Capítulo 27
A BBI
Llego a la pizzería donde me espera mi abuelo.
Está lloviendo un montón y me ha costado aparcar porque había mucho tráfico.
Entro y lo veo al fondo. Parece nervioso y de repente lo veo más mayor y menos poderoso.
Alza la cabeza y sus ojos se encuentran con los míos.
Veo amor en ellos y también dolor. Tal vez por el miedo a que todo haya cambiado entre los dos.
Llego hasta su lado con un nudo en la garganta y se levanta al verme. Es grande y veo que algunas personas lo han reconocido y le hacen fotos. A mi abuelo parece no importarle. Él, a quien siempre le encanta estar pendiente de los fans, hoy solo tiene ojos para mí.
Abre los brazos, voy hasta él y lo abrazo con fuerza. Y tiemblo porque sabe a hogar. A protección y, a pesar de todo, me recuerda a cuando era pequeña y tenía miedo por la noche y se metía en mi cama para contarme historias de seres mitológicos y ayudarme a crear cosas hermosas con mi mente:
—Nadie podrá nunca manipular tus sueños. Juega con ellos. Es lo que yo hago.
Lo creí y eso hago desde niña.
Nos separamos y pedimos algo para comer. La gente no deja de mirarnos.
—No pensé que iba a llamar la atención.
—Ya, bueno, eso nunca se te olvida. —Veo dolor en sus ojos por el dardo.
—Era joven y estúpido. Pensé que sin todo eso no tendría nada. Y había visto a tu madre no sacar partido a todo lo que sabía por seguirme en el circo... No es excusa, pero en aquel entonces pensé que era bueno para ti que estudiaras en internados, para que un día supieras quién querías ser.
Nos traen una focaccia recién hecha, con romero por encima y aceite de oliva. Cojo un poco y pienso qué decirle ahora.
—¿Qué sabes de mi abuelo Uriel y de lo que quiere de mí?
Clava sus ojos en mí. Pero aparta la mirada. Y eso me mosquea.
—Que tienes una misión y para ello te harán novatadas.
—¿Qué clase de novatadas?
—No lo sé —admite sincero—. Supongo que las normales, Abbi, las que hubieras pasado en cualquier universidad.
No digo nada porque lo veo claro. Me quiere, y mucho, pero ha justificado sus acciones sin querer ahondar en la realidad para poder vivir tranquilo con ellas.
—Claro —le respondo.
—Eres una chica muy lista. Gracias a todo esto puedes ser algo más que tu madre.
—Mi madre es feliz. ¿Qué hay mejor que eso? —Se muerde la boca.
—Solo espero que tú logres ser mucho más feliz que ella.
—¿Qué no me estás contando?
—No me corresponde a mí decirte más. Es cosa de tu madre. Y de aquello a lo que renunció... por ser mi hija. —Veo dolor en sus ojos—. No quería cometer los mismos errores contigo, por eso te dejé ir.
—Para que fuera feliz lejos de vosotros.
—Para que tuvieras más mundo que el mío y no vivieras a mi sombra. Tu madre es una gran bailarina, pero en el circo solo es mi hija... y quería algo más para ti. Y pensaba que, si tú tenías más mundo lejos de todo eso, el día de mañana nadie podría engañarte.
No respondo porque todo lo que dice tiene su lógica.
—Elegiste por mí.
«Me dejaste con un monstruo», pienso..., pero tal vez no lo sabe. Tal vez no sabe lo horrible que puede ser Uriel, o mi padre, bueno, esto sí lo sabe, sí sabe que era un maltratador... No sé cómo mirarlo, cómo borrar que me dejó con solo seis años en manos de ellos. Que les cedieron mi tutela...
—Era lo mejor para todos. —Para todos. Así yo no era una carga. Saca de su bolsillo un regalo—. El jueves es tu veinte cumpleaños. Mamá te manda esto. Yo tengo que volver si no quiero perderme el espectáculo, pero al menos he podido estar contigo hoy.
Abro la caja y veo una pulsera preciosa con mi nombre.
—Me encanta, gracias. —Mi abuelo sonríe.
—Feliz cumpleaños, pequeña. —Lo miro y parece el de siempre, pero no lo es.
Nos traen la comida y me pregunto si estoy viendo cosas donde no las hay. Este hombre me quiere. Me ha cuidado. Me ha dado pautas en la vida para ser fuerte. Odio dudar de él, pero siento que algo no me está contando.
