Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 31
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Capítulo 31

A BBI

Ayer Dafna me organizó una fiesta sorpresa con sus aliados becados. Aprovechó para presentarme a los que van a apoyarnos para ir contra los dioses de este lugar. Porque podíamos justificar la reunión alegando que era por mi cumpleaños. Cortamos la tarta y bebimos un poco más de la cuenta.

Fue algo raro porque comíamos tarta mientras hablábamos de cómo luchar contra ellos.

—La información es poder —dije con la boca llena de chocolate—. Tenemos que viajar en el tiempo. Descubrir todo lo que pasaba aquí hace cincuenta años. Y eso nos dará una pista.

Al volver a mi cuarto estaba riéndome y no podía dormir. Miré el móvil y pensé en Dorian. Dudo que sepa cuándo es mi cumpleaños. No tenía pensado celebrarlo, por eso no se lo dije a nadie.

Al entrar a clase espero ver a Dorian. Ayer me escribió que no iban a hacer novatadas, pero no vi el mensaje hasta esta mañana al despertar. Porque Dafna no me dejó llevar el móvil. Llevo la pulsera de mi madre. Me ha felicitado el cumpleaños.

—Ojalá pronto podamos pasar tiempo juntas. —Se le quebró la voz—. Te echo de menos. No sabes cuánto.

—Yo también. —Tomé aire para contener las lágrimas y le pregunté por las travesuras de Defin. Es un trasto al que adoro.

No me pasa desapercibido que mi abuelo me trajo el regalo de mi madre, pero ninguno suyo. Esperaba algo, como cuando era pequeña y me regalaba un truco de magia. Algo está cambiando entre los dos.

La clase empieza y Dorian no está. No lo veo tampoco en las otras clases, pero sí al resto de sus amigos. Idelia me aborda al final de la última clase.

—Vamos. Dadle su sorpresa de cumpleaños.

—Sus amigas, las pelotas de categoría, se acercan y me tiran sobre la cabeza una tarta de barro—.

Felicidades, Abbi, ojalá te pudras pronto.

Ese es mi deseo de cumpleaños. —Saca una vela del bolso y la enciende antes de ponerla sobre mi cabeza, donde hay un montón de barro.

Sopla ella y se marcha, no sin antes hacerme una foto.

Me quito el barro y miro al profesor, que recoge todo como si nada.

—Aunque mire para otro lado, permitir esto lo hace igual de desgraciado.

—Solo son novatadas.

—Solo son putadas. A la verdad por su nombre.

Me ignora y se marcha como si nada. Recojo mis cosas y salgo de clase. La gente me felicita y se ríe. Cabrones. Yo tomo aire, sonrío como si fuera la mismísima reina y saludo. Por dentro me estoy rompiendo.

Voy hasta mi cuarto y Dafna corre tras de mí.

—Lo acabo de ver en redes. Pienso pisotearla cuando los hagamos caer al suelo.

—Da igual. Voy a ducharme.

—¿Quieres que vayamos a la ciudad para celebrarlo lejos de esto? —Dudo, pero asiento.

—Conozco un lugar muy chulo, podemos ir allí.

Miro el móvil y no hay noticias de Dorian. Cuando regrese y le lleguen los mensajes del centro lo sabrá. Tras una larga ducha elijo ropa cómoda y vamos hasta mi coche. Marvin, al vernos, se nos acerca.

—¿Adónde vais?

—Cosas de chicas.

—¿Y por qué no va Mina? —Dafna lo mira y noto que se pone nerviosa.

—Porque ella no vive en nuestro cuarto. Eligió irse. Ahora nosotras elegimos ir adonde queramos sin ella —le digo y me quedo a gusto.

Dafna me pellizca porque si queremos que nos cuenten cosas tenemos que tenerlos contentos.

—Es broma. —Me río—. Vamos al ginecólogo. Me tiene que recetar la píldora de nuevo.

—Ah, claro. Qué bromista. —«Y tú qué idiota», pero esto no se lo digo, claro.

Vamos hasta mi nuevo coche y nos marchamos a la ciudad. Recogieron el otro y mi abuelo me mandó otro igual. Por suerte ni hizo preguntas.

Llegamos a la nave a la que me llevó Dorian, le hago una foto y se la mando preguntando:

Abbi: ¿Va todo bien?

Lo lee, pero no me responde. A saber qué mosca le ha picado ahora. Sea como sea, no quiero que me joda el cumpleaños más de lo que me lo ha jodido Idelia.

Entramos y dejamos el móvil y las chaquetas junto con las llaves del coche. Vamos hasta la zona de actividades y Dafna quiere hacer escalada.

