Contra ti (Becados y dioses 2) Capítulo 29
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Capítulo 29

A BBI

No deja de llover. Entro a clase casi de las últimas tras otra noche sin putadas. Miedo me da lo que puedan estar tramando. Voy hasta mi mesa y el profesor entra y avisa de examen sorpresa. Miro a Dorian y noto cómo se aceleran los latidos de mi corazón.

Me guiña un ojo y veo el reto en sus ojos.

Le gusta poder ganarme.

Pues va listo si espera que le vaya a dejar.

El reto de ganarle me da vida. Me gusta esta sana competición.

Acabamos a la vez y me observa como si le molestara.

Pero cuando lo miro a los ojos veo orgullo en ellos.

Ese orgullo me calienta. Por dentro. Salgo de clase y ando por los solitarios pasillos.

Quiero encontrarlo. Perderme con él. Lo veo doblar una esquina y corro hasta allí. Al llegar me está esperando.

—¿Me seguías, becada?

—No... —Duda, pero me besa y lo aparto—. Alguien puede vernos.

—No haberme seguido. En el fondo te pone el peligro. —Me besa de nuevo y solo nos separamos porque oímos unas voces.

Me muerde la boca antes de irse. Lo veo alejarse con el corazón acelerado y la piel caliente por sus besos. Voy a tomar algo antes de la siguiente clase. Y trato de no mirar a Dorian en toda la mañana porque siento que si lo hago alguien podrá ver en mi mirada cómo me muero por comérmelo a besos.

Voy hacia el comedor a la hora de la comida, pero Dafna tira de mí hasta fuera y vamos a la cabaña donde Ville trató de forzarnos. Está lejos de aquí. Lo expulsaron, no dijeron más, pero me alegré.

—Lo bueno de que se fuera esa escoria es que ahora tenemos un sitio increíble de reuniones para nosotros.

—¿Nosotros? —Abre la puerta y veo a varios estudiantes que se han instalado aquí.

—Abbi, te presento a los becados.

—Somos los que vamos a bajar a esos putos dioses del paraíso. Soy Robin. De cuarto —me tiende una mano galante, que acepto— y antes de acabar la carrera quiero ver cómo se pudren.

Me presenta al resto: su mejor amigo es Holden. Una chica está instalando un ordenador y hay varias botellas de alcohol. Deben de ser todos del último curso porque me parecen mucho mayores que yo. Incluso más que Dorian, que me saca tres años.

—Esto es para disimular —me comenta.

Lara se me acerca y me mira de arriba abajo.

—Soy fan de tu abuelo Hadrian —añade.

Me presentan al resto y me dicen que a ellos ahora los dejan en paz, pero que en su primer año los hicieron sufrir. Todos han pasado por las manos de Idelia y no la soportan. Al menos no soy la única. Y sí, todos son de último curso.

Robin viene conmigo de vuelta a los dormitorios y antes de subir a mi cuarto vemos a Dorian y al resto en la sala de descanso. La mirada de Dorian se cruza con la mía un segundo antes de fulminar a Robin.

—Nos vemos pronto —me dice este entrando a hablar con sus amigos.

Yo voy hasta la biblioteca a por un libro de Mario Benedetti.

Abro una página al azar y me impresiona lo mucho que habla de nosotros.

Como si estos textos hubieran estado aquí a la espera de ser descubiertos en este momento.

Dudo, pero subo la frase a mis redes sabiendo que él, o ellos, sabrá a quién se refiere y de quién es el texto:

He visto lealtad en quien menos esperaba y la traición en quien más confiaba.

Que mi madre me llame al poco en el fondo lo esperaba. Lo cojo sabiendo que esta conversación puede doler.

—Hola, mamá.

—Hola, hija, el abuelo acaba de llegar... Siento mucho que te hayas enterado de todo así.

—Bueno, algún día la verdad tenía que salir a la luz. Verdad solo hay una.

—Ya... —se queda callada y de nuevo tengo la sensación de que algo me oculta—, pero tienes que entender que el abuelo quería también lo mejor para ti.

Y yo había deseado estudiar, pero él me dijo que para que yo estudiara él tenía que dejar el circo.

Así que estudié lo que pude y me obligué a amar ser solo la artista. Creo que quería enmendar eso contigo.

—Eso puedo entenderlo, pero...

—Tal vez nunca lo entiendas, pero tu abuelo sabe que me habría encantado ser algo más que todo esto. Amo bailar, pero... ¿y si hubiera podido ser algo más? Nunca lo sabremos.

—Eres joven, mamá, puedes estudiar ahora.

—No, es tarde para mí, pero tu hermano merece estabilidad. Vamos a dejar el circo. Queremos una casa en un barrio pequeño... No quiero separarme de Defin y sé que, a pesar de todo, tú estabas mejor en el internado estudiando que viajando por medio mundo sin poder tener opción a ser algo más.

Me doy cuenta de que mi madre apoya a mi abuelo a muerte y de que no tienen ni idea del infierno que he pasado por sus decisiones.

Pienso si decírselo o no, si contarles que Uriel es un monstruo, pero no lo hago porque no quiero hacerles daño.

Pero me duele que no asuman que me dejaron con mi abuelo y que mi padre podía venir a verme cuando quisiera.

No lo hizo mucho, pero ellos no lo saben, no saben nada, al parecer.

—Cuéntame cosas de Defin —le pido para cambiar de tema porque ahora mismo sé que cargo demasiados secretos que nos separan.

Mi madre me habla de mi hermano y me manda fotos de la casa que han estado mirando para vivir en un barrio tranquilo. Se me va a hacer raro ir a visitar a mi madre a una casa y no a la caravana que usamos para viajar. Está emocionada y se nota.

—Y, cuéntame, ¿hay alguien en tu corazón? —Dudo solo un segundo.

—Hay alguien. Pero todo es complicado entre nosotros.

—Si tiene que ser, será.

Esa es la clara verdad. Cuando cuelgo voy al mostrador de la biblioteca y me apuntan que saco el libro de Mario Benedetti. Al llegar a mi cuarto, Dorian me escribe para decirme que está con Idelia y no puede verme hoy.

Odio que ella lo monopolice, pero al fin y al cabo es su prometida. ¿Cómo puede tener un futuro nuestra historia ante esto? ¿Acabará con ella cuando todo termine?

Inquieta, busco cosas de esta mansión y de las familias en la red. Porque quiero saber si estamos buscando una quimera o algo que puede ser posible a pesar de las adversidades.