Capítulo 39
A BBI
Entro a clase agitada. Ayer Dafna me contó lo de su antepasado y me agobió, porque yo quería saber la verdad, pero ahora tengo miedo.
Miedo porque en esta verdad hay personas muertas y me aterra que las cosas vayan a más y esta gente loca acabe conmigo.
Sobre todo, porque Dorian está igual de preocupado con el tema.
Por eso no quiero pensar mucho en ello. Quiero centrarme en los estudios.
Y acabar cuanto antes con esta pesadilla.
Siento que estoy dejando para luego demasiadas cosas que me angustian; lo que pasó el otro día, cuando casi me violaron, me hace sentirme sucia.
Asqueada. Y cuando miro a Dorian y lo veo al lado de Edey, siento ganas de gritarles a todos.
Por eso lo aparto de mis pensamientos y me centro en los estudios. Temiendo que esta experiencia me deje más tocada mentalmente de lo que esperaba.
Me rasco el brazo sin poder evitarlo. Porque después de aquello no han vuelto a hacer nada contra mí.
Y eso causa que sienta que la próxima vez será muy gorda.
Ayer, Dorian me dijo que habían ido de cena y que hablaron de qué más hacer, pero sin sacar nada en claro.
No saben por dónde moverse y, tras lo que pasó, no quieren que esto acabe haciéndose público.
Voy a la biblioteca por la tarde y Marvin, al verme, se me acerca.
—Podríamos ir juntos al baile. ¿De qué vas a ir?
—De Psique —le respondo—. Y prefiero ir con Dafna, espero que no te importe.
—Solo si bailas conmigo. —Tira de mí y me gira.
Sonrío, pero sé que no es de fiar. Le digo que bailaré con él y me marcho al fondo a colgar libros, aunque ya no trabajo aquí. A Marvin le gusta que haga su trabajo y yo necesito estar distraída.
Me vibra el móvil en el vaquero. Lo saco y veo que es Dorian. Descuelgo.
—¿Dónde estás?
—En la biblioteca, ordenando libros.
—¿Donde siempre?
—Sí. —Cuelga.
Al poco aparece y me mira serio. Viene hacia mí y me besa. Lo abrazo con fuerza y siento que me voy a romper en cientos de pedazos. Dorian se separa y veo dolor en sus ojos aguamarina.
—Odio ver cómo te rascas el brazo y saber que es porque estás al límite. —Tira de mi jersey y traza caricias donde me he herido—. Joder. Está fatal.
—Puedo con esto.
—No pasa nada si dices basta, no pasa nada si dejas que yo me ocupe de todo...
—No, quiero estar aquí.
—Joder. —Apoya su frente en la mía—. Vámonos de este lugar apestado de gente horrible. —Tira de mí hasta la puerta secreta y lo dejo hacer.
Cuando llegamos a la cochera me dice que lo espere tras un muro.
Lo hago y detiene el coche de forma que nadie me vea entrar.
Entro y agacho el cuerpo hasta que estamos en la carretera que separa la mansión de la ciudad.
Solo entonces me recuesto en el asiento y tomo aire, como si salir de ese lugar me hiciera de golpe respirar mejor.
Sé adónde vamos, por eso, cuando detiene el coche frente a la nave, lo agradezco. Entramos de la mano y voy hasta la zona de barras. Me quito el jersey y me quedo solo con los pantalones y una camiseta fina. Por suerte, los vaqueros que llevo son muy elásticos.
Ando por la barra y hago giros peligrosos. Lo bueno es que mientras estoy centrada en esto, en no caerme, no pienso en nada más y mi mente se libera de la carga que llevo sobre los hombros.
Todo va bien hasta que al salir me caigo de culo sobre las colchonetas.
Dorian aplaude y por un segundo su mirada no está llena de odio y tormentas.
Llego hasta él jadeante y me hago un hueco entre sus piernas.
Me pasa el jersey por la cabeza y me lo pongo.
Me llega casi hasta las rodillas. Nos besamos sabiendo que se nos va a ir de las manos y así es.
Tiro de él hacia fuera, donde tuvimos nuestro primer encuentro sexual.
Nos besamos hambrientos del otro. Está atardeciendo y el cielo tiene un color rojizo.
Cualquiera podría vernos, pero no me importa.
Estoy cansada de esconder quién soy, lo que siento y a quién amo.
Tiro de mis pantalones y lo hago sentarse en la escalera. Libero su polla y aparto mi ropa interior para que me penetre.
Apoyo mi frente en la suya y luego nos besamos mientras hacemos el amor en la hora mágica. Al acabar tiemblo por el orgasmo y me dejo caer sobre él.
—Vas a coger frío —dice acariciándome la espalda.
—No. Estás muy caliente. —Lo siento sonreír contra mi pelo.
—Podríamos irnos, desaparecer..., podríamos...
—Si no acabo con todo, una parte de mí se quedará anclada en este sitio. —Lo miro a los ojos—. Si no llego hasta el final, todo mi dolor no habrá servido de nada.
—A veces en la vida hay que saber decir basta.
Tiene razón, pero no sé si en caso de dejarlo todo aquí podré vivir en paz con el odio que siento en mi pecho. Quiero acabar con todo para poder pasar página para siempre. Para poder mirar al futuro sin que el pasado tire de mí.
Dorian no dice nada, solo me abraza con fuerza. Nos arreglamos la ropa antes de entrar y echamos un billar. Él es muy bueno, pero yo también. Nos picamos y al final lo dejamos en empate. Todo va bien hasta que llega la hora de volver.
No hablamos durante el trayecto porque yo quiero seguir adelante y Dorian odia tener que apoyarme en esto.
—No sé si podré verte a solas antes del baile. Idelia ha contratado una sesión de fotos y algunas cenas.
—Nos veremos en el baile. Aunque dudo que puedas bailar conmigo.
—Encontraré la forma. Este lugar está lleno de escondites. —Llegamos y me agacho. Detiene el coche donde antes—. Te voy a admirar igual, aunque tengas la fuerza de decir basta.
—Lo sé, pero no puedo dejarlo.
No dice nada, solo me mira tenso. Salgo del coche y lo veo irse mientras regreso a mi cuarto para que nadie vea que Dorian y yo somos algo más que enemigos.
Al entrar, Dafna me espera y me pregunta qué tal.
Me contó todo, pero siento que calla algo.
O tal vez no confío en ella. La entiendo, pero son demasiados secretos y demasiadas personas que no son lo que parecen.
Por eso necesito tiempo para confiar de nuevo en ella y dejar de sentir que en esta historia aún quedan cosas por contar.