Capítulo 26
A BBI
Cojo el móvil para irme a clase, ya más repuesta y con menos dolor de todo, y veo que me están llamando. Descuelgo.
—Hola, Abbi, soy Kiefer.
—Hola.
No digo nada y espero que hable.
—Hemos estado investigando todas tus notas. Necesitamos saber la liquidez que tienen ahora las familias.
—O sea, que quieres la ayuda de Dorian. Antes no lo necesitabas, pero ahora sí...
—Vi que le importas. Quiero darle una oportunidad. Todos podemos cambiar.
—Dorian no ha cambiado, solo está aprendiendo a no dejarse llevar. Le diré lo que quieres.
—Bien. Ten cuidado, Abbi, este año las cosas son peores que nunca. Y si descubren de quién eres nieta van a ir a muerte.
—Como si te importara...
—Eres mi hermana pequeña, claro que me importas. Aunque me educaron para no querer a nadie, conmigo no lo lograron.
—Lo dejaste claro cuando me secuestraste.
—Lo hice por mi mujer, no quiero correr riesgos, Abbi. Por ella voy a muerte. Es lo más importante para mí, junto con mi hija.
—Puedo entenderlo, pero necesito más tiempo para confiar en ti. Me ha fallado alguien importante para mí...
—Tu abuelo Hadrian. Lo vi en las notas. Tal vez te falló porque no creía que ibas a estar tan mal. Y porque tampoco sabe quién ser sin el gran Hadrian el mago.
Noto lágrimas en los ojos.
—Lo sé, pero lo tenía en un pedestal y ahora...
—Ninguna persona merece que la pongas en un pedestal porque al fin y al cabo somos humanos y cometemos errores. Y creer que lo haremos todo perfecto nos convierte en alguien que no somos.
—Lo estoy viendo ahora.
—Tú tuviste una familia que te quería, Abbi, yo una madre que trató de cuidarme, aunque no le dejaron. Pero la quiero. No eches todo eso por la borda porque tuvimos más que muchos.
Me seco las lágrimas y cuelgo. Tomo aire y salgo del cuarto. Dafna me espera con varias personas.
—Hola, Abbi, estos son algunos de los becados de este lugar que están de nuestra parte.
Los miro impresionada. Sobre todo, cuando me dicen que son muchos más. Que están listos para iniciar una revolución contra los dioses. Madre mía, la que vamos a liar. Piden ideas para joder a Idelia y tengo unas cuantas.
Voy a clase algo más animada. Hasta que entro y veo a Hermes con la nariz rota al lado de Edey. Dorian no está. Y eso me extraña. Voy hasta mi sitio y le escribo para ver si todo va bien.
No responde y eso me inquieta. A tercera hora hablan del baile que darán. Y piden que propongamos temas. Levanto la mano.
—Ya que en este lugar hay muchos dioses, ¿y si se hace de seres mitológicos? Aunque, claro, tal vez algunos no sean tan inteligentes como para saber qué es eso. —Miro a Idelia, que rabia.
—Pues claro que lo sé, y sería una preciosa Afrodita. Siempre fue la más bella.
Mejor no le digo que su nacimiento tuvo lugar de la espuma que surgió cuando Cronos tiró al mar los huevos mutilados de Urano, su padre.
La gente se emociona con la idea. E Idelia me mira.
—En realidad, yo ya propuse este tema. Abbi lo ha debido de leer en la mesa del profesor y ha querido quitarme la idea.
Cómo no, algo tan bueno solo puede ocurrírsele a ella. La gente que le hace la pelota me mira como si de verdad hubiera hecho eso. Me da igual. Voy a gozar esta fiesta viendo cómo Idelia se transforma en Afrodita y Dorian y yo en Eros y Psique, sin que tal vez nadie conozca nuestra unión.
Escribo a Eros para contarle todo de camino a la siguiente clase. Antes de guardar el móvil me llega un mensaje de mi abuelo Hadrian.
Hadrian: Estoy en la ciudad, cerca del internado. ¿Podemos vernos?
Abbi: Dime dónde y voy a la hora de la comida.
No dudo porque a pesar de todo lo quiero como a un padre. Lo quiero mucho y quiero saber si él a mí también.
Acabo las clases nerviosa y antes de coger mi coche escribo a Dorian para contarle adónde voy. No me responde y tampoco lee nada. Escribo a Dafna para ver si sabe algo:
Dafna: Dorian está con su abuelo. Por lo que sabemos, no han salido del despacho del director en toda la mañana.
Mierda. A saber qué está pasando. Conduzco hasta donde me espera mi abuelo Hadrian inquieta. Me pregunto cuántos frentes abiertos puede soportar una persona.