cómo caes tú.

Cómo te hundes. —Veo celos en su mirada—.

Dorian es mío y tú no eres más que una puta en su camino... Pienso destruirte hasta que caigas.

Me da la impresión de que nos ha visto, que no hemos tomado suficientes precauciones. Ya no me importa. En el fondo sé que quería que todos lo supieran.

—Hasta que un día caigas tú.

—Eso no pasará nunca. —Sonríe dejando claro que sabe que, a golpe de talonario, puede salirse con la suya—. Odias la oscuridad... y creo que te vendrá bien dormir aquí. A oscuras, para mejorar tu cara de mierda.

Miro el lugar: es raro, tiene el techo abovedado.

Como si antes hubiera sido un pozo y luego lo hubiesen transformado en una habitación.

Al fondo hay una claraboya de cristal. Las paredes son en forma volada y no hay esquinas.

¿Qué narices es este lugar? Veo un catre tirado en un rincón y una mesita de madera.

Seguro que este lugar lo usaban para castigos.

La puerta es pesada y tiene como ventosas. Para no dejar pasar nada...

Apagan las luces sin que pueda apreciar más dónde estoy.

—Ah, se me olvidaba decirte que estás en un antiguo pozo...

, lo mismo aparecen los fantasmas de la gente que murió aquí...

—Lo peor es que tal vez sí haya aquí varios de esos.

¡Joder!—. Salúdalos de mi parte y ponte cómoda...

si puedes y si mueres, tranquila, nadie lo sabrá...

Al final yo he acabado con una zorra como tú y no al revés.

Cierra la puerta y oigo el agua caer. Al poco, los pies se me mojan. Voy hasta la parte más alta tanteando con las manos hasta encontrar la cama y la mesita. Me subo a ellas notando cómo el agua asciende demasiado rápido. Huele a cloro. Lo mismo esta loca ha vaciado la piscina para ahogarme.

Hasta ahora pensaba que no eran capaces de llegar tan lejos, pero ya no lo tengo claro tras saber lo de Dafna y su hermana.

El agua me empieza a cubrir y nado hacia arriba, hasta llegar al cristal donde antes quizá estuviera la boca del pozo en el que recogían agua de lluvia antes de transformarlo en un cuarto siniestro.

¿Me van a matar?

Siento el miedo apoderarse de mí. Pienso en el cadáver que vi y sé que son capaces, muy capaces.

Nunca en mi vida he sentido tanto miedo.

Empiezo a gritar cuando casi me quedo sin espacio para respirar y golpeo el cristal sin éxito.

Pido que me saquen, grito que me rindo, pero mis palabras rebotan en el agua y nadie me oye.

Tomo aire y regreso al abrazo de Dorian sabiendo que, a pesar de todo, lo amo contra todo, hasta contra la cordura.

Por un momento me permito pensar en él sin miedo. Me permito solo amarlo con fuerza y rogar por que esta mañana, cuando nos miramos, no haya sido nuestro último momento juntos.

Siento que el cuerpo me pesa y entro en un sueño profundo..., ojalá no sea un sueño eterno.

Quería vivir un amor como el de Psique, pero nunca creí que amar me hiciera de verdad morir en los infiernos.

D ORIAN

Hermes me ha mandado un mensaje preguntando si les ayudo a enterrar un cadáver. Creería que está de broma si no supiera que Idelia es muy capaz de todo. Me visto y voy a buscarlo al sótano.

Cuando llego, veo a Abbi en el suelo, como si estuviera muerta, y a Idelia gritando que se les ha ido de las manos. Hay agua por todas partes. Edey, que está mojado, como Abbi, le toca el cuello. Hermes mira la escena sin hacer nada.

Me quedo paralizado; esto no puede ser cierto.

Estoy viviendo una pesadilla. Quiero gritar.

Llorar. Quiero matarlos a todos por hacer esto.

Algo que sabía que pasaría. No hice caso a mi instinto porque la amo tanto que quería que fuera libre para elegir y apoyarla en sus decisiones, ya que nadie nunca me ha apoyado a mí hasta que llegó ella.

Pero, por no oponerme a ella, ahora yace en el frío suelo del sótano.

—¡¿Qué mierdas ha pasado aquí?! —Lo digo aterrado y aparto a Edey cuando trata de tocar a Abbi para reanimarla.

—Usamos el pozo... y tenían razón nuestros padres, no va. Cuando quisimos retirar el agua... se quedó atascado, y nos ha costado mucho que el agua saliera de ese lugar. —Idelia mira a Abbi mientras yo le busco el pulso.

Intento mantener la calma para salvar a Abbi, pero por dentro me estoy muriendo; es como si alguien hubiera detenido el tiempo. Solo quiero que ella respire. Que esté viva. Sacarla de este puto infierno.

No puede morir...

Ella no... ¡Joder!