Acabamos de comer y la gente se le acerca. Están deseando que les haga caso. Mi abuelo, entonces, se pierde con ellos y solo tiene ojos para sus fans. Voy hasta la puerta y lo miro desde lejos.
No veo al mago, veo al hombre que hay detrás y que disfruta de la fama. De los elogios. Parece otro. Diferente, o tal vez siempre ha sido así, pero yo lo admiraba.
Alza la cabeza y me ve, le digo adiós con la mano y me devuelve el saludo.
Espero que me siga, pero se queda haciendo trucos sin darme un último abrazo.
Salgo a la calle tras ponerme el abrigo y me subo la capucha.
Llueve mucho. Al llegar al coche estoy muy mojada y la vuelta va a ser horrible. Está tan nublado que parece de noche.
Miro el móvil mientras la lluvia cae con fuerza y veo un mensaje de Dorian:
Dorian: Mi abuelo ha venido a darme la charla por el puñetazo de ayer. Y de nuevo me han hecho pruebas por si me meto algo... Estoy harto. ¿Qué tal te ha ido con Hadrian?
Lo llamo, me lo coge enseguida y oigo su voz en el manos libres.
—Hola, voy de vuelta y llueve mucho.
—Lo estoy viendo. Estoy en mi cuarto. Podrías hacer noche allí.
—He mirado la previsión, no va a parar de llover en mucho tiempo. ¿Puedes quedarte al otro lado de la línea hasta que llegue?
—Puedo. —Me relajo y empiezo a conducir—. ¿Qué tal todo con el gran Hadrian? He visto vídeos vuestros en la pizzería en redes. Se te veía agitada.
—No sé qué pensar, la verdad. Mi abuelo dice que quería algo mejor para mí que la vida que lleva mi madre a su sombra.
Y puedo entender eso. Pero cuando acabamos de comer lo vi disfrutar de los fans.
Y cómo le gustaban los elogios y la fama.
No dejo de pensar si de verdad lo hizo por mí, porque no sabe lo cabrón que es Uriel, o si justificó todo con tal de no perder lo que tiene.
—Pueden ser ambas cosas. Piensa que, a pesar de todo, ha cogido un avión para venir a verte.
Eso ya es más de lo que haría alguien a quien no le importaras nada.
—Miro el semáforo en rojo mientras pienso en ello—.
Mi madre solo me manda postales, no la he visto desde que murió mi padre...
y la odio porque la echo de menos. O al menos echo de menos lo que sería tener una madre a la que le importas.
Me escuecen los ojos por las lágrimas. Y entiendo lo que quiere decirme. Hadrian es mi abuelo y también el mago, e intenta hacerlo todo lo mejor que puede. Y, aunque se haya equivocado, si no le importara no habría venido a verme. Y eso es más de lo que Dorian ha tenido nunca con nadie.
Se me parte el alma por él. No sé cómo ha podido sobrevivir sin amor. Y esto hace que entienda más cómo al descubrir mi verdad, y el diario, se sintió tan dolido y me mandó ese mensaje. Tal vez yo sea la primera persona en todo este mundo que le ha dado cariño.
Qué triste.
—El otro día vi un vídeo sobre la importancia de los abrazos en la infancia..., bueno, en toda la vida. —Se queda callado para que siga hablando—. Generan felicidad, mejoran el estado de ánimo...
—Por eso yo siempre estoy de mal humor. —Sonrío mientras entro en la carretera que va al internado.
—Refuerza nuestra autoestima..., aunque en esto tú ya te crees un dios. —Se ríe—. Relaja los músculos.
—A mí eso solo me lo relaja follar contigo. ¿Cuánto tiempo me vas a tener castigado por la regla?
—Idiota. Lo que quiero decir es que, si me dejas... —muerdo mi boca. Cada vez llueve más y más—, si me dejas me encantaría abrazarte mucho.
—Solo si esos abrazos tienen final feliz, tú desnuda sobre mí con tus tetas rebotando.
—¡Puedes dejar de joder mis momentos románticos! —Lo imagino sonriendo.
—Me encantaría..., pero que no se te suba a la cabeza, becada.
Voy a decir algo, pero pierdo el control del coche por la lluvia y la gravilla del suelo.
Trato de dominarlo, pero se me va. Estoy haciendo aquaplaning .
No puedo sostenerlo bien. Dorian me pregunta qué pasa, pero estoy tan nerviosa que solo emito sonidos sin sentido hasta que el morro del coche se estampa contra un árbol.
—¡Joder, Abbi! Te ordeno que me respondas. —Sonrío antes de perder el conocimiento por el golpe que me ha dado el airbag contra la cabeza.