Capítulo 35
A BBI
No he sabido nada de Dorian en todo el domingo, salvo la nota que me dejó para decirme que se tenía que marchar.
Vino mi hermano y hemos seguido investigando, hasta sacar en claro que la universidad da mucho dinero, pero no tanto como se esperaba.
De hecho, parece que no tienen tanto poder económico como aparentan.
Solo los Wilson tienen una economía holgada.
Si yo sacara mejor nota que Dorian, los Scott, los Harris y los Adams se verían en la calle. Tal vez por eso son los que más se aplican en esto de las novatadas. Porque son los que más tienen que perder.
He hablado con mi hermano de la noche del accidente.
—Dorian llegó y se puso a beber. Solo tenía dieciséis años.
Y era su primer año en la universidad. Nos miraba con odio mientras bebía.
De golpe perdí de vista a mi novia y lo siguiente que supe es que, supuestamente, se había caído y vi a Dorian volver al internado con heridas y un corte en la ceja.
Luego ella me contó que iba en un coche, que no sabía cómo llegó, pero que allí estaba Dorian.
—Creo que fue una trampa para Dorian. Y que, al despertar tras el accidente, él la sacó del coche para salvarla y eso es lo que grabaron.
—A ver, sinceramente, hasta ahora no lo había pensado. Porque todos son odiosos. Pero ahora ya no lo tengo tan claro.
—¿Crees que alguna vez sabremos lo que pasó esa noche?
—Creo que sí y, pase lo que pase, estamos juntos. No te voy a dejar sola.
Nos miramos a los ojos y vi las semejanzas y algo que no he visto en el resto de los hijos de mi padre. Bondad.
Ahora me estoy preparando para ir a clase. Estoy algo tensa porque esta noche no me han hecho ninguna putada y, cuando las esperas, que no lleguen te crea ansiedad.
Entro a la clase y no veo a Dorian. Le he mandado varios mensajes, que ha leído, pero no ha respondido.
La primera clase es horrible y el resto no mejora. Voy a ir a comer cuando veo que Dorian ha actualizado su historia en Instagram. Curiosa, voy a ver qué pone. Como yo, ha puesto una frase de Benedetti:
Te quiero como para leerte cada noche, como mi libro favorito quiero leerte, línea tras línea, letra por letra, espacio por espacio.
Lo leo una y otra vez y hago una captura. Sé que es su forma de expresar lo que siente y de que el mundo lo sepa. Pero, cómo no, Idelia se cree que es por ella y la gente la felicita por tanto amor de su prometido.
Dafna me hace señas para que vaya a su mesa, donde también están Robin y Holden.
Me da la impresión de que a Robin le gusta mi amiga: la mira de una forma dulce, como si le encantara todo lo que ve de ella.
Gesto que cambia cuando Marvin se sienta a la mesa con Mina y Elias detrás.
Dudo, pero tras coger algo de comer me siento con ellos por guardar las apariencias.
—Este viernes haremos una fiesta —dice Marvin—. No podéis faltar.
—No tengo ganas de pasar mi fin de semana aquí —añado mientras como.
—Vamos, Abbi, lo pasaremos bien. —Marvin me pasa el brazo por encima y lo aparto.
—No, gracias.
—Lo mismo no viene porque esconde algo o a alguien. —Mina se hace la interesante—. Vamos, estamos entre amigos, ¿alguien por ahí?
—Mi consolador. ¿Alguna pregunta más o me dejáis comer en paz?
—Vamos, vamos, no te pongas así. —Mina pone morritos. Me fijo en que cada vez se parece más a Idelia y sus amigas. Como si, al aceptar ser una de sus fieles pelotas, se hubiera perdido por el camino.
Marvin mira a Robin.
—¿Eres nuevo de este curso? No me suena tu cara.
Robin le sostiene la mirada a Marvin y observa al resto.
—Tampoco a mí la vuestra.
—Eso será porque hay más de cien estudiantes en este sitio y no te has fijado en ellos porque no tienen un par de tetas —dice Dafna y eso hace reír a Marvin.