—Así que es tu cumpleaños. —Kiefer se pone a mi lado llevando un muffin con una vela—. Tal vez esto compense la mierda de esta mañana y ojalá sea el primero de muchos cumpleaños que pasemos juntos. —Lo miro y parece sincero.

Dafna se nos acerca y soplo la vela. Pido un único deseo.

Ser libre.

Algo que cuesta mucho cuando eres esclava de los deseos de otros. Parto un trozo de dulce para cada uno y les digo que me sigan.

Lo hacen y subo a la barra tras quitarme la sudadera y quedarme solo con los leggings y el sujetador deportivo. Cuando vine con Dorian me aterraba mostrar mi cuerpo, pero ahora he tenido que hacerlo, a pesar del dolor. He sido más fuerte que mis miedos.

Kiefer y Dafna me miran a la espera. Voy a empezar cuando veo acercarse a alguien que acelera todos mis latidos.

Dorian. Le sonrío y me devuelve la sonrisa, inquieto.

Se apoya en la pared alejado del resto, pero al menos está aquí.

Esta semana casi no nos hemos visto por culpa de Idelia.

Quiero estar a solas con él. Echo de menos tener esos momentos en que parece que podremos con todo.

Ando por la barra y me recuerda las veces que lo hice en la azotea y él me miraba alarmado.

Piso con seguridad en todo momento y luego hago un salto en el aire y caigo sobre la tabla.

Poco a poco cojo más seguridad y me muevo por ella sin miedo.

Y mientras lo hago me acuerdo de mi madre, al otro lado, dándome ánimos.

Nunca seré como ella, tampoco lo quiero.

Pero me gusta saber que compartimos esto.

Al acabar salgo y me caigo de culo. Como siempre, se me da fatal la salida. Me río feliz, a pesar de todo. Dorian se me acerca y me tiende una mano.

—Feliz cumpleaños, becada —me dice al oído antes de dejarme un beso en la mejilla.

—Vamos a tomar algo —apunta Dafna.

Kiefer se acerca a Dorian y se estudian. Luego le tiende una mano y Dorian se la estrecha.

—Tenemos mucho de qué hablar —dice Dorian—. Pero no hoy. —Me mira y lo prefiero. Hoy no quiero pensar en venganzas.

Me pongo la sudadera y vamos hasta una mesa. Pedimos algo para beber. Dorian trata de integrarse, bueno, lo intenta poco. Y más porque Kiefer lo mira como si en cualquier momento fuera a saltar sobre él. Luego, mi hermano me da un regalo.

—Dafna me dijo que te gustaba. —Abro el paquete y veo una novela de Mario Benedetti—. Ayer te quejaste delante de ella de no tener el libro para anotar cosas y me dijo que sería un buen regalo.

Lo miro feliz.

—Muchas gracias. —Se lo enseño a Dorian, que parece más tenso al verlo. Sin decir nada, se levanta y se marcha. Está claro que le pasa algo. Lo sigo y lo alcanzo antes de que se vaya tras coger las llaves de su coche.

—¿Se puede saber qué te pasa?

—No... Necesito irme. —Saca algo del bolsillo—. Es una mierda de regalo. Entenderé que no te guste.

Y sin más se va y siento que está viendo fantasmas que solo él entiende. Lo sigo, pero es más rápido y entra en su coche antes de que pueda hacerlo yo. Cierra las puertas y me aparto cuando lo pone en marcha.

Genial, mi cumpleaños mejora por momentos.

Abro el regalo de Dorian y veo el colgante de un corazón rojo atravesado por una flecha. Como la flecha de Eros. Y sé qué significa. Él debía matarla, atravesar su corazón con una flecha, pero, en vez de eso, le entregó su corazón cuando se enamoró de ella.

Regreso con mis amigos tras ponerme el collar.

Hablamos de todo un poco antes de regresar.

Por suerte conduce Dafna de vuelta. Mañana iré a mi estudio, pero tenía que traerla al internado.

Llegamos y me quito la ropa. Luego me miro al espejo con el colgante plateado brillando en mi cuello.

Me quito el top deportivo y busco el móvil para hacerme una foto sugerente.

Se la mando a Dorian, confiando en él, con un mensaje:

Abbi: Me encanta cómo queda, es precioso. Gracias.

Al poco, Dorian manda una foto de una tarta con un mensaje: «Feliz cumpleaños, becada». No dice más, pero sé lo que tengo que hacer. Voy hasta la azotea y ando hasta su cuarto cuando me abre la puerta.