Capítulo 38
D ORIAN
Mi abuelo me llama al despacho a primera hora. Él y el padre de Idelia me miran fuera de sí.
—¡Hermes está en el hospital! ¡Le jodiste la boca y la nariz! ¿Y todo por una becada?
—No lo hice por ella. Lo hice por esta universidad. Esa becada nos tiene asco y hasta ahora no hemos cruzado la línea, si la cruzamos irá a por nosotros.
—No le tenemos miedo. Ella no tiene tanto dinero.
—No, pero su abuelo es mundialmente conocido.
Y vosotros, no. ¿Acaso os la vais a jugar?
Una cosa es joder a esos... —Me cuesta insultarlos—.
Una cosa son las putadas, pero casi la violó.
Tenéis suerte de que yo llegase a tiempo porque, si ella va con el cuento a su abuelo, este puede usar las redes sociales para desprestigiar este lugar y a ver cómo frenáis eso.
Hasta ahora habéis ido contra becados que no tenían tanta influencia, pero Abbi es una becada con el poder de una niña rica. Avisad al resto para que no la caguen.
Mi abuelo se acerca y me mira a la cara con sus fríos ojos. Me pregunto mientras lo miro si él fue quien mató a ese hombre que reposaba bajo el sauce llorón.
—Puedes irte, pero más te vale que no te pille con ella o te juro que quien va a tenerlo jodido vas a ser tú.
Por un momento quiero mandarlo todo a la mierda. Pero no sé qué pasó esa noche y empiezo a pensar que usó mi miedo para tenerme donde quería. Salgo del despacho y voy a las clases de primero. Cuando Dafna sale, le hago señas.
Vamos hasta una clase vacía y luego a la puerta secreta en la pared. Entra conmigo y cuando estamos lejos de todos me giro a mirarla.
—¿Qué haces en este internado? Y no me cuentes la historia de tu hermana porque ella también vino por otra razón. ¿Verdad?
Me mira seria hasta que asiente.
—Hace cincuenta años mi abuelo perdió a su hermano, Vicent. Y lo último que sabíamos de él es que iba siempre con sus amigos a esta mansión abandonada. Quiero hacer justicia y he pedido una muestra de ADN para ver si se trata de él o no.
Me paso la mano por el pelo.
En realidad, ya lo sabía. Ayer estuve investigando y descubrí que la familia de Dafna estuvo buscando a un hijo desaparecido.
Me costó saber que se trataba de su pariente porque no se apellidan igual.
Pero hay fotos de la hermana de su abuelo y era idéntica a Dafna.
Se parecen mucho y eso me hizo atar cabos y buscar cosas de la familia.
Se mudaron a América y se les perdió la pista.
Seguramente fue allí donde cambiaron de apellidos.
—Abbi debe saber esto.
—Se lo contaré. —Siento que me oculta algo más. De golpe dejo de verla como una joven de primero, por un segundo me parece mayor.
Me apoyo en la pared, aturdido. Ella me sonríe.
—¿Qué pasó?
—Mis bisabuelos tenían dinero, no tanto como vosotros, pero tuvieron un golpe de suerte en la lotería y eso les dio una liquidez holgada.
Se compraron una casa en el barrio de tu abuelo y, bueno, quisieron codearse con los hombres ricos de Londres.
Sobre todo Vicent, los seguía a todos lados.
Y siempre acababan en esta mansión abandonada, donde les gustaba gastarles bromas a él y a otros chicos, y Vicent, con tal de ser uno de ellos, hacía todo lo que le decían.
—Suspira y se mira las manos—. Mi abuelo, al principio, también iba con ellos, pero dejó de hacerlo porque no le gustaban las fiestas que se montaban aquí.
Decía que eran peligrosas. Sobre todo, para ellos.
Les decían: «Si quieres ser de los nuestros, haz esto.
Si lo haces te admitiremos en el grupo».
Pero nunca tenían suficiente. Mi abuelo se cansó, pero su hermano siguió.
Era dos años más joven que él y le podía la codicia.
Y de golpe desapareció. —Me mira a los ojos con fiereza—.
Tu abuelo y sus amigos dijeron que esa noche no había ido con ellos.
Mis bisabuelos pusieron una denuncia. Pero les llegó una postal de su hijo desde Nueva York.
Era su letra y decía que se había cansado de la vida aquí. La policía dio por cerrado el caso.
—Pero tu bisabuela nunca creyó esa historia.
—No. Se gastaron todo el dinero en buscarlo y acabaron en Nueva York intentando seguir la pista. Pero todo les hacía pensar que aquí pasó algo esa noche. Mi abuelo no pudo olvidarlo y nos contó la historia a mi hermana y a mí desde que éramos pequeñas.
—Tuvisteis la oportunidad de entrar al internado y quisisteis buscar la verdad.
—Sí, pero mi hermana no acabó bien y yo, de momento, me estoy librando, pero este jodido sitio es un infierno.
Y no es de ahora. Tu abuelo y sus amigos eran sádicos y retorcidos.
Estoy segura de que mi antepasado murió en una de esas putadas que les obligaban a hacer para ser uno de los suyos y luego se encargaron de enviar esa postal con su letra.
La miro y lo peor de todo es que no me sorprende. Porque ellos empezaron esto. Obligaron a sus hijos a hacer esta mierda y antes de ello pagaban a personas para que lo hicieran, para que asustaran a los becados. Y les decían qué tenían que hacer.
Cada vez sabemos más de esa noche. De qué pudo pasar para que los hechos se desarrollaran de esa forma.
Siento que Dafna va a contarme algo más, pero sonríe y dice que luego hablará con Abbi.
Le digo por dónde puede irse y me quedo pensando en todo esto. Abbi me manda un mensaje para decirme que se va con Dafna a comprar el vestido para el baile. Espero que Dafna se lo cuente todo. No me gusta tener secretos con Abbi, porque fueron los secretos los que nos separaron.
Me llega otro mensaje de Idelia y dice que hay reunión. Lo que me faltaba.