—Sí, eso, eso. —Se levanta y se va sin darle mayor importancia, por eso yo tampoco se la doy.
No miro el móvil por si alguien ve a quién escribo. Solo cuando estoy en mi cuarto llamo a Dorian. Me lo coge a los tres tonos.
—¿Por qué me ignoras?
—Estoy tratando de procesar lo que encontré en el sauce... Ven a mi casita, donde te curé la herida de la cabeza.
—Vale... ¿Lo de la historia iba por mí?
—¿Por quién si no? Deja de dudar.
—Deja de hacerlo tú. —Lo imagino sonriendo—. Voy ahora.
—Trae a Dafna... Sí, mejor. Dile que venga.
Parece muy tenso y agitado, su voz sonaba nerviosa. Le cuento a Dafna todo y, por supuesto, se apunta a venir conmigo, a ver qué narices pasa. Vamos sin que nadie nos vea. Al llegar, Dorian nos abre la puerta y parece como si no hubiera dormido.
—¿Qué te pasa?
—Que no sé qué narices hacer... Venid, pero es muy fuerte. Os va a impresionar.
Dafna y yo nos miramos agitadas. Lo seguimos hasta la parte trasera y vamos hasta una caseta de trastos. Entramos y siento que se me ponen los pelos de punta. Y más cuando mueve varias cosas y deja a la vista una bolsa negra atada, tendida en el suelo, que solo puede significar una cosa.
Salgo fuera a vomitar por el impacto. ¡Es un cadáver!
Dorian sale tras de mí y me acaricia la espalda. Luego vamos a la casa y entro al aseo a lavarme los dientes y asimilar lo que he visto. Estoy temblando. No esperaba que en este lugar llegaran tan lejos con las novatadas. Estoy aterrada.
Al salir, Dorian me aguarda con una manzanilla.
—Tengo que esperar media hora a que el estómago se asiente. —Acepta sin más. Parece ido—. ¿Qué es eso?
—Creo que ya lo sabes.
—¿Tan lejos han llegado con las novatadas?
—Por el estado en que se encuentra, tiene muchos años. Y estaba bajo el sauce llorón. El árbol que se plantó como primera semilla de esta universidad. La bolsa tenía raíces. Las raíces del árbol la expulsaron lejos.
Siento ganas de vomitar de nuevo.
—Debemos ir a la policía.
—Dudo que alguien nos haga caso. Ellos harán algo. Tenemos que hacerlos confesar.
—Y ¡¿quién puede ser?!
—No lo sé. Pero si tu abuelo mató a alguien esa noche, todo encaja. Pagó con su herencia el silencio de todos.
—Eso no explica por qué tu abuelo pagó y sigue pagando dinero a los otros tres.
Lo evidente es que mi abuelo lo mató y por eso tenía ese golpe en la cabeza de una pelea previa.
Tal vez tu abuelo trató de defenderse. Pero no me fío de ellos.
Y, además, querían ocultar ese cadáver. Si supuestamente mi abuelo está muerto y encuentran el cuerpo, pueden alegar que no sabían nada.
—Está en las tierras de mi familia. Esto los salpicaría y los Wilson cuidan mucho su imagen.
—O tal vez porque, si van a la policía y hablan de este cadáver, se descubra que no es el único. —Se me pone la carne de gallina y Dorian me mira de una forma que deja claro que ya lo ha pensado.
Yo creía que solo eran novatadas, pero esto va mucho más allá. Me pregunto si, en el caso de que Ineta hubiera muerto en este accidente, habrían ocultado su cuerpo sin más. O el mío, cuando casi caí por el acantilado.
Joder, esto va mucho más allá de lo que yo imaginaba. No estaba preparada para esto. Toda esa mierda me va a dejar muy tocada.
—Respira, Abbi. —Dorian me acaricia la mejilla.
—¿Y por qué lo dejaron ahí? —digo con un hilo de voz.
—Seguramente para, si tu abuelo regresaba, tenerlo preparado para ir contra él, o recordarle por qué firmó, ya que lo ha olvidado.
