Capítulo 40
A BBI
No puedo ver mucho a Dorian antes del baile.
Las cosas con Dafna están tensas y más cuando la veo hablar con sus amigos becados de cuarto.
Su mirada es rara y hablan tapándose la boca.
Yo no me he juntado más con ellos porque no quieren hacer nada contra los dioses.
Yo quería ir contra ellos, destruirlos, pero ahora sé que mi mejor baza es ganar.
Hacer algo antes solo me pondrá en peligro.
Eso no evita que me imagine a Idelia y al resto llenos de mierda de caballo o bajando a los infiernos.
Lo peor es que siento que ni puedo imaginar como antes ni recordar datos curiosos.
Como si el estrés y la ansiedad me tuvieran embotado el cerebro y me costara centrarme. Solo soy capaz de estudiar y poco más.
Estoy jodida, lo siento.
Nadie me preparó para esto.
Ahora nos estamos arreglando para el baile.
Mina se ha metido en nuestro cuarto como si fuéramos amigas del alma. Llevo un vestido en tonos morados, inspirado en un cuadro que se llama El rapto de Psique , de William-Adolphe Bouguereau. Dorian no me ha dicho nada de su traje, solo que Idelia no sabe que Eros era en realidad hijo de Afrodita.
Miro en el espejo mi vestido de gasa y mi pelo con trenzas, como si fuera una diosa griega. En medio de mi escote está el collar de Dorian. Estoy nerviosa ante la idea de verlo disfrazado de Eros, ya que, desde que lo conozco, ese mito siempre me hace pensar en él.
—Estás preciosa. —Mina me abraza como si todo fuera genial y luego dice que lleva alcohol en el bolso.
Salimos de nuestro cuarto y vemos a mucha gente disfrazada. Hay muchos que van de Eros, pero sé que ninguno como el mío.
Llegamos al salón y no le falta detalle. Parece el Olimpo y, cómo no, ahí están los tronos.
Vamos a por algo de beber mientras el DJ pone la música.
Hasta que se detiene y los focos iluminan la puerta.
Miro hacia ella y veo a Idelia como Afrodita.
Llega hasta su trono y se le acercan los pelotas para pedirle favores o bailes.
Al poco llegan Hermes y Edey. Este último va de Hefesto, por eso lleva toques de fuego.
El dios de la forja y el fuego. Y Hermes, de Ares, el dios de la guerra.
Verlo me produce escalofríos y me tensa.
Me recuerda aquel angustioso momento en que creí que me iban a forzar de verdad.
Cuando me quitó la ropa sentí morirse algo dentro de mí. Algo que reprimo para poder sobrevivir.
No puedo pensar en eso ahora o me quebraré.
Cierro los ojos y tomo aire. Cuando los abro, las luces están cambiando. Y miro a la puerta. En ella está Dorian vestido de Eros, solo con un bóxer negro y una gasa de color dorado.
Lleva unas alas y el pelo más ondulado que de costumbre. Se ha puesto brillo en la piel y luce un arco y flechas.
Creo que nos quedamos todos mudos por el asombro. Es como si de verdad estuviéramos contemplando a Eros. Va hasta su asiento y se sienta de mala forma, como si estar aquí le aburriera.
No puedo dejar de mirarlo. Ni yo ni nadie.
Lo que hace que Idelia se hinche como un pavo cuando le coge la mano marcándolo como suyo.
Me duele ver cómo lo toca. La mirada de Dorian se cruza con la mía.
Por sus ojos sé que le gusta mucho lo que ve.
Me dijo que bailaríamos una pieza. Pero no sé cómo ni cuándo.
Aparta la mirada.
—¿Te recojo las bragas? —bromea Dafna.
Le doy en el brazo.
Miro a sus amigos y los veo a un lado, observando todo tensos. Ni siquiera van disfrazados, parecen fuera de lugar.
—¿Qué les pasa? —le digo a Dafna.
—Que son idiotas y así van a destacar más. —No entiendo esto y sonríe—. Si quieres pasar desapercibido, ve como el resto. Ellos verán.
—Sí.
Mina nos pasa algo para beber que seguro tendrá alcohol.
Lo bebo por si alguien me jode la noche.
Creía que estaba fuerte para todo esto. Pero soportar este tipo de abusos al final te va rompiendo.
Solo saber que voy a destruirlos me da fuerzas.
Por eso no puedo dejarlo todo a medias, porque si lo hago sería como si todo este dolor no hubiera servido para nada.
En la venganza está mi consuelo.
Idelia tira de Dorian para bailar. Él baila sin ganas.
Dafna me arrastra a la pista y bailamos hasta que mi espalda se pega con la de Dorian.
Lo siento tras de mí mientras nos movemos y cuando su mano busca la mía entre toda esta gente es como si por un segundo pudiéramos ser nosotros, juntos, en este mundo.
Me muevo con Dafna mientras todos mis sentidos están puestos en él hasta que Idelia se lo lleva lejos de mí.
Sigo en la pista y Marvin se me acerca, me coge y me obliga a bailar pegados. Apesta a alcohol.
—Si no quieres que te retuerza los huevos, que corra el aire. —Se ríe y se aparta un poco.
No sé ni de qué va vestido. A saber. Le pega Dioniso, el dios de la diversión, el vino y el teatro. Sobre todo, por esto último. Es un teatrero.
—¿De qué vas? —pregunto.