—¿Y mi abuelo era el estúpido? ¡Lo han dejado a la vista de todos!
—Porque lo que está a la vista no siempre es fácil de ver. —Se pasa la mano por el pelo—. Voy a hablar con Dafna. Quédate aquí.
Asiento porque no estoy preparada para volver allí. Doy vueltas por la cabaña y siento miedo. Miedo real a que esta gente, para ocultar eso, vayan a por todas. Claro que mi abuelo puede estar implicado. Toda la información da vueltas en mi cabeza hasta que oigo pasos.
—Hablaré de esto solo con mi cuñado y mi hermana... —Dafna aparta la mirada y luego sonríe como si nada, pero siento que me esconde algo. O tal vez solo sean imaginaciones mías, porque ahora mismo estoy muy nerviosa y de golpe me parece otra persona, hasta que sonríe como siempre.
Ya veo cosas raras por todos lados. Estoy jodida, mierda, estoy tocada por todo esto. Mi abuelo me instruyó para las pruebas físicas. Pero no para las mentales. Mi mente podía viajar mientras mi cuerpo aguantaba las pruebas, pero nadie me preparó para esto.
No puedo dejar de temblar. Me cuesta centrarme en algo que sea positivo.
Dorian le dice «vale» a Dafna por algo y ella va hasta la puerta.
—Vamos, becada, tú puedes con esto.
—Mi abuelo es un monstruo. Es un ser horrible, no sabes las putadas que me hacía de niña para que fuera fuerte ante las novatadas.
—Lo miro nerviosa—. Me obligaba a estar a oscuras porque sabía que me aterraba y luego los que viven con él me asustaban o me tocaban para que pudiera superarlo...
Esta Navidad me ha tenido bajo la lluvia un día tras otro, cargando pesos y destrozándome.
Me daba fuerza el odio que le tenía. —Lo miro y parece a punto de matar a alguien—.
Pero le supliqué que parara cuando me puse enferma...
Nada lo detiene, quiere su dinero. Mi abuelo no sabe de ese cadáver.
Pero nosotros sí y tenemos que saber qué pasó esa noche e ir contra todos, porque si lo estaban ocultando significa que aquí hay más de un culpable.
—No sé cómo resolver este misterio, pero te juro que, como vea que corres peligro, yo mismo te sacaré de aquí.
—No te corresponde a ti decidir eso.
—¡No puedo quedarme mirando cómo te matan!
¡No puedo! ¡Y ahora ya sabemos de lo que son capaces, Abbi!
—Se me acerca—. ¿Sabes en qué llevo pensando desde que encontré eso?
En que, si te pasara lo mismo, no podría vivir con ello...
, no si no hago nada para evitarlo. Sería culpable porque soy uno de ellos.
Yo te juro que no sabía nada de esto... o si ha ocurrido algo más.
—Se pasa la mano por el pelo, cansado—. Pero sí sé que no quiero que de ti solo me queden los recuerdos.
¿Qué diría de mí si dejo que te hagan lo mismo?
—Tú no tienes la culpa. —Pongo las manos en su pecho—. A ti te importo, por ello has puesto eso en redes.
—Me importas, Abbi, y te juro que, como corras peligro..., tomaré medidas.
Su mirada es fiera y letal, y me enfada que no me deje hacer esto a mi manera, pero también entiendo que quiera protegerme.
—Tenemos que hacer esto juntos.
—No a cambio de que el próximo cadáver que entierren sea el tuyo. ¿Acaso no lo ves? No hay un mañana sin ti... ¡Joder! —Se pasea nervioso por este lugar—. ¿Y si fuera al revés? ¿Tú podrías mirar para otro lado?
—¡No, joder! Pero ahora, con más razón, tenemos que ser fuertes.
—Lo seré, pero si corres peligro, lo siento, Abbi, pero aunque me odies te protegeré por encima de todo, hasta de ti misma.
Y tras decir esto se marcha, agitado y nervioso. Todo esto se nos está yendo de las manos. Todo esto es más grande que nosotros mismos. Quería la verdad, pero la verdad, ahora mismo, está empañada de sangre y muerte.