—Ni puta idea. ¿De quién podría ir?
—Dioniso. Por lo de la diversión. —Se ríe y asiente mientras bailamos.
Luego se marcha y Mina se nos acerca. Busco a Dorian y lo veo cerca de la puerta.
Cuando ve que lo observo me hace señas para que lo siga y desaparece.
Vale, ahora tengo que llegar hasta allí sin que nadie me siga.
Lo hago en cuanto ponen una canción que gusta mucho y entre la gente me voy escapando hasta el lugar por donde se ha perdido Dorian.
No sé qué camino seguir cuando una mano tira de mí. La miro aterrada hasta que veo que se trata de él. Vamos por un pasadizo secreto. Andamos unos metros y acabamos en una sala desde donde se oye la música perfectamente y la luna entra por la gran ventana; es un sitio pequeño y alargado.
—¿Y este lugar?
—Era parte del salón de baile, pero mi antepasado quería el salón con un perfecto rectángulo y lo cerró, dejando una sala secreta.
—Gracias, así podemos bailar juntos.
Entonces suena una canción de Bruno Mars y Lady Gaga, Die With a Smile .
Dorian me tiende la mano y la acepto encantada. Oímos a la gente gritar y la música, pero estamos aislados tras una pared, seguramente de madera, porque deja pasar el sonido.
Lo miro a los ojos mientras acerco mi cuerpo al suyo, perdida en él como nunca creí poder perderme en una persona. Su mano se posa en mi cintura y la mía en su cuello. Nos movemos juntos y, cuando llega el estribillo, nos miramos sintiendo la letra como si estuviera escrita para nosotros:
Si el mundo se estuviese acabando, querría estar a tu lado.
Si la fiesta hubiese terminado y nuestro tiempo en la Tierra hubiese acabado,
querría abrazarte solo un momento
y morir con una sonrisa.
El corazón me late acelerado mientras siento la letra penetrarme. No dejamos de mirarnos a los ojos mientras bailamos juntos tan cerca de donde están todos. Baja la cabeza para besarme y le devuelvo el beso, perdida en él.
Cada vez hay más urgencia en nuestros besos. Nos devoramos el uno al otro. Mi espalda choca contra la pared y me alzo para enredar las piernas en su cintura. Noto su polla dura chocar contra mi sexo y me froto contra él, ansiosa de más.
—¿Quieres que te haga gritar tan fuerte que todos te oigan sin saber de dónde vienen esos gemidos?
—Sí.
Nos frotamos mientras aparta mi vestido de los pechos y los libera.
Los toca mientras nuestros cuerpos no dejan de calentarse.
Sube las manos por mis muslos y rompe mi fino tanga.
Sonríe en mi boca, descarado, antes de morderme el labio, provocador.
Luego se baja su bóxer negro y me penetra con fuerza.
—Tan estrecha..., tan mojada —dice con la voz jadeante.
Me pierdo en sus ojos y le tiro del pelo cuando se mueve y entra más fuerte. Gimo con fuerza y digo su nombre mientras se mueve para salir y entrar. Mi espalda golpea con la pared y nuestros jadeos y gemidos resuenan por todo el cuarto, a pesar de la música alta.
Lo miro, con el pelo revuelto, las alas en la espalda y el cuerpo reluciente por los brillos que se ha puesto para dar a su piel tostada por el sol ese aspecto de dios y se me aceleran los latidos por lo sexi que me parece en este momento.
Parece que de verdad estamos viviendo en un mundo mágico.
Le cojo la cara y lo beso mientras siento cómo me llena. Luego le apoyo las manos en los hombros y acaricio con los dedos las plumas mientras nos movemos juntos.
—¿Te gusta sentirme dentro?
—Me encanta..., estoy a punto...
Muerdo mi boca y luego él me la libera y me la muerde a su vez. Nos movemos con fuerza hasta que noto cómo el orgasmo se anida en mi sexo y me froto contra él ansiando la liberación.
—Dorian... —le suplico.
Lleva su mano a nuestros sexos y me acaricia el clítoris con movimientos circulares.
Esto precipita mi orgasmo y me corro con fuerza sintiéndolo dentro, con mis pechos rozando su duro torso y sus dedos jugando con mi sexo.
Se deja llevar y se mueve más fuerte hasta que se corre dentro de mí con un gemido.
Nos miramos jadeantes y felices. Parece mentira que estemos cerca de gente que solo nos desea lo peor.
—Ven a mi cuarto.
—Vale.
No dudo, porque estoy cansada de seguir las normas de todo el mundo.
Quiero estar con él. El resto ahora mismo no me importa.
Nos arreglamos la ropa entre miradas y caricias cómplices y luego salimos de este lugar de la mano sin que nadie nos vea.
Vamos hasta otro pasadizo y subimos a la planta de Dorian.
Entro en su cuarto por la puerta, sin subir a la azotea. Por suerte no hay nadie.
Nos quitamos la ropa el uno al otro y luego vamos a la ducha a quitarnos todo el brillo de nuestros cuerpos.
—Y lo que te ha gustado brillar —digo cuando lavo su perfecta tableta.
—Me ha gustado ver tu cara. Las del resto me la sudan, sinceramente.
Sonrío y nos besamos entre el jabón y el chorro incesante de la ducha. Estoy locamente enamorada de él y me da miedo el futuro, porque soy incapaz de hacer que mi presente no se me escape de los dedos, con tantos frentes abiertos.